12 de abril de 2026

El Gobierno argentino ha interrumpido el envío a los consulados los kits de ADN necesarios para que puedan tomar muestras de sangre personas que dudan de su identidad, viven fuera de su país y sospechan ser hijos de desaparecidos de la última dictadura (1976-1983), según denunciaron a EFE integrantes de la Red Internacional en Europa de Abuelas de Plaza de Mayo.
Como cada año, cuando febrero toca la puerta, trae consigo una valija de historia y recuerdos, y la noche que rompió cadenas y encendió esperanzas vuelve a ser protagonista. Hace treinta y siete años, en la madrugada del 2 y el 3 de febrero de 1989, el país se encontraba en camino de de una transformación profunda y a punto de abrazar la añorada democracia. Lo que ocurrió en esas horas tensas no fue solo un golpe militar, sino una ruptura decisiva en el alma de la nación, el fin de la dictadura más longeva de América Latina, aunque hoy en día muchos quieres disfrazar al dictador de “presidente constitucional”. Esta barbaridad es reivindicada hoy hasta por algunos personajes del propio Gobierno.

Por el Día Nacional de la Democracia, el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP), emitió un comunicado con el que recuerda que la democracia en nuestro país es “resultado de las históricas luchas ciudadanas”. También, como compromiso con las víctimas de la dictadura, instan a la investigación para evitar impunidad.
Seguramente, esta semana muchos titulares estarán ocupados por la noticia (¿sigue siendo noticia?) del Golpe de la Candelaria de hace 37 años. Memoriosos recordarán y darán sus puntos de vista sobre el fin de una de las dictaduras más largas de América y algunos incluso se referirán a ella como el nacimiento de la democracia paraguaya. En este punto, conviene analizar el episodio con menos épica y más criterio ciudadano.
En la mañana del 3 de febrero de 1989, 37 años ha, la ciudadanía celebró un estado inédito de libertad. Luego de 35 años de terror, de pauperización moral, de corrupción sistémica, de entronización de la mediocridad, de persecución al pensamiento nacía una esperanza. La pregunta es: qué hicimos con ella.