Más vale ANR en mano que reelección volando

En círculos políticos, periodísticos y de diversa laya se especula con que el cartismo impulsaría en la convención general ordinaria del Partido Colorado, prevista para el próximo 9 de marzo, la enmienda o reforma de la Constitución para instalar nuevamente la posibilidad de la reelección presidencial, actualmente prohibida en la Carta Magna.

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Aunque dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, cuesta creer que el líder de Honor Colorado, Horacio Cartes, y sus súbditos sean tan insensatos para repetir el trágico intento de marzo de 2017.

Si aquella vez no había condiciones políticas y sociales para un intento de ese tipo, mucho menos las hay en este momento.

Cierto es que a Cartes no le importó mentir varias veces diciendo que no buscaría la reelección, pero eso le costó pasar sobre el cadáver de un joven y una serie de desastres políticos posteriores.

En este momento sería además muy imprudente agregar otro condimento al caldeado escenario, en el que Honor Colorado está en la mira por la decisión de su Comando Político de avalar la expulsión de la senadora Kattya González (PEN).

La judicialización de este caso puede tener consecuencias inesperadas. Hay antecedentes de que el Senado desoyó un mandato de la Corte, pero, en el clima político actual, no se puede afirmar que la historia se repetirá de manera automática.

El cartismo, posiblemente, esté más enfocado en reasegurar lo que ya tiene: el control absoluto de la Asociación Nacional Republicana –Partido Colorado–, cuya adquisición a precio módico, allá por los años 2011-2013, tan buenos dividendos le ha dado.

Cartes calculará que no vale la pena exponerse nuevamente al sinuoso escrutinio popular de manera innecesaria cuando es casi lo mismo gobernar de manera indirecta, es decir, a través de personajes que sigan sin hesitar sus instrucciones y no osarán desobedecerlo.

La Convención colorada próxima servirá sobre todo para conformar un Tribunal Electoral Partidario y un Tribunal de Conducta a la medida de sus pretensiones para las elecciones futuras.

A través del primero se asegurará evitar sorpresas e inclusive –como alguna vez dijo don Blas N. Riquelme– “trampear”, de ser ello necesario. Con el segundo, tener firme el garrote de la expulsión para “moderar” a las voces que osen criticarlo.

El plan cartista es diáfano: seguir avanzando sobre los poderes e instituciones de la República y, de hacer falta, atropellarlos. Luego, en 2028, instalar otro presidente similar a Santiago Peña. Todo indica que será el vicepresidente Alliana.

Para el efecto, claro, espera seguir contando con partidos de oposición alquilados o confundidos y una ciudadanía adormecida y desmovilizada.

mcaceres@abc.com.py

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