En la conversación sobre bienestar sexual suele hablarse de deseo, comunicación y autoestima. Pero el cuerpo —su movilidad, su respiración y la manera en que gestionamos la tensión— también influye. En ese cruce aparece el yoga: no como “truco” para rendir más, sino como una práctica que puede favorecer la flexibilidad, la conciencia corporal y la presencia mental, tres ingredientes que suelen traducirse en mayor comodidad y conexión durante la intimidad.
Especialistas en salud sexual y bienestar coinciden en que no existe una postura “milagrosa” y que la evidencia científica sobre yoga y función sexual todavía es limitada.
Aun así, sí hay un consenso práctico: reducir el estrés, mejorar la movilidad de caderas y columna, y entrenar la respiración puede facilitar el placer y la comunicación no verbal. Con esa idea, estas cinco posturas —pensadas para practicar fuera del encuentro sexual— apuntan a preparar el cuerpo y la atención.
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1) Mariposa (Baddha Konasana): caderas más disponibles, menos tensión
Sentarse con las plantas de los pies juntas y las rodillas hacia los lados ayuda a abrir caderas y a identificar rigidez en la zona inguinal.
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Mantener la espalda larga y respirar profundo (sin forzar) entrena una señal clave para la sexualidad: distinguir intensidad de dolor y regularla con la exhalación.
2) Puente (Setu Bandha Sarvangasana): pelvis estable, glúteos activos
Acostado boca arriba, rodillas flexionadas y pies al ancho de caderas, elevar la pelvis fortalece glúteos y espalda posterior.

Esa activación suele mejorar la estabilidad y la resistencia, además de aumentar la percepción de la zona pélvica.
La recomendación es sostener unos segundos y bajar lentamente, cuidando la zona lumbar.
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3) Paloma (Eka Pada Rajakapotasana, versión suave): liberar la cadena de tensión
La paloma —o su variante reclinada— trabaja profundamente la rotación externa de cadera.

Muchas personas acumulan tensión en glúteos y psoas por sedentarismo o estrés; flexibilizar esa zona puede mejorar la comodidad en posiciones donde las caderas se flexionan o abren.
La clave: apoyar con mantas o bloques y nunca “hundirse” con dolor.
4) Gato-vaca (Marjaryasana–Bitilasana): columna más móvil, respiración sincronizada

En cuatro apoyos, alternar arqueo y redondeo de la espalda acompasando inhalación y exhalación mejora la movilidad espinal y calienta el cuerpo sin impacto.

También entrena coordinación respiratoria, útil para regular excitación y ansiedad, y para sostener un ritmo compartido sin perder la atención en las sensaciones.
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5) Savasana con respiración en pareja: intimidad sin desempeño
Acostarse boca arriba, con una mano en el abdomen, y respirar lento (por ejemplo, exhalaciones más largas que las inhalaciones) ayuda a bajar el “ruido” mental.

En pareja, puede hacerse lado a lado, sincronizando respiración o simplemente notando el contacto de manos y la mirada. No busca “hacer más”, sino estar más presentes: un puente directo hacia la conexión emocional.
Una precaución necesaria
Si hay dolor pélvico, lesiones de espalda, embarazo o posparto reciente, conviene consultar a un profesional de salud o a un instructor calificado para adaptar posturas.
En sexualidad, además, el acuerdo y la comunicación son irremplazables: el objetivo del yoga no es imponer metas, sino ampliar comodidad, confianza y escucha del propio cuerpo y del otro.
