Había sido que había paz

La reciente declaración del ministro de Economía, Carlos Fernández Valdovinos, de que a partir de ahora entraríamos en una “economía de guerra” para el sector público, debido a una crisis de deudas de varias instituciones, especialmente del sector salud, presupone que hasta este momento estábamos en una situación de paz.

Muchas situaciones que se vivieron (y aún se viven) en los últimos meses de esta administración: Obras públicas paradas, hospitales sin medicamentos y con pacientes aguardando largas horas para ser atendidas, escuelas cuyos techos se caen y niños y niñas dando clases a la intemperie, parecen escenarios propios de un país que pasa por un conflicto bélico.

Esta cuestión se vincula también al hecho de que los números macroeconómicos reflejan la imagen de un país exitoso, cuando que en el día a día gran parte de sus habitantes recurren a todo tipo de ocupaciones informales, sin cobertura social, para poder sobrevivir.

Recuerda a ese viejo chiste sobre la trampa de las estadísticas: si uno gana G. 4 millones y otro G. 50 millones, en promedio cada uno gana 27 millones.

Lo que a esta altura resulta frustrante es convencerse de que esta administración no hará casi nada de lo que prometió en la campaña electoral. No sabemos si eso es a consecuencia de su ineficacia o si en verdad nunca tuvieron la intención de mejorar la situación del país para que estemos mejor, como decían.

Lo que sí vemos como “política de Estado” es que algunos amigos y un grupo económico al que Santiago Peña estaba vinculado antes de ser presidente están siendo cada vez más beneficiados con billonarios depósitos y licitaciones.

Si se hace realidad el anuncio de Fernández Valdovinos de una economía de guerra, significa que algunas instituciones, que de hecho están dando un servicio deficiente a la ciudadanía, ahora verán más restringido su presupuesto, por lo cual las cosas empeorarán antes que mejorar.

Uno se pregunta por qué mejor no se ajustan aquellos que ya tienen privilegios o por qué no existen mejores controles que eviten el despilfarro y el robo en algunas instituciones.

Quizás la respuesta a esas preguntas deba vincularse a lo que decíamos sobre las verdaderas intenciones de quienes están ahora en el poder.

Posiblemente, a ellos les dé igual que al país le vaya mal. Total, saldrán más ricos y hasta podrán disfrutar de buena vida en el extranjero si por ahí se ven obligados a huir de las consecuencias de lo que están haciendo ahora.

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