Descubren el primer microblázar de la Vía Láctea

Impresión artística de IRAS 18293-0941.
Impresión artística de IRAS 18293-0941.B. Marcote (JIVE/ASTRON) & Martí et al. (2026)

MADRID. Astrónomos de España, Países Bajos y Argentina han confirmado el primer microblázar de la Vía Láctea, IRAS 18293−0941, situado a 12.000 años luz y con un agujero negro que orbita una estrella cada 11,38 días y lanza un chorro hacia la Tierra.

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Un equipo internacional de científicos ha descubierto el primer microblázar de la Vía Láctea, un agujero negro que orbita una estrella masiva y expulsa materia a velocidades extremas. Estos objetos, predichos hace 30 años por los teóricos, no se habían encontrado hasta ahora.

El microblázar, descubierto por un equipo de astrónomos de España, Países Bajos y Argentina y denominado IRAS 18293−0941, se ocultaba tras densas nubes de polvo interestelar a unos 12.000 años luz de nosotros.

El sistema ha sido descubierto gracias a la tecnología de radiotelescopios avanzados, que además pudo ratificar que este fenómeno es la versión a pequeña escala de los gigantescos blázares extragalácticos.

Aunque los astrónomos teóricos predecían la existencia de este tipo de objetos desde la década de 1990, tras 30 años de búsqueda ningún candidato había logrado superar una observación detallada hasta ahora.

Qué es IRAS 18293−0941

IRAS 18293−0941 es un sistema binario, formado por una estrella masiva y caliente y con un agujero negro que la orbita cada 11,38 días. El agujero engulle parte de la materia del astro y expulsa el resto en dos chorros opuestos a casi la velocidad de la luz, aunque lo realmente notable es que uno de ellos apunta directamente hacia nosotros.

Este haz, opuesto e invisible, choca contra una nube de gas y podría ser el origen de algunas de las partículas más energéticas jamás detectadas.

Los blazares conocidos son agujeros negros supermasivos en el centro de galaxias distantes cuyos chorros apuntan por casualidad hacia la Tierra. IRAS 18293−0941 es la primera versión “en miniatura” a escala estelar hallada en nuestra propia galaxia, lo que los teóricos llamaron microblazares.

IRAS 18293−0941 ha sido el primero: “Se encuentra detrás de tanto polvo que resulta prácticamente invisible en las imágenes ópticas habituales”. De hecho, “fue catalogado hace décadas y después quedó más o menos olvidado”, explica Josep Martí, investigador en la Universidad de Jaén y líder del estudio.

Utilizando la Red Europea de VLBI (EVN) —una red de radiotelescopios repartidos por todo el continente, incluyendo el telescopio Yebes (Guadalajara), que se comporta como una única antena de miles de kilómetros de diámetro— obtuvieron imágenes de altísima resolución que confirmaron la orientación del chorro y que este procedía realmente del sistema estelar.

Las imágenes en radio destaparon la existencia de un chorro que apunta hacia nosotros: un único chorro, de un solo lado, que solo se explicaba si estaba efectivamente enfocado casi en la dirección de la Tierra.

A su vez, las imágenes recogidas por los observatorios astronómicos -entre ellos los del Montsec, Calar Alto, y de la Universidad de Jaén, en España-, constataron que la luz de la estrella parpadeaba de forma sutil.

De esta manera, dos métodos completamente independientes, el radio y el óptico, dieron la misma respuesta.

“Ese fue el momento en que el resultado se volvió sólido”, señala el astrónomo y coautor del estudio, Benito Marcote (Joint Institute for VLBI ERIC, JIVE, Países Bajos).

Importancia del hallazgo

El hallazgo -el primer análogo de los blazares lejanos- abre una ventana para explorar este tipo de sistemas con mucho más detalle y para seguir su evolución en escalas de tiempo humanas.

“Este objeto ejerce una influencia significativa sobre las nubes interestelares, que son las cunas donde nacen las estrellas. Comprender estas interacciones es crucial para desentrañar los misterios de la formación estelar en nuestra galaxia”, explica Benito Marcote a EFE.

Además, la interacción del chorro del microblázar con el medio interestelar ayudará a estudiar cómo evoluciona la galaxia y a comprender mejor algunas de sus regiones más extremas

“Al tener un objeto a escala de los blazars en nuestra galaxia, podemos estudiar lo que pasa en estos objetos remotos con mucho más detalle (millones de veces mejor), y a su vez movimientos que en los blazars toman miles de años, en microblazars solo tardan días en pasar, así que podemos ver la dinámica de estos objetos en tiempo real por primera vez”, detalla el físico.