Metodológicamente, este grupo incluye a empleadores y asalariados que se desempeñan en microempresas de hasta cinco trabajadores, a quienes trabajan en el servicio doméstico y a los independientes no calificados, como las personas que trabajan por cuenta propia sin formación profesional o técnica y los familiares no remunerados. Este enfoque permite aproximarse a la informalidad laboral desde una perspectiva estructural, asociada no solo a la falta de registro, sino también a la baja productividad del empleo y a su escasa capacidad de generar ingresos estables y protección social.
Bajo este marco, los datos de la CEPAL sobre “la población ocupada urbana en empleos de baja productividad, ambos sexos” muestran que Paraguay presenta, de manera persistente, una proporción de población urbana ocupada en empleos de baja productividad significativamente superior al promedio de América Latina. En 2001, mientras el promedio regional se ubicaba en 46,7%, Paraguay alcanzaba el 59,4%. Esta brecha se mantuvo a lo largo de más de dos décadas, reflejando una característica estructural del mercado laboral paraguayo.
Durante los primeros años de la serie, entre 2001 y 2004, Paraguay no solo partía de niveles elevados, sino que incluso mostró un aumento, llegando a 63,6% en 2004. En ese mismo periodo, América Latina se movía en torno a valores cercanos al 47%, lo que ampliaba la distancia entre ambos. Esto indica que, en Paraguay, más de seis de cada diez ocupados urbanos se encontraban insertos en empleos de baja productividad, una proporción muy superior al promedio regional.
A partir de 2005 se observa una tendencia gradual de reducción en Paraguay, que se profundiza especialmente entre 2008 y 2010, cuando el indicador pasa de 53,3% a 51,2%. Sin embargo, aun con esta mejora, el país continuaba registrando niveles muy altos en comparación con América Latina, que en esos años se ubicaba alrededor de 45,8%. La reducción paraguaya no implicó una convergencia real hacia los estándares regionales, sino más bien una moderación de una situación históricamente más desfavorable.
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Entre 2011 y 2014 se produce un nuevo repunte en Paraguay, con valores que vuelven a situarse por encima del 53%, llegando a 57,9% en 2012, comportamiento que contrasta con la trayectoria regional, donde el promedio latinoamericano desciende gradualmente desde 44,8% en 2011 hasta 44,0% en 2014. El dato sugiere que los avances en formalización y mejora de la calidad del empleo urbano fueron más lentos o más frágiles en Paraguay que en el resto de la región.
En el periodo 2015-2019 se aprecia una etapa de mayor estabilidad en Paraguay, con cifras que oscilan entre 50,7% y 53,4%. En 2019, el indicador se ubicó en 50,7%, el valor más bajo de toda la serie hasta ese momento. Aunque este nivel representaba una mejora relevante respecto a los máximos superiores al 60% observados en los primeros años, seguía implicando que uno de cada dos ocupados urbanos trabajaba en condiciones de baja productividad. En contraste, América Latina se mantenía en torno a 45,7% durante esos años, consolidando una diferencia estructural cercana a cinco puntos porcentuales.
El año 2020 marca un quiebre asociado al impacto de la pandemia. Paraguay registró un salto hasta 55,9%, evidenciando cómo las crisis económicas tienden a empujar a una parte importante de la población hacia formas de empleo más precarias, como el trabajo independiente no calificado o la inserción en microemprendimientos de subsistencia. América Latina también mostró un leve aumento, de 45,7% a 45,8%, pero el impacto relativo fue claramente más intenso en Paraguay.
En los años posteriores se observa una recuperación parcial. Paraguay pasa de 54,7% en 2021 a 51,7% en 2022 y 50,3% en 2023, aunque en 2024 se mantiene prácticamente estancado en 50,8%. Esto sugiere que, si bien hubo una reversión del deterioro provocado por la pandemia, el país no logró consolidar una reducción sostenida por debajo del umbral del 50%. América Latina, en cambio, continuó su trayectoria descendente y llegó a 43,9% en 2024, el valor más bajo de toda la serie.
El contraste final entre 2024 es elocuente: la brecha, cercana a siete puntos porcentuales, es incluso mayor que la observada en varios momentos del periodo previo. Esto indica que, pese a ciertos avances, el mercado laboral urbano paraguayo sigue mostrando una fuerte dependencia de actividades de baja productividad, con empleos marcados por ingresos reducidos, inestabilidad y escasa protección social.
Estos datos refuerzan la idea de que la informalidad y la baja productividad en Paraguay no son fenómenos coyunturales, sino rasgos estructurales del funcionamiento de su economía urbana. La elevada participación de microempresas, el peso del trabajo por cuenta propia no calificado y del empleo doméstico reflejan un patrón de inserción laboral en el que amplios sectores de la población quedan al margen de los beneficios asociados al empleo formal: estabilidad, cobertura previsional, acceso a seguros de salud y posibilidades de capacitación.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.
