Que se desprenda de dirigentes que tiran su decencia a los cerdos para buscar su enriquecimiento particular. Una oposición diferente al oficialismo depredador. ¿Tenemos una oposición así?
Me temo que tenemos opositores que ofician de francotiradores desde distintos tejados, pero no una oposición orgánica. Es más: no tenemos partidos opositores confiables. Carecemos de líderes con estatura de estadista, con ascendencia nacional, con calidad intelectual y una visión de futuro que vaya más allá de la próxima puja electoral. Líderes que no sean simples exhibicionistas infatuados.
Queda poco tiempo para construir un frente capaz de cambiar el rumbo del país. Porque de eso se trata. No es solo vencer al coloradismo (más específicamente al cartismo); el objetivo debe de ser la reconstrucción moral del Paraguay para aprovechar las coyunturas positivas que nos rodean, en beneficio de la ciudadanía y no solo de una casta saqueadora que nos dejará una deuda pública a pagar con el esfuerzo titánico de todos —incluyendo a los colorados de a pie— durante los próximos lustros.
Es necesaria la reconstrucción del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), que tiene un pueblo estoico, pero una dirigencia mediocre que se sirve de la política para satisfacer sus intereses, tan mezquinos como los de quienes hoy detentan el poder.
El PLRA está lejos de ser ya liberal ni radical ni —mucho menos— auténtico. Es un conglomerado amorfo de apetencias grupales o personales. Muchos de sus “referentes” están al servicio de otros grupos partidarios que nada tienen que ver con los postulados fundacionales de don Antonio Taboada, de Juan Machaín, de Eduardo Vera, si es que saben quiénes son estos prohombres del liberalismo que jamás alquilaron su bandera a gavillas de otros partidos, como lo hacen ciertos “dirigentes” de hoy.
Es el caso del ario Dionisio, de quien se sospecha que asumió la misión encomendádale por el cartismo de apoderarse del PLRA para ponerlo al servicio del Quincho —o de lo que reste del Quincho—, con lo cual quedaría oficialmente establecido y firme el partido Liberado. Una mezcla de diosa y “plantera”, como dijo aquel cantor distraído. Y así desaparecerá el liberalismo opositor al gobierno. Un caldo gordo.
Los partidos pequeños tampoco garantizan nada. Últimamente produjeron tránsfugas más que otra cosa.
Hoy emergen candidatos, pero ¿qué harán tales candidatos si llegaran al poder? ¿Tienen un equipo pensante? ¿Ideas concretas sobre educación, salud, seguridad, transporte público?
Basta de saqueadores y también de improvisados. Es tiempo de que los honestos preparen una nueva conducción, sin ladrones ni ignorantes; que construya sin robar. Que no excluya a los colorados honestos, que los hay y también se oponen a esto que vivimos.
Se busca una oposición que se construya a sí misma. Si aparece sólida y segura, tiene la gran oportunidad de hacer Historia.
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