Chatbots políticos: el riesgo de que la IA valide cualquier ideología

Chatbot, Inteligencia Artificial (IA).
La inteligencia artificial suele presentarse como una herramienta capaz de ordenar información, resolver dudas y ofrecer análisis aparentemente neutrales.Shutterstock

Un estudio de la Universidad Estatal de Campinas detectó que 21 modelos de IA ajustaron sus respuestas políticas a la identidad ideológica del usuario. La personalización, advierten expertos, puede convertirse en una nueva forma de polarización.

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La inteligencia artificial suele presentarse como una herramienta capaz de ordenar información, resolver dudas y ofrecer análisis aparentemente neutrales. Sin embargo, una investigación de la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP), en Brasil, plantea un riesgo menos espectacular que los temores sobre una IA fuera de control, pero más inmediato para la vida democrática: que los chatbots confirmen a cada usuario aquello que ya piensa.

Chatbot, Inteligencia Artificial (IA).
Un estudio de la Universidad Estatal de Campinas detectó que 21 modelos de IA ajustaron sus respuestas políticas a la identidad ideológica del usuario.

El estudio, recogido por Deutsche Welle, examinó el comportamiento de 21 modelos populares de lenguaje ante preguntas políticas. La conclusión fue consistente: todos modificaron sus posiciones expresadas cuando el mensaje incluía una identificación ideológica del usuario, ya fuera de izquierda o de derecha. Para los investigadores, esta tendencia puede hacer que los asistentes conversacionales operen como “camaleones ideológicos”.

Una prueba con 112 afirmaciones políticas

El equipo de UNICAMP evaluó las respuestas de los modelos frente a 112 afirmaciones vinculadas con siete áreas de la política brasileña. Entre los temas figuraban la economía, la seguridad pública, el bienestar social, la corrupción y el medioambiente.

Cada chatbot respondió bajo tres escenarios. En el primero, no recibía información sobre las inclinaciones políticas de quien preguntaba. En los otros dos, se le indicaba que el usuario era, respectivamente, de izquierda o de derecha.

Sin esa referencia previa, 20 de los 21 modelos emitieron respuestas ubicadas hacia la izquierda de la escala empleada por los autores, aunque varios se situaban cerca del centro. Grok 4.1 fue la excepción: fue el único que partió de una posición situada a la derecha.

La tendencia relevante, no obstante, no fue la ubicación ideológica inicial, sino el cambio posterior. Ante usuarios caracterizados como progresistas o conservadores, los 21 modelos desplazaron sus respuestas hacia la orientación atribuida a la persona que consultaba.

“El hallazgo más sorprendente fue lo generalizado de este comportamiento”, señaló a DW Zanoni Dias, coautor del trabajo e investigador en informática de la UNICAMP. Aunque la magnitud del cambio no fue uniforme, todos los sistemas evaluados alteraron su posición declarada en función de la identidad política incluida en la instrucción.

De adaptar el lenguaje a alterar el juicio

La personalización no es, por definición, un problema. Un asistente digital puede ajustar la complejidad de una explicación, elegir ejemplos cercanos al contexto del usuario o modificar el tono sin comprometer el contenido central de una respuesta.

Chatbot, Inteligencia Artificial (IA).
“La diferencia clave está entre adaptar la forma en que se comunica una respuesta y cambiar el juicio sustantivo que se expresa”, explicó el investigador.

Pero eso no fue lo que detectó el estudio brasileño. Según Dias, los modelos no se limitaron a reformular una misma idea: variaron los juicios políticos que expresaban.

“La diferencia clave está entre adaptar la forma en que se comunica una respuesta y cambiar el juicio sustantivo que se expresa”, explicó el investigador. Los científicos no pidieron a los modelos que asumieran una representación partidaria ni que concordaran deliberadamente con el interlocutor. Aun así, sus respuestas se aproximaron a la postura política declarada.

