La ingeniera agrónoma Liz Noguera decidió convertir su plantación de frutillas en un espacio donde las familias puedan disfrutar del contacto con la naturaleza y conocer de cerca el proceso de producción.
“La pasión que tengo por la agronomía y el hecho de que mi familia siempre estuvo arraigada al agro me impulsaron a comenzar este proyecto”, expresó.
Comentó que la buena respuesta de los clientes durante la primera temporada la motivó a ampliar la producción este año.
Actualmente cuentan con aproximadamente 5.000 plantas de la variedad Dover, una de las más cultivadas por su excelente calidad, su buen rendimiento y el sabor de sus frutos.
Plantación de frutillas pasó por varias adversidades
La producción es posible gracias al trabajo constante de cuatro personas, quienes se encargan del cuidado diario del cultivo, desde el manejo de las plantas hasta la cosecha, con el objetivo de ofrecer frutillas frescas y de excelente calidad a los consumidores.
La ingeniera explicó que producir frutillas requiere dedicación y un seguimiento permanente, ya que se trata de un cultivo muy sensible a las condiciones climáticas.
Recordó que uno de los principales desafíos de esta temporada fueron las elevadas temperaturas registradas durante la etapa de producción de los plantines.
Posteriormente, las abundantes lluvias, el exceso de humedad y las heladas también representaron dificultades importantes, debido a que estas condiciones favorecen la aparición de enfermedades que afectan el desarrollo de las plantas y pueden reducir la producción si no se realizan los manejos adecuados.
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Plantines de frutilla de calidad
Indicó que para lograr una buena cosecha es indispensable iniciar el proceso con plantines de excelente calidad genética, realizar una fertilización equilibrada y mantener un manejo responsable durante toda la temporada, con controles permanentes para prevenir enfermedades y garantizar frutos sanos.
La cosecha comenzó a mediados de junio y, de mantenerse las condiciones favorables, la producción se extenderá aproximadamente hasta octubre.
El precio de venta es de G. 55.000 por kilogramo y, según explicó la productora, la iniciativa busca no solo ofrecer una fruta fresca y de calidad, sino también acercar a las personas al trabajo que implica la producción agrícola y promover el turismo rural en Caacupé.

Cosechar frutillas propias
Uno de los atractivos que incorporaron este año fue la posibilidad de recibir visitantes. La respuesta, según comentó Noguera, fue muy positiva, ya que personas de distintos puntos del país llegan para vivir la experiencia de cosechar sus propias frutillas directamente de la planta, disfrutando de un paseo diferente en contacto con la naturaleza.

La productora destacó además que las frutillas cultivadas en Caacupé se caracterizan por su excelente calidad y por ofrecerse a un precio más accesible que las producidas en otras zonas, especialmente en Areguá.
Finalmente, invitó a las familias a visitar la plantación y descubrir esta experiencia. “Queremos que vengan a conocer la zona, disfruten de un día en familia y se lleven frutillas frescas a un costo accesible”, puntualizó.

