El sicariato ocurrió el martes 17 de octubre de 2023 en la ciudad de Curuguaty, departamento de Canindeyú.
La víctima del homicidio fue Alfredo Jara González, de 37 años, quien además de taxista era dueño de la cadena de bodegas “Lecu” de dicho municipio.
Alfredo fue acribillado con un revólver cuando hacía una caminata en el predio de la Asociación de Taxistas de Curuguaty con su mamá Elena González de Jara, en ese momento de 62 años, y su esposa María Liliana Velázquez Villasanti, de 33 años en aquella época.
Tres semanas después, el 8 de noviembre de 2023, la Policía Nacional (PN) capturó al sicario que ejecutó el ataque, Rubén Darío Benítez Gómez, de 32 años en aquel momento, en la ciudad de Coronel Oviedo, departamento de Caaguazú.
Tras su detención, el sicario reveló que fue contactado para dicho “trabajo” por su excompañero de celda en la cárcel de Coronel Oviedo, Rubén Rodas Portillo, quien tenía 33 años cuando eso, pero que la verdadera mandante del crimen era nada menos que la esposa del que tenía que ser asesinado.
Aparentemente, Rubén Rodas Portillo y María Liliana Velázquez Villasanti mantenían en esa época una relación sentimental clandestina y pretendían eliminar a Alfredo Jara González para quedarse con los bienes de este.
El matón también contó en ese momento que llegó a reunirse con la esposa de Alfredo, quien le prometió G. 25 millones por el “trabajo” y que incluso le adelantó G. 10 millones. Supuestamente, después de la muerte de su esposo le iba a dar los otros G. 15 millones.

Sin embargo, tras la ejecución del atentado, la “viuda negra” y el amante de esta se desentendieron del sicario, por lo que con el testimonio del asesino confeso la mujer fue también arrestada, el 13 de noviembre de 2023.
El amante de la “viuda negra”, Rubén Rodas Portillo, quien organizó el crimen, fue detenido recién el 11 de marzo de 2024.
Tras su captura, Rubén Rodas Portillo fue enviado a la cárcel de Ciudad del Este, donde se convirtió en uno de los presos más importantes porque pasó a controlar el negocio del tráfico de drogas en la población penal.
El juicio oral
Ayer, viernes 9 de octubre de 2026, finalmente terminó el juicio oral contra los tres procesados por el crimen de Alfredo Jara González. Fue en el Palacio de Justicia de la ciudad de Saltos del Guairá, capital del departamento de Canindeyú.
El Tribunal de Sentencia estuvo integrado por los jueces Cynthia Janisse Espínola Ibarra, Benito Ramón González y Gustavo Miguel Villaverde Fernández, quienes aplicaron un castigo de 25 años de cárcel para los tres involucrados al declararlos culpables principalmente de sicariato, en distintos roles.
El Ministerio Público (MP) estuvo representado por el fiscal de Curuguaty, Carlos Rodrigo Giandinotto Paredes, quien pidió 30 años de prisión para la “viuda negra”, su amante y el sicario.
Un momento particular se vio en el juicio oral cuando le tocó declarar al sicario Rubén Darío Benítez Gómez y este fue interrogado por casi todas las partes.
El asesino ratificó que fue contratado por su excompañero de celda Rubén Rodas Portillo y que la mandante del crimen fue la esposa de la víctima, María Liliana Velázquez Villasanti.
Durante su declaración, el sicario lloró y pidió disculpas a la familia del asesinado Alfredo Jara González.
Dijo que aceptó el “trabajo” porque también es padre de familia y que necesitaba el dinero.
Sin embargo, en un momento remarcó que además de sacarle la vida a Alfredo, lo que más lamentaba era que ni siquiera cobró todo el dinero que le prometieron. Dio a entender que se sentía estafado.
