Nada más. No era necesario que supiese leer y escribir, ni que tuviera experiencia burocrática. Tampoco importaba su inclinación partidaria. Si no fuese, lo harían cartista; si analfabeto, le pondrían un equipo asesor en todo lo que hiciese falta. Sin mucha investigación, pronto hallaron al personaje ideal: campechano, amable, animador entusiasta de fiestas, admirado por mucha gente. “Es la persona que necesitamos”, dijeron los cartistas.
Es posible que a Hugo Javier no le costara mucho decidirse. Fue un ofrecimiento tentador; además, con la promesa de que los gastos de campaña saldrían del cartismo. O sea, no faltarían recursos económicos. El candidato solo pondría la cara y la voluntad de obedecer los planes que los expertos le diseñarían. “Vamos a ganar”, le repetían con insistencia. Y ganaron.
Antes que a Hugo Javier, el cartismo le tentó a Rubén Rodriguez, un profesional de la comunicación muy popular y querido. También animaba multitudinarias fiestas. Rubén aceptó la atrayente oferta pero dos días después la rechazó. No hubo un comunicado oficial, pero se especuló sobre las condiciones que regirían una vez obtenido el triunfo: le pondrían un equipo que tendría la última palabra en todas las cuestiones administrativas y políticas. Rubén pensó que solo sería la cáscara de Gobernador y se abrió del proyecto. Esta perspicacia no la tuvo Hugo Javier. No pensó que su inexperiencia sería explotada por la experiencia de una maquinaria corrupta.
La popularidad de Hugo Javier le dio al cartismo una victoria inédita: la Gobernación de Central estuvo siempre en manos de los liberales desde la democracia. Las elecciones del 2018 le dieron al ganador 314.167 votos frente a 300.620 del liberal Lider Amarilla. En agosto de ese año, con perspectiva de gobernar por cinco años, Hugo Javier, rodeado de “técnicos” que le impusieron, inició sus funciones sin mayores reparos.
Los problemas se iniciaron entre los años 2020 – 2021 cuando la Gobernación recibió del Estado un poco más de cinco mil millones de guaraníes. Fue de los fondos de emergencia por el covid-19. Pronto la Sub Secretaría de Estado de Tributación (SET) detectó la falsificación de una factura por un millón de dólares. También la Contraloría General de la República encontró serias irregularidades administrativas.
La “desaparición” de los fondos de emergencia fue particularmente grave. Tal vez su uso apropiado habría salvado vidas y hacer más tolerable las dificultades que golpearon con fuerza al país.
El 1 de noviembre de 2021 la fiscalía acusó a Hugo Javier y a otros por lesión de confianza, asociación criminal, declaración falsa y producción de documentos no auténticos. O sea, masacraron el dinero público.
El 12 de mayo de 2022 la Junta Departamental destituyó al Gobernador. El 4 de enero de 2025 el Tribunal de Sentencia condenó a Hugo Javier, y a otros, a 10 años de cárcel.
Es legítimo que los partidos políticos y movimientos busquen llegar al poder o mantenerse en él. Es su razón de ser. Estar en el gobierno o en la oposición son dos maneras distintas de ejercer el poder. Y aquí está la cuestión: no de cualquier manera, con cualquier procedimiento. La democracia tiene exigencias éticas, normativas legales. Atropellarlas tiene su costo.
El cartismo se alimenta, mayoritariamente, de los residuos de la política que es vocación y no vacación. Lo hace porque su aspiración se reduce a tener mayoría para arrasar. Mayoría aquí, mayoría allá. Su divisa es “vamos a teñir de rojo el país” sin importar la cualidad de los “pintados”.
En cumplimiento de esta “filosofía” los cartistas alistaron a Hugo Javier González, como a tantos otros acomodados en la función pública. Son meras cifras que para nada sirven al país como hemos visto y padecido tantas veces.
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