La pareja asustada le pregunta a un guardia del por qué de la pelea, pero este les dice que se queden tranquilos, que solo están llamando lista.
Seguramente ya leyó o le contaron este chiste en alguna de sus versiones, aunque con el correr de los años se va pareciendo cada vez más a una descripción de la realidad.
El último de los episodios se dio esta semana, cuando el lunes pasado aparecía una llamativa denuncia del senador Javier “Chaqueñito” Vera, quien aseguraba ser víctima de una sextorsión.
Los antecedentes del denunciante generaron inmediatamente sospechas sobre la fiabilidad de la denuncia: una supuesta extorsión mediante unas grabaciones de contenido sexual, generadas con inteligencia artificial.
Algunas horas bastaron para que se revierta la sospecha, tras difundirse la grabación el denunciante pasaba a ser sospechoso de un hecho abominable: el abuso sexual de menores de edad.
Sus, hasta ese momento, incondicionales aliados del movimiento oficialista colorado comenzaron a soltarle la mano para pedir su pérdida de investidura: ya era insostenible cargar con el peso de respaldar a un supuesto abusador de menores.
Un par de días después el Ministerio de la Niñez pidió que la Fiscalía investigue y solo entonces el Ministerio Público decidió abrir una carpeta fiscal.
El senador tránsfuga, electo por Cruzada Nacional pero incorporado luego al oficialismo colorado, ya había sido denunciado en setiembre del año pasado, luego de que se conociesen conversaciones suyas en las que le contaba a su colega Norma Aquino “Yamy Nal” que había pedido hacer figurar dos vehículos inexistentes para cobrar el gasto a la binacional, además de pedir el comisionamiento de un asesor jurídico y de asegurar que su voto le costaba 20.000 dólares a sus aliados.
En ese entonces sus colegas destituyeron a Aquino pero salvaron a Vera, a quien suspendieron por 60 días esperando que se calmasen las aguas.
Pero he aquí que el inquieto senador del oficialismo offshore siguió protagonizando oscuras historias, la más reciente antes del actual escándalo fue la del departamento al que accedió de forma privilegiada frente a muchos otros postulantes.
Fue la última defensa de los cartistas que cerraron filas relativizando el tráfico de influencias que hizo para conseguirlo, conscientes de que si el senador era culpable, lo era aún más el colorado Juan Carlos Baruja, responsable del ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat (MUVH).
Ahora Javier Odilón Vera Medina apela a una de sus últimas cartas intentando salvarse, con la presentación de un permiso por tiempo indefinido, para que sus colegas lo salven al igual que lo hicieron con su colega Erico Galeano, condenado por unanimidad de un tribunal de primera instancia por lavado de dinero del narcotráfico y asociación criminal.
En la semana que comienza mañana los senadores deberán decidir si vuelven a salvar a “Chaqueñito” o se desprenden del que puede constituirse en un lastre adicional a poco más de dos meses de las internas municipales simultáneas.
Pero volvamos a lo del principio, alguno podrá intentar criticar al voto preferencial presentándolo como la herramienta que permite el acceso de los impresentables.
Ante ello conviene siempre recordar que el voto preferencial solo se emite una vez que un grupo político permite la inclusión de ese candidato como parte de su oferta electoral.
Con el voto preferencial todos trabajan para acopiar votos para un grupo y recién luego se definen las posiciones dentro de ese equipo político.
Chaqueñito, Erico Galeano, Hernán Rivas o Juan Carlos Ozorio son el producto de grupos políticos que candidatan a impresentables, o porque les ponen dinero para financiar las campañas o porque en lugar de apelar a figuras decentes y confiables, buscan a aquellos que son capaces de generar pan y circo que atraigan votos hacia sus listas.
Chaqueñito no es el problema, es solo el pus que evidencia la profunda infección del sistema.
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