Un vicepresidente paraguayo “significativamente corrupto”

Desde ayer, la galería del oprobio y de los paraguayos “significativamente corruptos” designados por los Estados Unidos ha sumado a su sexto y más significativo integrante por ser el de más alta investidura en ejercicio dentro del gobierno de la República del Paraguay: el vicepresidente de la República y precandidato presidencial por el Partido Colorado, Hugo Adalberto Velázquez Moreno.

La designación realizada tiene aditamentos inapelables dentro de esta “colección” de paraguayos “significativamente corruptos” que EE.UU. viene elaborando desde el 2019: por un lado, además de ser la más alta autoridad en activo de los hasta ahora nominados, su inclusión en la nómina vino de la mano con una acusación sin rodeos que coincidiría con delitos de acción penal pública tipificados por nuestra legislación como cohecho, frustración de investigación penal y hasta tráfico de influencias. Según denunció ayer el departamento de Estado norteamericano, “Duarte (N. de la R., Juan Carlos, hasta ayer director jurídico de Yacyretá), un colaborador personal y profesional cercano del vicepresidente Velázquez, ofreció un soborno a un funcionario público paraguayo para obstruir una investigación que amenazaba al vicepresidente y a sus intereses financieros”. Y dispararon más certeramente aún: “Además, el acto de corrupción de Duarte, abusó y explotó su poderosa y privilegiada posición pública dentro de la Entidad Binacional Yacyretá, poniendo en riesgo la confianza pública en uno de los activos económicos más vitales de Paraguay”.

A la vergüenza de la nueva nominación, saltaron de inmediato las incógnitas: ¿quién funcionario público estaba investigando? ¿Qué estaban investigando? ¿De qué institución es la investigación? ¿Cuándo ocurrieron los hechos? ¿Se presentó denuncia por este ofrecimiento de soborno? ¿Cómo es posible que se entere primero un gobierno extranjero y luego recién reaccionen los mecanismos de indagación y control propios de nuestra República? ¿Cuánto más lejos llegaremos con esta orfandad de investigación y punición ante crímenes y delitos?

Las sospechas sobre el vicepresidente de la República no son nuevas, arrancan desde la década del 2000, según publicaciones de prensa, y abarcan un abanico de denuncias. Las presunciones sobre Hugo Velázquez se acentuaron en su época de fiscal adjunto en Alto Paraná cuando aparecieron las más serias denuncias: desde supuestos pedidos de coimas, tolerancia de mafias marcarias, rosca de contrataciones millonarias por servicios jurídicos a Itaipú y “amistades” políticamente incorrectas con sospechados financistas de grupos extremistas en la triple frontera. Una de las más fuertes denuncias fue conocida como “Expediente 68/14″, por lavado de dinero y con posibles vínculos con el Hizbulá, que hasta el 2020 dormía en la Fiscalía. El caso apunta a una rosca de empresarios –amigos de Hugo Velázquez– que han sido acusados de lavado de dinero: una red de 41 empresas han sido investigadas al amparo de unos 437 tomos de documentos, evidencias y pericias. Las investigaciones fueron abiertas precisamente a pedido de los Estados Unidos y la SEPRELAD, bajo sospecha de un presunto megaesquema de lavado de dinero. Las sospechas hablan de unos 1.200 millones de dólares movidos desde Ciudad del Este entre el 2010 y 2017.

La humillante “colección” de “significativamente” corruptos fue inaugurada por el Gobierno estadounidense en diciembre del 2019 cuando en un hecho sin precedentes nominaron a los dos primeros paraguayos: el entonces poderoso mandamás, senador cartista y capitoste del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, Óscar González Daher (+), cuyos audios corrieron por todo el país confirmando el sometimiento de fiscales y jueces, maniobrando para torcer el curso de la justicia. Y a su lado nominaron a la investidura más representantiva de la más alta impunidad, la que venía de la mano del mismísimo Ministerio Público: el ex fiscal general del Estado Javier Díaz Verón, enjuiciado entre otras cosas por supuesto lavado de dinero y enriquecimiento ilícito.

Dos años después de las vergonzosas nominaciones iniciales, el 6 de abril del año pasado, Estados Unidos volvió a lanzar otro “significativamente corrupto” apuntando al diputado cartista Ulises Quintana, investigado, procesado, imputado y hasta preso en Viñas Cue por presunta vinculación con el narcotráfico.

El pasado 22 de julio, el departamento de Estado de los EE.UU. dejó significativamente mudo a gran parte del Paraguay al nominar al expresidente de la República, líder del movimiento Honor Colorado y candidato a presidir la Junta de Gobierno del Partido Colorado, Horacio Manuel Cartes Jara. Las acusaciones en su contra fueron las de participar en actos significativos de corrupción, obstruir “una importante investigación internacional sobre el crimen transnacional para protegerse a sí mismo y a su asociado criminal de un posible enjuiciamiento y daño político”, de socavar “la estabilidad de las instituciones democráticas del Paraguay”, de permitir y perpetuar la presunta participación recientemente documentada con organizaciones terroristas extranjeras y hasta de amenaza a la estabilidad regional.

Pero el Gobierno de EE.UU. advirtió ayer que Velázquez no será el último: “Estados Unidos continuará usando todas las herramientas disponibles para combatir la corrupción y el crimen organizado, sin considerar la afiliación política, la riqueza o las conexiones personales. Estas herramientas incluyen designaciones, sanciones financieras y restricciones de visa”.

La galería de los “significativamente corruptos” es una representativa exposición de corrupción, impunidad, ignominia y oprobio. Un recordatorio nacional e internacional de que Paraguay no logra hacer justicia por sus propios medios y hace que tengamos que aceptar que desde el exterior se denuncie la corruptela de autoridades y funcionarios públicos. Este desfile de ilicitudes perpetradas por quienes administran la cosa pública goza de tan colosal impunidad que nos arrastra a todos los paraguayos a una humillación y desprestigio internacional difícil de aguantar.

El tronco de esta sinvergüencería está hecho de corruptos y corrupción, pero la raíz de todos los males es una Justicia ausente, integrada por algunos fiscales, jueces y hasta ministros de la Corte con rodillas genuflexas. Mientras esta Justicia siga sometida es posible esperar que no solo Estados Unidos –también cualquier republiqueta de baja estofa– tendrá insumos para hacer una enciclopedia mensual con todos los nombres de los significativamente corruptos e impunes de la República del Paraguay.

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