La infertilidad suele examinarse primero como un problema femenino, pese a que una proporción creciente de los casos incluye factores vinculados con la salud reproductiva de los hombres. La falta de controles, ciertos prejuicios culturales y la ausencia de señales tempranas contribuyen a que muchos diagnósticos lleguen tarde, cuando la recuperación puede ser más compleja.
Según un reporte publicado por la Deutsche Welle (DW), el recuento global de espermatozoides se redujo más de un 51% desde 1973, de acuerdo con una revisión de investigaciones difundida en 2026 por la revista Antioxidants. El descenso, además, se estaría acelerando.

“La infertilidad masculina está subestimada. Es un problema enorme”, señaló a DW Edidiong Akang, biólogo reproductivo de la Universidad de Lagos, en Nigeria. Para el investigador, el número de casos atribuidos a factores masculinos no refleja plenamente la magnitud real del fenómeno.
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La calidad del esperma también cae
La fertilidad masculina no depende únicamente de la cantidad de espermatozoides. También intervienen su concentración, su forma, su tamaño y su motilidad: la capacidad de desplazarse hasta el óvulo. En el proceso de fecundación, millones de células espermáticas inician el recorrido, pero solo una logra fecundar al óvulo.

Un estudio dirigido por Akang y publicado en Scientific Reports en 2023 analizó muestras de semen de más de 17.000 hombres. El trabajo detectó un deterioro de aproximadamente el 50% en la morfología espermática —la calidad vinculada a la forma y el tamaño de los espermatozoides— entre 2010 y 2019.
Durante ese mismo período también se registró una reducción significativa de la movilidad espermática. En Nigeria, por ejemplo, la caída alcanzó el 87%, según los datos citados por DW. Estas variaciones son relevantes porque una menor motilidad reduce las posibilidades de que los espermatozoides alcancen el óvulo.
Por qué los hombres se controlan menos
Uno de los principales obstáculos para detectar el problema es que, en general, los hombres no se realizan análisis de semen de manera preventiva. Los menores de 40 años suelen no tener un motivo habitual para acudir a controles urológicos, mientras que a partir de esa edad las consultas periódicas pueden centrarse en la próstata y no necesariamente en la fertilidad.
A diferencia de las mujeres, que cuentan con el ciclo menstrual como un indicador regular de su salud reproductiva, los hombres no tienen una señal fisiológica visible que anticipe alteraciones de su fertilidad. En muchos casos, el estudio recién se solicita al intentar tener un hijo, cuando el paciente ya tiene entre 30 y 40 años y algunas condiciones asociadas pueden ser más difíciles de revertir.

Riffat Bibi, embrióloga clínica que dirigió durante 17 años un laboratorio de fecundación in vitro en Pakistán, describió ante DW una reacción frecuente en las consultas: “Revisen primero a mi esposa”. En ocasiones, relató, la propia familia dirige la sospecha exclusivamente hacia la mujer, bajo la premisa de que el hombre no puede ser la causa.
También persiste la idea de que mantener actividad sexual es equivalente a ser fértil. Bibi subrayó que se trata de conceptos distintos: la actividad sexual no permite determinar la calidad seminal ni la capacidad reproductiva.
Un componente masculino más frecuente de lo que se suponía
De acuerdo con la experiencia clínica de Bibi, cerca del 80% de los casos que llegan a su laboratorio incluyen actualmente un factor masculino. La proporción contrasta con la distribución de 50% para cada integrante de la pareja que durante años predominó en el abordaje de la infertilidad.
El cambio también se refleja en los procedimientos de fecundación in vitro. Según la embrióloga, el deterioro de la calidad del semen ha llevado a que casi todas sus pacientes requieran la selección de un único espermatozoide por parte de un especialista para inyectarlo directamente en el óvulo.
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Esta técnica responde a situaciones en las que el esperma presenta dificultades de cantidad, movilidad o morfología suficientes para reducir las posibilidades de fecundación por métodos convencionales.
Peso, estrés, sueño y temperatura
La producción de espermatozoides está condicionada por el estado general de salud. Entre los factores asociados a la infertilidad masculina, DW menciona el aumento de peso, el estrés, la falta de sueño, el tabaquismo, la exposición a microplásticos y el consumo de cannabis.
El sobrepeso puede afectar especialmente a los testículos, responsables de producir espermatozoides y hormonas como la testosterona. Estos órganos funcionan de manera más eficiente a una temperatura cercana a dos grados Celsius por debajo de la del resto del cuerpo. La acumulación de grasa puede elevar esa temperatura y perjudicar la concentración, el número y la movilidad de los espermatozoides.
En India, Chirag Bhandari, director del Instituto de Andrología y Salud Sexual de Jaipur, considera que los principales factores detrás del descenso del recuento espermático en su país son el sobrepeso, el estrés térmico y el tabaquismo.
Esteroides y testosterona: el riesgo de alterar el equilibrio hormonal
El consumo de esteroides anabólicos representa otro factor que puede afectar la fertilidad. Estos productos, utilizados por algunos hombres para aumentar la masa muscular, son una forma sintética de testosterona. Sin embargo, un aporte excesivo de esta hormona puede suprimir la producción natural de espermatozoides.
La relación no es lineal: tanto un nivel demasiado alto como uno demasiado bajo de testosterona puede dificultar la producción seminal. En condiciones normales, el organismo mantiene un equilibrio hormonal que permite sostener esa función.
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La suspensión de los suplementos de testosterona puede hacer que la producción espermática se reinicie, aunque la recuperación depende de la edad, la dosis consumida y la duración del uso. Pope, citado por DW, indicó que quienes usan esteroides de manera ocasional suelen recuperar un recuento considerado normal.
La Organización Mundial de la Salud establece como referencia un mínimo aproximado de 16 millones de espermatozoides por mililitro de semen. No obstante, los consumidores frecuentes y de largo plazo de esteroides pueden no volver a esos niveles.
Una investigación realizada en Países Bajos siguió a 100 hombres durante un ciclo de consumo de esteroides y a lo largo del año posterior. Al finalizar ese período, dos tercios mantenían recuentos muy bajos; algunos, directamente, no presentaban espermatozoides en el semen.
Bhandari estima que los esteroides explican menos del 0,1% de la caída del recuento espermático en India, un dato que sitúa el problema dentro de un cuadro más amplio de factores ambientales, metabólicos y de estilo de vida.
El tiempo como variable decisiva
La detección temprana puede modificar el pronóstico. Según Bhandari y Bibi, cuando un hombre se realiza los estudios a tiempo, el recuento de espermatozoides suele normalizarse en un plazo de seis a doce meses. Sin embargo, cuanto más se demora la identificación de la causa, menores son las posibilidades de recuperación.
El análisis de semen permite evaluar concentración, movilidad y morfología, tres indicadores centrales para comprender la fertilidad masculina. En un contexto de descenso sostenido de la calidad seminal y de persistencia de sesgos que colocan el foco casi exclusivamente en las mujeres, los especialistas consultados por DW plantean la necesidad de incorporar la evaluación masculina desde el inicio de cualquier estudio de infertilidad.
Fuente: Deutsche Welle
