“No sé de qué están hechos, no sé si son seres humanos o qué son, porque es terrible vivir esto día a día”, decía este sábado Benicia Albrecht, invitada a un programa de ABC, refiriéndose a las autoridades nacionales. Suplica por medicamentos para pacientes de más de 20 asociaciones, que se unieron para conseguir las medicinas que urgen, pero no hay hace meses en los hospitales públicos.
“A la pucha, yo puedo dejar de tomar ese medicamento y darle a esa persona que está convulsionando”, clama Benicia rompiendo en lágrimas, recordando a los niños con esta condición. “Cuando vos ves que niños, jóvenes, van perdiendo vidas...”, reflexiona y ya no puede seguir hablando.
Al su lado, Hugo Bellassai, de la misma federación, agrega: “tenemos muchísimas esperanzas, es lo único lo que nos queda. Queremos vivir, queremos vivir dignamente”.
La ministra de Salud, María Teresa Barán, hace tiempo debió haber sido destituida, porque la calidad de la atención en los hospitales públicos no hace más que deteriorarse, cobrando vidas inclusive. Esta semana, ella respondió al clamor por medicinas, prometiendo una mesa de trabajo con la Federación. Los pacientes saben que no es suficiente. La lucha, afirman, recién empieza.
En otro punto del país, Itá, padres de la escuela y colegio San Juan Bautista, protestan. Por falta de muebles pedagógicos, cortaron troncos de árboles sobre los cuales sentar a sus hijos, muchos de los cuales escriben en cuadernos imaginarios, con lápices inexistentes, porque los kits de útiles escolares que el ministro de Educación, Luis Ramírez, prometió, jamás llegaron.
Y más lejos aún, en Laguna Negra, Boquerón, pobladores de la comunidad indígena Damasco, protestan indignados. El Instituto Paraguayo del Indígena (INDI) mandó el cuerpo de uno de sus integrantes, fallecido en Asunción, tirado en la carrocería de un camión de carga, putrefacto después de viajar más de 400 kilómetros. Fiel reflejo de lo que los pueblos originarios representan para el gobierno de Santiago Peña, que vergonzosamente dejó al Indi sin sede donde atenderlos en Asunción y va por su tercer presidente del ente, Hugo Ramón Samaniego.
Nada. Ni salud, ni educación, ni inclusión, ni vida digna, ni muerte digna. No se puede caer más bajo. Santiago Peña, date cuenta, las políticas del “primer tiempo” de tu gobierno, si bien hicieron millonarios a los de tu entorno político y familiar, nos hundieron tanto como país, que hemos tocado fondo. Tu gabinete entero se tiene que ir, un cambio de timón es urgente. Ya ni el miedo nos queda. Solo la esperanza...