Hoy, todos a votar

La Constitución Nacional nos da otra oportunidad para elegir mejor, para desandar camino que hemos torcido. Nuestra puntería suele ser un desastre a la hora de apuntar hacia intendentes y concejales que prometen preocuparse por el bienestar de su comunidad.

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Esto es así –o suele ser así- porque nuestro interés es ayudar al correligionario y no ayudarnos a nosotros mismos para alcanzar, con nuestros impuestos, que los municipios mejoren. Y no mejoran –salvo rarísimas excepciones- porque se nos roba, porque nos dejamos robar. Y aquí está nuestro drama: solemos votar por quienes, ostensiblemente, han metido la mano en nuestros bolsillos. Hay decenas de candidatos para el rekutú con abultadas denuncias ante la justicia hechas por las Juntas Municipales respectivas; en las mismas condiciones están muchos concejales.

Una de las principales causas de la corrupción también en los municipios, es la complicidad oficialista en Diputados donde mueren todas las denuncias y pedido de intervención a las municipalidades donde se detectan actos delictivos. Y así seguirán mientras la ciudadanía lo permite con su desinterés por su propio destino.

Hay una larga tradición que no podemos romper: nuestra desidia a hacer valer nuestros derechos. Creemos –o por lo menos así nos comportamos- que desde un sargento de compañía para arriba tiene la potestad de manejarnos a su antojo. No es que seamos mansos, somos indolentes y muchas veces dispuestos a ponernos del lado de quien nos roba, de quien atropella nuestros derechos, de quien pisotea la dignidad de su investidura, del nivel que sea. Esta forma de actuar que tenemos hace que prosperen los Hernán Rivas. Si no fuéramos tan flojos, nunca pasaríamos por situaciones humillantes, esas que nos hacen aparecer como un país sin importancia.

Por otro lado, nos encanta que nos estafen con promesas que nunca serán cumplidas. Los candidatos, por ganar nuestro voto, anuncian proyectos que ellos mismos saben que no podrán realizarlo. Son propuestas delirantes que necesitan muchos recursos económicos que nunca los tendrán. Pero parten de la base que gustarán a la gente, que no harán preguntas.

En algunas ciudades –creo que en pocas- funciona una organización vecinal cuyo objetivo es controlar a la administración municipal. Es lo que deberíamos de hacer todos. No solo es nuestro derecho, es nuestra obligación saber el destino de nuestro dinero, exigir que sea bien utilizado, no permitir su uso en nada que no fuera legal, que sirva para pagar favores a tantos zánganos que impiden la realización de más obras públicas.

El desafío que tenemos hoy es hacer el esfuerzo por ser objetivos en la elección de los candidatos a intendentes y concejales. Si nos dejamos llevar por la presión económica o política solo conseguiremos proteger –para nuestro daño- a quienes han delinquido. De los que van a debutar en la función municipal nada sabemos. Aparentemente están limpios, pero en el camino, cuando manejan importante suma de dinero, la careta suele caerse. Hemos leído por ahí que la ocasión no hace al ladrón; revela al hombre. Es posible que su fama de honesto se deba a no haber tenido la oportunidad de quedarse con los bienes ajenos. Es imprevisible. ¿Entonces? Reaccionar con fuerza y denunciar las irregularidades antes de que los amigos les echen tierra y se pierdan en la anécdota.

Hoy, un poco más de cinco millones de electores tienen la oportunidad de elegir a 263 intendentes y 1.800 concejales con sus respectivos suplentes. Es el día en que el ciudadano tiene que tener exacta conciencia del valor de su voto. No para venderlo. Le servirá como testimonio de que se interesa por su comunidad para ser gobernada por políticos trabajadores y honestos. Es posible que no acierte, -generalmente no acierta- pero al menos es su decisión. Preferible errar por cuenta propia que no por la ajena.

De las últimas elecciones salieron muchos intendentes y concejales que estafaron a sus electores a quienes se les prometió una administración honesta y transparente. Muchos de estos jefes comunales apenas ven dinero y se enloquecen. Gastan –roban- hasta el último centavo que es de la comunidad. Y muchos de estos delincuentes tienen el descaro de pedir al ciudadano, a quien decepcionó, que le siga dando su voto. Lo hace por una promesa de trabajo, un poco de dinero y cosas así, pero el daño a la democracia es grave y la libertad de elegir pierde su valor.

De todos modos, acudamos hoy a las urnas con la idea de que nuestro voto podría cambiar nuestra comunidad. Y que el cambio sea para bien.

alcibiades@abc.com.py