Populismo, veneno de la democracia

Lamentablemente en Paraguay el debate público o político, como le queramos llamar, se fue deteriorando de manera realmente alarmante.

Siguiendo los debates en el Congreso Nacional preferentemente y leyendo los comunicados observamos que el análisis sobre el mejoramiento de la calidad de vida del país o temas que tienen que ver con el interés común están ausentes. ¿Qué está pasando? Podríamos mencionar al menos tres causas: 1. La crisis intelectual que genera una incapacidad de pensar, innovar, articular ideas, diagramar soluciones a los graves problemas nacionales. A esto se suma la carencia de empatía con necesidades de la gente por intereses mezquinos.

Los partidos tradicionales, Colorado y Liberal, no tienen figuras en primera línea capaces de desarrollar un nivel de análisis que mire la geografía nacional y mucho menos el contexto internacional. Ni hablemos de oratoria y muchos menos de ortografía. Y aquí abrimos un paréntesis: no tienen figuras porque no le dejan llegar al más alto nivel o porque esos afiliados no se animan a lanzarse a la arena política por temor a que sean marginados o absorbidos por el corporativismo.

2. Crisis moral. Se perdió el concepto del bien (o del bien común). Debate de la antigua Grecia sigue vigente la discusión hasta hoy en día. Pero la clase política con poder perdió el horizonte. Hoy el bien y el mal se define en el Senado con el “artículo 23” (mayoría de un total de 45 legisladores) y en Diputados con el “artículo 41” en medio de lucha de facciones, afanes de poder, codicia y manejo discrecional de la institución.

3. La crisis de representación. El representante es el que está presente por el ausente. Y la crisis de representación es muy visible porque la mayoría de sus legisladores responden a sus “patrones” o a sus corporaciones y casi nunca a quienes le dieron el mandato: el pueblo o los sectores populares.

Es así que no se puede ni siquiera incluir como sujetos obligados de control del lavado de dinero a los clubes deportivos y a las tabacaleras. Quien nada debe, nada teme, dice una frase popular. Pero evidentemente los 48 diputados (20 son colorados cartistas, otros 13 abdistas, un colorado “independiente” y otros 14 liberales) le temen o le quieren demasiado a alguien pero sus votos fueron en sentido contrario al bien común sino al sentido común.

Como dice la nueva canción de nuestro querido grupo Tierra Adentro: “Somos hijos de la libertad” y como tales necesitamos honrar ese derecho, que le costó al país sangre, lágrimas y destierros. Pero la libertad conquistada no es el fin; el objetivo final es mantener y mejorar esa facultad, estado o condición.

Ante la ausencia de intelectualidad, que parece muy pretenciosa, surge el populismo como receta política pero en realidad es un verdadero veneno para nuestra democracia. La última manifestación de los fleteros fue una evidencia clara al peligro al cual nos exponemos. Cuando estamos en manos de ignorantes cualquier cosa le puede ocurrir al Paraguay. No solo podemos perder la libertad conquistada, los bienes, nuestros derechos sino hasta la risa de nuestros nietos que aún no nacieron.

“Libre vos, libre yo, libre el agua que va, vos y yo somos más si hay justicia y verdad en nuestro caminar”, como dice la nueva canción de Tierra Adentro en homenaje al 54 aniversario el diario ABC Color.

Enlance copiado

Lo
más leído
del día

01
02
03
04
05