Con solo algunas modificaciones cosméticas a la privilegiada caja parlamentaria, la cámara baja aprobó por ejemplo mantener la posibilidad de que un congresista acceda a una jubilación extraordinaria con 55 años de edad y solo 10 de aportes. Fue horas después de que establecieran que maestros y magistrados deberán aportar como mínimo 30 años para acceder a esa misma jubilación extraordinaria.
Para la jubilación ordinaria los diputados se establecieron 60 años de edad, pero con solo 15 de aportes, frente a los 25 que por ejemplo necesita cualquier ciudadano que contribuye al Instituto de Previsión Social.
En el proyecto aprobado el jueves eliminaron también el aporte estatal, que solo este año estaba presupuestado en unos 4.550 millones de guaraníes. Pero eso de que el Estado ya no aportará es relativo, ya que en caso de necesidad nada impedirá a quienes ejercen como jueces y partes, porque hacen leyes de las que se benefician directamente, que vuelvan a introducir con un solo artículo alguna nueva obligación para el Estado.
En medio de la sesión se argumentó que de este modo la caja funcionará como una caja privada, pero esa también es una media verdad, ya que los aportes de los congresistas seguirán siendo obligatorios.
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Tan torcido fue todo en el proceso de maquillaje que le dieron a la ley, que hasta eliminaron derechos fundamentales de niños y adolescentes, ya que retiraron la condición de herederos de las pensiones a los hijos menores de edad de los congresistas fallecidos, un artículo que de ser incorporado será previsiblemente atacado con acciones de inconstitucionalidad.
La jubilación de privilegio para una élite recibió así algunos pequeños retoques estéticos al sistema que fue creado en 1980 bajo la dictadura stronista, bajo la ficción de ser un sistema solidario de reparto, un sistema que requiere que la proporción de aportantes activos cuadruplique o quintuplique a la de retirados.
Ficción, porque mientras que la caja parlamentaria tiene solo 125 aportantes fijos y activos desde hace más de 3 décadas, existe una creciente cantidad de jubilados y pensionados que ya llega a unas 280 personas.
Y ficción porque además se mantuvo la posibilidad de que el congresista que, por ejemplo, no quiera esperar a cumplir la edad mínima para jubilarse podrá retirar gran parte de la totalidad de lo que aportó bajo un supuesto sistema de reparto solidario.
Por eso decíamos que la caja parlamentaria no solo es una caja de privilegios, sino que también su régimen especial es un despropósito, algo fuera de razón o sentido. Eso sin entrar aún a hablar del fondo de la cuestión, la creación de todo un sistema jubilatorio para quienes llegan a un cargo por un mandato finito, de cinco años, otorgado por los electores.
Pero más allá de los argumentos, y bajo la lógica de que la mayoría hace lo que quiere, todo indica que el próximo martes el Senado sancionará la ley, con un debate brevísimo o directamente nulo, conforme al espíritu imperante durante esta legislatura.
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