Armar un “kit de primeros auxilios” sexual no es una señal de que “solo pensás en sexo”, sino un gesto de autocuidado y de cuidado hacia las demás personas. No saldrías de viaje sin analgésicos o protector solar, y tampoco está de más prever qué vas a necesitar si el encuentro se da.
Por qué conviene llevar tu propio kit
Los especialistas en salud sexual insisten en un punto: no siempre vas a conseguir lo que necesitás en el momento que lo necesitás.

Farmacias cerradas, idiomas distintos, productos que no se venden en determinado país o, simplemente, la incomodidad de tener que resolver algo de urgencia en medio de una situación íntima.
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Tener un kit preparado:
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- Reduce la ansiedad y te da más margen para decidir con calma.
- Evita “improvisaciones” de último minuto que terminan en prácticas de riesgo.
- Es una forma concreta de ejercer el consentimiento informado: sabés con qué contás y qué no estás dispuesto/a a negociar (por ejemplo, sexo sin preservativo).
Lo básico: métodos de barrera y protección
El corazón del kit son los elementos que reducen el riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS) y embarazos no planificados.

- Preservativos (externos e internos)
- Preservativos externos (para pene): llevá más de los que “creés” que vas a usar. El calor, el roce en la valija o la billetera y el paso del tiempo pueden dañarlos, así que tener recambio extra importa.
- Preservativos internos (para vagina): menos conocidos, pero útiles si querés tener más control sobre la protección sin depender de que la otra persona lleve preservativo.
Claves prácticas:
- Revisá siempre fecha de vencimiento y estado del envase.
- Guardalos en un lugar fresco, seco y protegido de la fricción; no en el bolsillo trasero del jean durante todo el viaje.
- Abrí el sobre con las manos, nunca con los dientes ni con tijeras.
- Barreras de látex o alternativas
Si practicás sexo oral-vaginal u oral-anal y querés reducir el riesgo de ITS, las barreras de látex (o un preservativo cortado a lo largo y abierto como rectángulo) son una opción. No siempre son fáciles de conseguir fuera de las grandes ciudades, por lo que incluir algunas en el kit puede marcar la diferencia.
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- Lubricantes: pequeños, pero decisivos

El lubricante suele estar subestimado, pero cumple un rol importante:
- Disminuye el riesgo de rotura del preservativo al reducir la fricción.
- Mejora la comodidad y el placer.
Para el kit de viaje:
- Preferí lubricantes a base de agua o de silicona, que son compatibles con preservativos de látex.
- Evitá aceites, cremas corporales o vaselina con preservativos de látex: pueden dañarlos y aumentar el riesgo de rotura.
- Elegí envases pequeños (de viaje) para ahorrar espacio y pasar más desapercibida/o.
Anticoncepción: planificar más allá del momento
Si existe la posibilidad de tener sexo con penetración vaginal y un embarazo sería un problema, conviene pensar la anticoncepción antes de subirte al avión, al micro o al auto.

Si ya usás un método (pastillas, anillo, parche, inyectable, DIU):
- Llevá más medicación de la que calculás para el viaje, por si se pierde algún blíster o se extiende la estadía.
- Transportala en el equipaje de mano, por si la valija se extravía.
Anticoncepción de emergencia: no sustituye a los métodos regulares, pero puede ser clave si:
- Hubo sexo sin protección.
- Se rompió o se salió el preservativo.
- Olvidaste varias pastillas.
Conviene:
- Consultar antes con un/a profesional para saber qué pastilla es adecuada en tu caso y cómo tomarla.
- Verificar si en el destino se vende libremente o si requiere receta. Según el país, puede ser difícil de conseguir o puede tener otros nombres comerciales.
Tener una dosis en el kit puede ahorrarte tiempo, estrés y barreras idiomáticas.
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Salud sexual: pruebas y medicación habitual
Si sabés que vas a tener una vida sexual más activa durante las vacaciones, no está de más organizar algunos pasos previos:

- Chequear tu estado de salud sexual (pruebas de VIH, sífilis y otras ITS) antes de viajar permite llegar con más información y, en lo posible, con tratamientos iniciados o completos.
- Si estás en tratamiento por alguna ITS o vivís con VIH, asegurate de llevar la medicación suficiente para todo el viaje, más un margen adicional.
Algunas personas también viajan con:
- Medicación para infecciones urinarias recurrentes, si un médico ya lo indicó.
- Productos específicos recomendados por profesionales (por ejemplo, para candidiasis vaginal recurrente).
En todos los casos, es importante que los medicamentos estén recetados y rotulados, especialmente en viajes internacionales.
Higiene íntima y cuidados básicos
No se trata de pasar las vacaciones “esterilizando” todo, pero algunos elementos suman cuidado y comodidad:

- Jabón neutro suave (en tamaño pequeño) para personas con piel sensible. Evitá los “jabones íntimos perfumados” si nunca los usaste: pueden irritar.
- Toallitas húmedas sin alcohol ni perfume, útiles en viajes largos o momentos en que la ducha no está a mano.
- Papel higiénico o pañuelos en la mochila o cartera, para no depender del baño del lugar.
- Ropa interior extra, preferentemente de algodón, para cambiarte después de la playa, pileta o actividades físicas y evitar la humedad prolongada.
Los expertos recuerdan que “más productos” no siempre significa “mejor higiene”. El exceso de lavados internos o el uso de desodorantes íntimos y duchas vaginales puede alterar la flora natural y favorecer infecciones.
Cómo armar tu kit sin morir de vergüenza
A muchas personas todavía les incomoda comprar preservativos o hablar de anticoncepción. Pero esa incomodidad suele ser menor que la de tener que enfrentar una ITS o un embarazo no planificado después de las vacaciones.

Algunos recursos para hacerlo más llevadero:
- Comprar en farmacias grandes o supermercados de paso, donde el contacto es más anónimo.
- Aprovechar para comprar otros productos de higiene o viaje al mismo tiempo, para que el foco no esté solo en los artículos sexuales.
- Armar un neceser opaco, pequeño, que vaya directo a la valija o mochila sin quedar “a la vista”.
En muchos destinos turísticos, los preservativos suelen ser más caros o de calidad variable. Por eso, las organizaciones de salud sexual recomiendan llevarlos desde tu lugar de origen siempre que sea posible.
Prever preservativos, lubricante, un método anticonceptivo adecuado, algunos productos de higiene y tu medicación habitual es una forma concreta de priorizar tu salud, tu placer y tu tranquilidad. Porque las vacaciones pasan, pero las consecuencias de las decisiones tomadas, o evitadas, pueden quedarse mucho más tiempo.
