Con su bebé, Cartes incendió la institucionalidad de la República, cual Calígula digital ebrio de arrogancia y de caprichos copiosos.
En 2018 Rivas fue electo diputado por Itapúa. El 3 de junio de 2020 los cartistas (ya saben por orden de quién) pegaron un golpe parlamentario: destituyeron al colorado Ramón Romero Roa como representante de Diputados ante el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados (JEM). En reunión extraordinaria, Hugo Ramírez mocionó a Rivas para sustituir a Romero. El cartismo mayoritario, liderado por Basilio Núñez, aprobó obediente. El bebé pasó a ser miembro del JEM, cargo privativo de abogados.
El 9 de junio, a menos de 24 horas de la solicitud, el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) registró y expidió el título de “abogado” de Rivas. Flamante “dotor”.
En julio, el director de Transparencia y Anticorrupción del MEC, José Casañas Levi, alertó al ministro Eduardo Petta. El 7 de agosto Casañas presentó un memorándum en que advertía “graves irregularidades” en el registro y la expedición del título de Rivas. Recomendaba anular la resolución respectiva. Petta ordenó una auditoría: el título “estaba en orden”. Caso cerrado. Mario Abdo era presidente de la República. Cartes dominaba la Cámara de Diputados donde cocinaron lo de Rivas. Cartes había salvado a Abdo del juicio político por el Acta Bilateral de Itaipú del 24 de mayo de 2019, considerada “traición a la patria”.
El 4 de setiembre de 2020, el presidente del JEM, el colorado Enrique Bacchetta, envió una nota al presidente de Diputados, Pedro Alliana. Le alertaba de que Rivas “presumiblemente no es abogado”. Le solicitó designaran otro representante. Alliana, que hoy no acepta “imposiciones”, sabía que Rivas era una imposición de Cartes y se calló.
En 2023, ya con Santiago Peña como presidente y con el Senado copado por el cartismo, Cartes meció más fuerte la cuna. Lo volvió a imponer a Hernancito como miembro del Jurado y, para humillación del Derecho todo, obligó a que lo nombraran presidente. Lo fue, hasta que ese delirio obsceno se hizo indefendible. Ínterin, en su paroxismo de amor a Rivas, el 14 de febrero de 2024 Cartes ordenó que expulsaran del Senado a Kattya González quien, con Raúl Benítez, tenía las pruebas de que Hernancito era un petardo del Quincho.
Hoy el mundo sabe que un palurdo analfabeto fue impuesto como juez de jueces por un ser al que se le borró la cordura. Una guinda en la torta: el presidente Peña no tiene vergüenza alguna de que Hernancito haya sido lo que fue tal como fue: la hechura de un doctor Frankenstein que tiene su laboratorio sobre la calle España.
¿Rivas engañó a los cartistas? Aguántense la risa. Rivas es demostración incontestable de la insolvencia moral del cartismo. Y de su jefe.
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