Para medir ese fenómeno, el equipo creó un “índice de camaleón”, destinado a cuantificar cuánto se movía cada sistema entre una condición y otra. Los modelos que mostraron menor variación fueron Llama 3.1 8B, de Meta, y DeepSeek V3.2, desarrollado en China. En el extremo contrario se situaron Gemma 3 27B, de Google, y GPT-5 Nano, de OpenAI, entre los que registraron los cambios más pronunciados.

El posible origen de la complacencia política

Los investigadores interpretan estos desplazamientos como una forma de adulación política: una inclinación de la IA a decir lo que considera que el usuario desea oír. La explicación podría estar relacionada con los métodos de entrenamiento de los modelos conversacionales.

Durante ese proceso, evaluadores humanos califican respuestas según criterios como utilidad, claridad o satisfacción. Ese esquema puede generar un incentivo no buscado: que el sistema confunda ser útil con dar la razón. En asuntos políticos, donde los desacuerdos no siempre admiten soluciones objetivas o consensuadas, esa tendencia puede erosionar la consistencia del razonamiento ofrecido por la máquina.

El problema adquiere relevancia porque muchos usuarios pueden no advertir que el chatbot adapta sus valoraciones a la información que posee sobre ellos. Una respuesta que parece basada en datos, lógica y neutralidad podría estar condicionada, en parte, por la identidad política revelada en la conversación.

Una cámara de resonancia más íntima que las redes sociales

Las plataformas digitales ya han sido cuestionadas por reforzar convicciones preexistentes mediante recomendaciones de contenido afín a los gustos, interacciones y creencias de cada persona. Los chatbots añaden una capa distinta: no solo seleccionan publicaciones o enlaces, sino que pueden construir argumentos personalizados y responder a objeciones en tiempo real.

Ese intercambio permite que la IA refine progresivamente una postura para ajustarla a un usuario concreto. Para Dias, el riesgo consiste en que un mismo sistema termine validando puntos de vista opuestos ante personas diferentes, mientras cada una interpreta esa respuesta como un análisis autónomo e imparcial.

“La preocupación es que un mismo sistema pueda validar posiciones políticas opuestas para usuarios diferentes, y que cada persona interprete esa validación como una evaluación independiente”, dijo el investigador a DW.

La percepción de objetividad tecnológica puede aumentar ese efecto. Zakary Tormala, científico del comportamiento de la Universidad de Stanford, ha investigado cómo reaccionan las personas ante argumentos atribuidos a sistemas de inteligencia artificial. Según explicó a la Deutsche Welle, la ciudadanía suele considerar que la IA es más informativa, objetiva y menos interesada en persuadir que otro ser humano.

Esa impresión puede reducir las defensas críticas de los usuarios y hacerlos más receptivos a argumentos que, si provinieran de un adversario político, quizá rechazarían de entrada.

La IA también puede abrir espacio al desacuerdo

El mismo atributo que puede profundizar la polarización podría emplearse para limitarla. Un estudio publicado en 2025 por Tormala y sus colegas encontró que las personas estaban más dispuestas a considerar argumentos contrarios a sus opiniones cuando creían que habían sido generados por una IA, en lugar de por otra persona.

El resultado sugiere que los asistentes conversacionales podrían servir como intermediarios para presentar perspectivas que los usuarios normalmente descartarían por asociarlas con un grupo político rival. La condición es que los sistemas no se limiten a reforzar convicciones previas.

Para Dias, el diseño de estos modelos debería incorporar controles que permitan verificar si aplican estándares similares de evidencia y razonamiento a interlocutores de distintas identidades políticas. También propone entrenarlos para disentir sin hostilidad, señalar incertidumbres, corregir afirmaciones sin respaldo y exponer con equilibrio las posiciones en conflicto.

El objetivo no sería obligar a la IA a adoptar una postura centrista en cada asunto, sino hacer más transparentes los fundamentos de sus respuestas. Según el investigador, los chatbots deberían ayudar a las personas a examinar sus propias creencias, mostrando evidencia, dudas razonables y convicciones alternativas, sin cancelar la posibilidad de un desacuerdo político legítimo.

Fuente: Deutsche Welle