Premiar y castigar

56 días faltan para que volvamos a tener en el país la oportunidad de ejercer la mayor demostración de poder ciudadano: el voto.

El próximo domingo 4 de octubre, en los 263 distritos del país, todos los ciudadanos mayores de 18 años, incluyendo a los extranjeros residentes en Paraguay, tendremos la oportunidad de expresarnos para definir quiénes administrarán nuestras ciudades durante los próximos cinco años.

El viernes pasado venció el plazo para la sustitución de candidaturas, un paso más de un cronograma electoral que se va cumpliendo y que nos exige recordar algunas cosas a medida que se va acercando el momento de elegir.

Lo primero es que un candidato no es otra cosa sino un ciudadano buscando un cargo que le es otorgado a través de la decisión de una mayoría, un ciudadano como cualquier otro al que se investirá de poder a través del voto para un mandato finito y determinado.

Lo otro es que ganar, por un voto, o por decenas de miles de votos, no es un aval legitimador para aplastar las cabezas de los adversarios y escudarse en una mayoría para evitar rendir cuentas sobre su gestión.

¿Quién es el candidato o candidata? ¿De dónde viene? ¿qué hizo hasta ahora? ¿Quiénes son parte de su grupo político? Son también preguntas muy válidas a la hora de definir el sentido de un apoyo

Y aunque parezca perogrullo, es importante recordar las características del voto, ese momento tan especial en el que una persona ejerce el poder que le da el sistema democrático para designar a alguien que deberá ejecutar el trabajo de administrar la res (cosa) pública.

El voto es universal, es decir, no realiza distinciones entre todos aquellos considerados ciudadanos (mayores de 18 años) habilitados para decidir sobre los asuntos públicos, recordando que en los temas municipales, de convivencia en nuestras ciudades, también están igualmente habilitados todos aquellos extranjeros que han optado por vivir legalmente en nuestro país.

El voto es libre. Nadie puede coaccionar o presionar a un ciudadano a ejercer su derecho de escoger, es por ello que incluso se agrega la prohibición, muchas veces burlada, de que se ingrese a votar con un teléfono celular, para evitar que este se convierta en herramienta de registro y comprobación del voto, ante una estructura corrupta que ejerza control sobre el elector.

El voto es directo. En nuestro sistema electoral es un proceso en el que los ciudadanos elegimos directamente entre los diferentes aspirantes a ocupar un cargo público, sin intermediación de ningún órgano como un colegio electoral o de delegados. Incluso, con el sistema de listas desbloqueadas el voto es directo, al conocerse la lista con los nombres de los candidatos propuestos por la organización, y en nuestra variable del voto preferencial es incluso posible escoger a un candidato de preferencia de la lista, pero siempre dentro de esa misma lista o grupo político.

El voto es igualitario. Es probablemente la característica más democrática del sufragio. Es el momento en el que valen exactamente lo mismo la decisión de un profesional, un ama de casa, un jubilado, un presidente, un multimillonario y una persona en situación de calle. El voto es exactamente uno, independientemente de la condición socioeconómica, familiar, religiosa, racial o del poder que eventualmente ostente esa persona.

El voto es secreto. O debe serlo. Con la intención de preservar la condición de libertad que debe tener y sentir ese elector para ejercer su voluntad y con la intención de que no se puedan ejercer presiones que desvirtúen y alteren el sentido de ese voto.

El voto es personal. Es el respeto del individuo en su máxima expresión. El momento en el que uno debe tomar decisiones autónomas que están vinculadas única y exclusivamente a uno mismo.

El voto es intransferible. No se puede delegar. Aunque parezca una obviedad es también una forma de hacer responsable a ese ciudadano, que debe tomar una decisión para delegar una función administrativa.

El ritual de votar nos vuelve a convocar el próximo domingo 4 de octubre, es también la oportunidad de premiar y castigar con el voto, acompañar una buena gestión o cambiar una pésima administración.

Es el poder ciudadano en su máxima expresión.

guille@abc.com.py