A finales del 2021 y comienzos del 2022, los precios de los combustibles registraron una marcada tendencia alcista a nivel global, impulsada por la recuperación de la demanda tras la pandemia. Este escenario se agravó con la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, cuando el crudo WTI —referencia para Paraguay— superó los 123 dólares por barril.
La situación generó preocupación en momentos en que se esperaba la reactivación económica pospandemia. En ese contexto, el Gobierno de Mario Abdo Benítez fue presionado para reducir la base impositiva sobre el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) a los carburantes. La medida se mantuvo durante 14 meses y logró una leve disminución de precios, pero resultó insuficiente ante la continuidad de la escalada internacional.
Posteriormente, se adoptó una decisión más drástica: subsidiar el diésel común y la nafta de 93 octanos a través de Petropar, mediante la Ley N° 6900/2022. Además, la estatal renunció a sus ganancias y dejó de transferir recursos al Tesoro para sostener los precios. Sin embargo, el subsidio duró menos de 15 días, ya que la normativa fue derogada tras críticas del sector privado, que acusó a Petropar de “competencia desleal”, y ante el fuerte impacto que implicaría para las finanzas públicas.
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Crisis se repite, pero esta vez no hay plan de bajar el ISC a importadoras
Cuatro años después, la crisis vuelve a repetirse. La guerra en Medio Oriente —con Estados Unidos e Israel frente a Irán— impulsó al alza nuevamente los precios internacionales. El crudo llegó a cotizar hasta 114,58 dólares por barril este mes, luego de haberse mantenido entre 60 y 65 dólares. Esto causó la abrupta suba de precios de los carburantes a nivel internacional.
Este repunte se trasladó al mercado local ya que causó una suba importante del precio de los combustibles. Los emblemas más pequeños ya aplicaron tres olas de incrementos: el diésel pasó de G. 6.250 (inicios de marzo) a G. 8.990 (desde el 1 de abril) por litro (alza cercana al 44%), mientras que la nafta intermedia de 93 octanos subió de G. 5.690 a G. 7.190 (incremento de alrededor del 26%).
En tanto, Petropar mantiene sus precios por debajo del sector privado, aunque se espera que realice nuevos ajustes, al igual que los emblemas más grandes como Shell y Copetrol —que ajutará desde hoy—, las últimas que hasta ayer que aún no acompañaban completamente las últimas subas.
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Si bien actualmente se registra una tregua tras el aplazamiento del ultimátum de Estados Unidos a Irán, los precios internacionales retrocedieron levemente, pero se mantienen elevados respecto a los niveles previos al conflicto. La incertidumbre, además, persiste.
A diferencia de 2022, hoy el Gobierno no cuenta con margen para aplicar medidas de alivio. No se analiza la reducción de la base impositiva del ISC ni subsidios, en un contexto que el propio equipo del Ejecutivo ha calificado como de “economía de guerra”.
Desde la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT), su titular, Óscar orué, incluso descartó revisar el impuesto, mientras que cualquier decisión dependería del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), acotó.
¿Cuándo podrían bajar los precios?
El empresario del sector, Miguel Bazán, sostuvo que es difícil prever una reducción en el corto plazo. “Solo con una bola de cristal se puede saber. Los precios bajaron, pero no a los niveles que deberían. Antes de la guerra el gasoil estaba en 220 centavos por galón (cpg), subió hasta 450 y ahora bajó a 365. Todavía estamos lejos de los valores previos”, explicó.
Por su parte, el analista económico Amílcar Ferreira estimó que los precios se mantendrán elevados durante los próximos meses y que, en el mejor de los casos, podrían retornar a niveles previos a la guerra recién en el segundo semestre.
Al comparar con la crisis de 2022, explicó que incluso con treguas o avances diplomáticos, los efectos no se reviertirán rápidamente. “Hay infraestructura dañada, problemas logísticos y compañías de seguros que se niegan a cubrir embarques hasta que haya garantías totales”, señaló.
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En ese contexto, consideró que el petróleo podría mantenerse por encima de los 90 dólares por barril durante gran parte del primer semestre, lo que seguirá presionando los precios internos y la inflación.
Respecto al mercado local, indicó que los emblemas privados trasladan con rapidez los costos internacionales, mientras que Petropar puede sostener temporalmente precios más bajos gracias a su stock. Sin embargo, advirtió que esta estrategia no es sostenible. “Petropar está rezagado y vende más barato, pero cuando reponga tendrá que ajustar al mismo nivel que los privados”, afirmó.
Ferreira también subrayó que el Estado no tiene margen fiscal para intervenir, ya sea con reducción del ISC o subsidios. “Estamos en una situación mucho más ajustada, sin espacio para reducir impuestos ni subsidiar”, sostuvo. En ese escenario, proyectó subas de entre 60% y 80% en los combustibles.
Ante este panorama, planteó la necesidad de promover un uso más racional del combustible, como ya ocurre en otros países mediante campañas de ahorro energético.
Tregua no logra estabilizar precios
En esa misma linea, el ingeniero químico y empresario Miguel Velázquez explicó por su parte que los aumentos responden a un conjunto de factores derivados del conflicto en Medio Oriente, que continúa generando alta volatilidad en los mercados.
Según detalló, el inicio de la guerra provocó un “shock físico” en la oferta y la logística global. El diésel —referenciado como Heating Oil en el NYMEX— pasó de unos 2,3 dólares a 4,5 dólares por galón en pocos días, lo que representa un incremento cercano al 95%.
A esto se sumó el cierre del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el transporte de crudo, lo que elevó los costos logísticos, seguros y riesgos operativos.
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Velázquez indicó que estos factores impactan directamente en países importadores como Paraguay. Si bien la reciente tregua generó una baja inicial —con el diésel retrocediendo a unos 3,87 dólares por galón—, advirtió que no implica una normalización.
“Seguimos con precios alrededor de un 55% más altos que antes del conflicto”, precisó. Además, recordó que a estos valores se suman costos adicionales para su venta al país como transporte, impuestos y márgenes de comercialización.
En ese sentido, estimó que el diésel común debería ubicarse entre G. 9.000 y G. 10.000 por litro en el mercado local.
Finalmente, advirtió que la volatilidad persistirá. “Las señales positivas generan bajas moderadas, pero los riesgos impulsan subas más fuertes”, concluyó.
