Peña y su errática política exterior

“Hoy hay un solo presidente en Venezuela y se llama Nicolás Maduro”. Así expresó el entonces presidente electo de Paraguay, Santiago Peña, a inicios de mayo de 2023, a pocos días de triunfar en las elecciones generales de abril de ese año. Esta posición dejó al desnudo lo que haría luego de asumir la Presidencia en agosto de 2023.

La normalización de relaciones con Venezuela se dio tras una ruptura que decidió el entonces presidente paraguayo Mario Abdo Benítez en enero de 2019 por el quiebre del orden democrático en el país sudamericano.

Pero veamos los hechos que sucedieron desde la conducción cartista de la política exterior del país desde el 15 de agosto de 2023. El 8 de enero del año pasado la Embajada de Venezuela en Asunción cerró sus puertas tras casi un año de su reapertura luego del quiebre de relaciones diplomáticas en enero de 2019. No duró un año el embajador venezolano Ricardo Capella Mateo, quien se acreditó el 12 de febrero de 2024, tras el restablecimiento de las relaciones diplomáticas que iniciaron en setiembre de 2023, por decisión de Peña y Maduro.

Paraguay hizo lo propio y designó embajador en Panamá y concurrente en Caracas al diplomático Enrique Jara Ocampos, que no presentó credenciales, ante el incumplimiento del Acuerdo de Barbados, firmado en 2023, entre el régimen y la oposición para el restablecimiento de la democracia.

Pero todo llegó a su fin porque a inicios de enero del 2025 el régimen de Maduro anunció el rompimiento de las relaciones con Paraguay en represalia por el reconocimiento de Peña al opositor Edmundo González Urrutia como nuevo mandatario de Venezuela electo en las urnas el 28 de julio de 2024.

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Luego, en agosto del 2025, la Cancillería paraguaya, ante “la delicada situación institucional y de seguridad” que se vive en Venezuela, instó a los paraguayos a no viajar a ese país.

Ayer, en otro capítulo de esta errática política exterior, la Cancillería nacional no condenó ni festejó la invasión (como sí lo hicieron Brasil y Argentina, respectivamente) y captura de Maduro, en una operación de militares de élite de EE.UU.

Esta tibia posición debió sorprender a la administración Trump, atendiendo que Peña se considera un firme aliado con el cual firmó varios acuerdos, como SOFA (cooperación militar) y la llegada de refugiados procedentes del país del norte. Veremos cómo sigue esta sinuosa relación.

martin.riveros@abc.com.py