2 de enero de 2026

Cada verano, cuando el calendario marca enero y el termómetro se instala por encima de los 25 grados, una peregrinación casi ritual se repite en la costa atlántica argentina: miles de familias, grupos de amigos y parejas vuelven a Mar del Plata. Y dentro de ese mapa afectivo, hay un punto que se repite en los relatos de distintas generaciones: Playa Grande.

Punta del Este se transforma este verano en un collage de playas, gastronomía y música. Con propuestas innovadoras y atardeceres de ensueño, las olas del Atlántico prometen experiencias inolvidables que definirán la temporada en el Cono Sur.

En la era en la que un viaje no termina hasta que se comparte en redes, la estética del destino se ha convertido casi tan importante como su historia o su gastronomía. Murales de neón, cafés de diseño, playas de agua turquesa y paisajes imposibles compiten cada día por convertirse en el próximo “spot” viral en Instagram y TikTok.

A 35 kilómetros de la muralla de Cartagena, el horizonte se rompe en una franja de agua color esmeralda. Es el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo, uno de los destinos más codiciados del Caribe colombiano y, al mismo tiempo, uno de los más frágiles.

CIUDAD DE MÉXICO. Seis playas en México han sido declaradas no aptas para uso recreativo, según reportes de la Cofepris y Semarnat. Aunque representan solo el 2% de las 289 analizadas, su calidad microbiológica infringe estándares de la OMS, planteando preocupaciones para los turistas.

Costa Rica se ha consolidado como uno de los destinos de ecoturismo más emblemáticos del planeta. Con cerca de una cuarta parte de su territorio bajo alguna figura de protección y una biodiversidad que ronda el 5% de las especies conocidas del mundo, el país centroamericano atrae cada año a viajeros que buscan selva, mar y conservación real, más allá del eslogan.