El “justiciero” de cuatro patas: el testigo más fiel del Palacio de Justicia

En los pasillos solemnes del Poder Judicial, donde el eco de los pasos suele ir acompañado de expedientes y rostros serios, apareció un protagonista que no entiende de códigos penales, pero sí de lealtades inquebrantables. No lleva traje ni maletín, pero su presencia se volvió tan esencial como la de cualquier magistrado.

Todo comenzó una tarde de lluvia gris y persistente, de esas que calan hasta los huesos. Buscando refugio del temporal, un perrito de mirada dulce y pelaje húmedo asomó el hocico en la salita de los niños del Palacio de Justicia, en Asunción. Allí, el destino —y el olfato— lo puso frente a un grupo de funcionarios de buen corazón. El aroma de una empanada compartida selló un pacto que ninguna resolución podría anular: desde ese día, el edificio se convirtió en su segundo hogar.

Un visitante con “fueros” especiales

Nadie sabe con certeza su origen. Algunos dicen que es un aventurero de la calle; otros sospechan que es un “chico del barrio” que simplemente decidió que su oficina quedaba sobre la calle Testanova. Lo cierto es que, cada mañana, este can amoroso se presenta puntualmente para custodiar los procesos, siguiendo con la mirada el ir y venir de abogados y litigantes, como si velara silenciosamente porque la justicia realmente se cumpla.

Sin embargo, como en toda buena historia judicial, no faltó un “incidente” que puso a prueba la rigurosidad de la ley:

El “cuerpo del delito”: en un descuido de la salita de niños, el can fue hallado en flagrante posesión de un peluche.

La “proceso”: ningún fiscal fue capaz de presentar una imputación formal. ¿El motivo? La total ausencia de dolo. Tras un exhaustivo análisis de movimiento de cola y lengüetazos, se determinó que no hubo mala intención, sino un profundo deseo de pertenencia.

El “veredicto”: aunque el objeto fue “sustraído”, los más altos mandos del Poder Judicial no tardaron en dictar su absolución inmediata.

Un perro mestizo fue adoptado como mascota por los funcionarios del Palacio de Justicia de Asunción, El can se pasea por los pasillos de la institución y genera empatía entre los concurrentes.
Un perro mestizo fue adoptado como mascota por los funcionarios del Palacio de Justicia de Asunción, El can se pasea por los pasillos de la institución y genera empatía entre los concurrentes.

El derecho a ser amado

Hoy, el “perrito de la empanada” es un funcionario más por derecho propio. Su presencia, según afirman los trabajadores del Palacio de Justicia, les recuerda que, entre tantos artículos y leyes, la forma más pura de justicia es la empatía.

No busca expedientes, busca caricias. No espera sentencias, espera que alguien le devuelva la mirada. En el corazón del Poder Judicial, este pequeño visitante demostró que, a veces, para que se haga justicia, solo hace falta un poco de amor y un lugar donde no te cierren la puerta cuando afuera arrecia la tormenta.

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Un perro mestizo fue adoptado como mascota por los funcionarios del Palacio de Justicia de Asunción, El can se pasea por los pasillos de la institución y genera empatía entre los concurrentes.
Un perro mestizo fue adoptado como mascota por los funcionarios del Palacio de Justicia de Asunción, El can se pasea por los pasillos de la institución y genera empatía entre los concurrentes.