Actualmente, trabajadores y sindicatos cuestionan que el reajuste anual del salario mínimo previsto para mediados de año, basado únicamente en el Índice del Precio al Consumidor (IPC) que determina la inflación. Con ese parámetro, el ajuste estaría en alredeor del 3%, según las estimaciones, y terminaría representando apenas unos G. 87.000 de “aumento”, monto que consideran insuficiente ante el encarecimiento de alimentos y productos básicos. Del otro lado, empresarios advierten que modificar la metodología actual, establecida por ley, podría generar mayores costos para las empresas.
Ante este escenario, la economista Martha Coronel dio su parecer: Por un lado, no cree “que el problema sea la fórmula” utilizada, aunque admitió que “sí merece algún ajuste”. Incluso señaló que probablemente se podría considerar “algún otro indicador como el tema de alimentos” para la elaboración del cálculo del salario mínimo, haciendo referencia a que gran parte de la fuerza laboral tiene ingresos limitados y los destina principalmente al consumo de productos y servicios de la canasta familiar básica.
Sin embargo, insistió que el principal desafío está en otro punto, relacionado a la realidad del tipo de mercado laboral en Paraguay. “La cuestión es cómo hacer para que la gente sea formal, cómo hacer que tenga capacidades para insertarse en un empleo formal y cómo generar esos empleos formales”, afirmó en entrevista con ABC Color.
Solo el 20% de la población cobra salario mínimo
La economista explicó que solamente cerca del 20% de la población económicamente activa cobra salario mínimo de manera formal, por lo que el reajuste anual termina beneficiando directamente solo a ese grupo.
Por otro lado, una menor proporción corresponde a trabajadores que perciben salarios por encima del mínimo legal.
Indicó además que la mayor parte de los trabajadores está en la informalidad y gana menos del salario mínimo. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Paraguay cuenta con una alta tasa de informaldidad que supera el 60% a abril del 2026.
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Precisamente, la analista comentó que “6 de cada 10 paraguayos que trabajan en el sector no agropecuario trabajan en informalidad”, situación que atribuyó tanto a la falta de capacitación laboral como a la escasez de empleos formales disponibles.
Suba salarial por sí sola “no es la solución eterna”
Según Coronel, subir el salario mínimo genera un efecto que termina trasladándose nuevamente al bolsillo de la ciudadanía. Explicó que los comercios formales y supermercados no absorben completamente el aumento salarial, sino que trasladan ese costo a los precios finales.
“Vos subís salario mínimo, le beneficias a ese 20% de la población, pero resulta que ese 20% de la población está trabajando en los lugares donde finalmente todos compramos”, indicó. Y agregó: “El supermercado formal no va a absorber ese costo, ¿dónde va a mandar? Al precio”, dijo. Por eso, advirtió que la suba salarial por sí sola “no es la solución eterna” ni una medida sostenible a largo plazo.

Mejorar la formación laboral
Para la economista, el foco debería estar en mejorar la formación laboral de los paraguayos y generar condiciones para que existan más empleos formales y mejor remunerados. “La solución es hacer que el paraguayo gane más, porque tiene capacidades y porque hay empleo para esas capacidades”, remarcó.
Coronel mencionó además que incluso grandes inversiones encuentran dificultades para contratar mano de obra capacitada en Paraguay y que muchas empresas deben entrenar a sus trabajadores durante varios meses antes de que puedan ser plenamente productivos.
En Brasil, el salario mínimo es solo una referencia
En ese contexto, comparó la situación paraguaya con la de Brasil y señaló que, aunque el salario mínimo oficial brasileño es menor al paraguayo, muchos trabajadores terminan ganando más debido a que cuentan con mayor capacitación y mejores oportunidades dentro de industrias formales. En Paraguay, según la queja del sector trabajador, el sueldo mínimo muchas veces termina siendo “el techo”.
Finalmente, Coronel insistió en que la responsabilidad no recae únicamente sobre el trabajador. “La culpa es de todos nosotros como sociedad”, afirmó, al señalar que el país todavía no logra desarrollar suficientes capacidades laborales ni crear las condiciones necesarias para aumentar el empleo formal.
