9 de febrero de 2026

Tras la primera reunión del Gabinete Social de 2026, el Gobierno propuso el fortalecimiento de la clase media como prioridad para este ejercicio. El objetivo es ambicioso, pero necesario: lograr que las monumentales cifras macroeconómicas de los últimos años finalmente se “derramen” de manera tangible en los bolsillos de un sector que hoy representa el 42,7% de la población.


El acceso a los alimentos depende en gran medida de los recursos financieros y físicos de los hogares, lo que permite asegurar una dieta adecuada y estable. Sin embargo, los efectos del cambio climático y los desastres naturales ponen en riesgo este acceso, principalmente a través de dos vías: la disminución de los ingresos rurales -debido a la caída de la productividad agrícola- y el aumento de los precios de los alimentos como consecuencia de una menor disponibilidad de productos. Ambos fenómenos, estrechamente vinculados, tienen implicaciones directas sobre la pobreza y la seguridad alimentaria, especialmente en los países en desarrollo.

La calidad del empleo constituye una dimensión esencial para evaluar el desarrollo de los países de América Latina, más allá de los indicadores tradicionales de crecimiento económico o de nivel de ocupación. El simple hecho de que una persona tenga trabajo no garantiza que ese empleo sea suficiente para asegurar bienestar, estabilidad e ingresos sostenibles. En contextos como el paraguayo, donde el mercado laboral se caracteriza por altos niveles de informalidad y marcada heterogeneidad entre sectores, analizar la calidad del empleo permite comprender con mayor profundidad la estructura productiva y las oportunidades reales de progreso económico de la población.

El crecimiento de los salarios y los ingresos laborales ha sido modesto en América Latina y el Caribe durante la última década (alrededor de 0,6% y 0,7% anual entre 2016 y 2024), mientras que el PIB per cápita se ha estancado, de acuerdo con datos del Banco Mundial (BM). Este comportamiento refleja que el progreso económico de la región no se ha traducido plenamente en mejoras sostenidas del poder adquisitivo.

La economía paraguaya atraviesa un periodo de notable crecimiento macro, proyectándose nuevamente para este año un repunte del 5,3% en el PIB, uno de los más altos de la región. Sin embargo, todavía enfrenta el reto de que la bonanza permee a la población, sobre todo a los de menos recursos. Ingresos estancados, inflación alta en alimentos, alta informalidad y desigualdad, son algunas de las barreras.

El déficit fiscal o del presupuesto acumulado a setiembre del presente año alcanzó G. 3,30 billones (US$ 436 millones), equivalente al 0,9% del PIB, y anualizado del 2,4% del PIB informó el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que estima llegar a la meta del 1,9% (como tope) para fin de año.