Plata hay, pero no para Salud: la huelga médica que acorrala al gobierno de Peña

Mientras ministros y legisladores cobran “extras” millonarios, médicos van a huelga por salarios congelados. Son altos los costos de la precarización de la salud pública en Paraguay.

La distancia entre el esfuerzo popular y los privilegios de la casta política en el gobierno de Santiago Peña ya no es solo injusta: es éticamente insostenible.

La huelga anunciada por los médicos para esta semana, no pareciera ser apenas un capricho. Ministros y legisladores tienen jugosas bonificaciones, mientras en los hospitales, profesionales mal pagados lidian con carencias de todo tipo, incluida la rutinaria falta de medicamentos e insumos.

Mientras la cúpula oficialista de Santiago Peña blindó sus ingresos para asegurar un estándar de vida aristocrático, muy lejos del eslogan oficial que asegura que es una prioridad, el sistema de salud pública agoniza y se hace impostergable la huelga de cinco días prevista para esta semana, producto de la asfixia de un personal de blanco expropiado en sus derechos para sostener los lujos de la clase política.

Privilegios en el Congreso y el Ejecutivo: la “bonificación” que indigna

El abismo entre el costo de la política y el valor de la salud pública expone la escala de prioridades del cartismo. El titular del Congreso, Basilio “Bachi” Núñez, trepó a un ingreso mensual de G. 63.302.850 tras asignarse una “bonificación por responsabilidad” de G. 21,1 millones a principios de este año. Luego, descubierto el autoaumento, tuvo que retroceder.

En el Ejecutivo, los ministros cobran G. 33.017.069 al mes y se niegan a renunciar a su bono “extra” de G. 6,5 millones, un monto que por sí solo duplica el salario mínimo legal (G. 3.044.000).

En la otra vereda, además de todas las carencias con las que hay que lidiar en los hospitales, el sueldo de un médico pasó de equivaler a 2,8 salarios mínimos en 2012 a solo 1,5 salarios mínimos hoy, según el Sindicato Nacional de Médicos. El reclamo de reajuste para alcanzar los G. 8.000.000 busca frenar una década de pérdida del poder adquisitivo.

La misma tijera golpea a 1.400 odontólogos, con salarios congelados hace 14 años, en G. 4.038.000 para contratados. Ellos protestaron este viernes frente al Ministerio de Salud.

240.000 pacientes afectados: el verdadero impacto de la precarización

Si bien se garantiza la asistencia de urgencia, la medida de fuerza dejará a unos 240.000 pacientes sin atención ambulatoria y suspenderá más de 2.500 cirugías programadas, anunció el Círculo Paraguayo de Médicos, que apoya la protesta.

El presidente del gremio, Osvaldo Paniagua, lamenta que el gobierno de Peña priorice la construcción de edificios para nuevos hospitales, por sobre la calidad en la atención a los pacientes y los recursos humanos.

Esta priorización se nota también en las cifras que aporta Rossana González, presidenta del sindicato que va a la huelga: de 11.000 médicos públicos, unos 9.000 trabajan bajo contratos temporales, acumulando hasta diez años de inestabilidad sin conseguir el nombramiento.

La excusa de la “falta de recursos”

En un último intento por desactivar el conflicto luego de cuatro tripartitas en vano, la ministra de Salud, María Teresa Barán, anunció este viernes 11.100 nuevos vínculos en Salud, de los cuales 7.000 son para Enfermería e incluye también a técnicos y otros trabajadores de blanco. Pero se trata apenas de un “parche”, que además es obligación estatal, en medio de incontables carencias.

El viceministro de Salud, Saúl Recalde, dijo que el aumento salarial solicitado por los médicos no es posible por falta de recursos económicos del Estado, pero plata hay. Pasa que el gobierno de Peña exige heroísmo a profesionales médicos pauperizados, mientras financia la opulencia de su entorno.

Así se sigan pagando “bonificación por responsabilidad” a autoridades que rehúyen de sus deberes, el modelo seguirá siendo el mismo. Lejos de una atención médica cuanto menos digna, el gobierno de Santiago Peña se resume en una clase política atornillada al lujo, a costa de un pueblo al que ya no le queda nada por exprimir.