El Día Mundial de la Concienciación sobre la Preeclampsia se conmemora el 22 de mayo. La fecha fue impulsada por organizaciones de pacientes y sociedades médicas para combatir un problema persistente: la preeclampsia sigue diagnosticándose tarde, pese a ser una de las principales causas prevenibles de complicaciones graves en el embarazo y el posparto.
La jornada no es solo simbólica. Apunta a algo concreto: mejorar el control prenatal, promover el acceso a la medición de presión arterial y a estudios básicos, y difundir un mensaje sencillo pero decisivo: la hipertensión en el embarazo no es “normal”.
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La presión silenciosa: por qué la preeclampsia sigue siendo una amenaza subestimada
La preeclampsia es un trastorno que suele aparecer después de la semana 20 de gestación y se caracteriza por presión arterial alta y signos de daño en órganos (como riñones, hígado, sangre o cerebro).
Puede progresar a eclampsia (convulsiones), síndrome HELLP, accidente cerebrovascular, desprendimiento de placenta o parto prematuro.

Muchas mujeres no sienten nada específico hasta que el cuadro se vuelve severo. Y cuando hay síntomas, suelen confundirse con lo esperable del embarazo.
En un contexto donde el cansancio se normaliza y el dolor se minimiza, la preeclampsia se vuelve un riesgo subestimado por pacientes, familias e incluso sistemas de salud saturados.
A escala global, estudios clínicos estiman que afecta aproximadamente entre el 2% y el 8% de los embarazos. El impacto es desigual: donde el control prenatal es irregular o el acceso a medicación y derivación es tardío, el riesgo de muerte materna y neonatal crece de forma dramática.
Preeclampsia: señales de alerta que se confunden con molestias comunes
Parte del problema es que sus señales pueden parecer “normales” en el embarazo. La diferencia está en la intensidad, el inicio súbito o la progresión, y en que suelen combinarse con presión alta.

Los síntomas que merecen consulta urgente incluyen dolor de cabeza fuerte o persistente, visión borrosa o destellos, dolor en la boca del estómago o debajo de las costillas derechas, hinchazón marcada de cara y manos, aumento rápido de peso por retención de líquidos, falta de aire, náuseas o vómitos tardíos y disminución de movimientos fetales.
También importa una advertencia clave para el posparto: la preeclampsia puede aparecer después del parto, incluso si el embarazo parecía ir bien. Por eso, la hipertensión y los síntomas neurológicos en las semanas posteriores no deben atribuirse automáticamente al cansancio.
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La buena noticia es que, detectada a tiempo, puede manejarse con vigilancia estrecha, medicación y decisiones obstétricas seguras.
La mala es que el reloj corre. En preeclampsia, esperar a “ver si se pasa” puede ser el error más caro.
¿Se puede prevenir la preeclampsia?
La preeclampsia no siempre puede prevenirse, pero el control prenatal permite reducir riesgos y detectar a tiempo una de las complicaciones más graves del embarazo.
Aunque en muchos casos no existe una forma de evitar su aparición, los especialistas coinciden en que el seguimiento médico regular es clave para disminuir sus riesgos.
Los controles prenatales permiten identificar señales de alerta tempranas, como hipertensión, hinchazón inusual o presencia de proteínas en la orina, lo que facilita una intervención oportuna.
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En determinados casos, el equipo médico puede indicar medidas preventivas específicas según el perfil de riesgo de cada paciente. Más que una condición prevenible en sentido absoluto, la preeclampsia es una complicación en la que el diagnóstico precoz y el monitoreo continuo pueden marcar la diferencia en el desarrollo del embarazo y sus resultados.
