Los jóvenes deben esforzarse para generarse su propio espacio

El nuestro es un país relativamente joven, según surge de la Encuesta Permanente de Hogares de 2020, lo que significa que las nuevas generaciones tienen un papel relevante que cumplir. Si intervenir en los asuntos públicos, en pro de la libertad y de la honestidad, dignifica, la indiferencia ante ellos supone una deserción culposa, que deja el campo libre a los perversos para que opriman o malversen a costa de todos. Los jóvenes deben saber que si ahora no se rebelan contra las lacras que oprimen a nuestra sociedad, el futuro que encontrarán cuando ellos deban intervenir en los asuntos públicos e, inclusive, en los emprendimientos privados, será negro e impredecible.

El nuestro es un país relativamente joven, según surge de la Encuesta Permanente de Hogares de 2020: el 27% de la población, que asciende a unos 7,5 millones de habitantes, tiene entre 15 y 29 años de edad, lo que significa que las nuevas generaciones tienen un papel relevante que cumplir, no solo de cara al futuro, sino también al presente. En las últimas décadas, hubo jóvenes que se destacaron en defensa del orden constitucional, como también en la lucha contra la corrupción rampante en la esfera universitaria. Fue memorable la campaña “Unanotecalles”, para exigir históricas reivindicaciones. Si intervenir en los asuntos públicos, en pro de la libertad y de la honestidad, dignifica, la indiferencia ante ellos supone una deserción culposa, que deja el campo libre a los perversos para que opriman o malversen a costa de todos. Los jóvenes deben saber que si ahora no se rebelan –dentro de los marcos legales– contra las lacras que oprimen a nuestra sociedad de la mano de autoridades y políticos ladrones, el futuro que encontrarán cuando ellos deban intervenir en los asuntos públicos e, inclusive, en los emprendimientos privados, será negro e impredecible.

En verdad, se puede y se debe intervenir en política manteniendo las manos limpias, sin esperar que los que mandan les marquen la pauta. Lamentablemente, “La tierna podredumbre”, que también existe, medra a la sombra de los sinvergüenzas enquistados en las entidades públicas, confiando en reemplazarlos alguna vez para perpetuar la infamia. “Idiota” (idiotes) es una palabra que los antiguos griegos usaban para referirse a quien solo se ocupaba de sus propios asuntos: en verdad, hay que serlo para dejar en las exclusivas manos de otros ciertas decisiones que pueden afectar a toda la sociedad, sin tan siquiera opinar o manifestarse contra ellas. Es un deber ciudadano intervenir en las cuestiones que atañen a todos, para lo cual también la guía de los progenitores debe ocupar un lugar fundamental. Los jóvenes deben saber que, más allá de las bellas promesas, nadie les regalará espacios para hacer realidad sus sueños: tienen que ganarlos con inteligencia, tenacidad y valentía, sin confiar en la benevolencia de quienes –comprensiblemente– buscan mantener sus privilegios.

Hay temas que para ellos revisten una singular importancia y que, por tanto, requieren su participación decidida. Una de ellas es la educación, de la que depende, en gran medida, la capacidad de ganarse el sustento. Y bien, la población juvenil que solo estudia llega al 20%, la que solo trabaja al 48%, la que no estudia ni trabaja al 13% y la que combina el estudio con el trabajo al 19%. En estos datos oficiales llama la atención el bajo porcentaje de quienes solo estudian, dado que quienes se dedicaran exclusivamente al aprendizaje tendrían una mejor formación. Por otro lado, parece alto el segmento de quienes ni estudian ni trabajan, conformando un caldo de cultivo para la delincuencia o la drogadicción: estos deplorables fenómenos urbanos están causando estragos, sin que se adviertan enérgicas políticas públicas dirigidas a combatirlos.

La Secretaría Nacional de la Juventud –dependiente de la Presidencia de la República y dirigida por Édgar Colmán– tiene este año un Presupuesto de 8.918 millones de guaraníes, pero su existencia pasa desapercibida en un país “joven” que necesita formar y capacitar a la mocedad, hoy víctima de un sistema educativo catastrófico, que solo beneficia a los politicastros: la ignorancia ajena les viene de perlas.

La Constitución dice que uno de los objetivos permanentes de ese sistema educativo es la capacitación para el trabajo mediante la enseñanza técnica, a fin de formar los recursos humanos necesarios para el desarrollo: la juventud debe exigirla, al igual que la revisión de la ley del primer empleo, de escasos resultados hasta la fecha. Debe insistirse, empero, en que no debe esperarlo todo de un Estado que sea paternalista, sino confiar en sus propias fuerzas, organizándose para hacerse sentir y llevar a cabo emprendimientos útiles para sí mismos y para la sociedad toda. En vez de tender la mano para que se les regale algo, los jóvenes tendrían que movilizarse, por su propio bien y por el del país, alzando la voz para no guardar “un silencio bastante parecido a la estupidez”, según se leía en una proclama insurreccional de 1806, lanzada en La Paz. Es que el silencio solo favorece a los malos.

Es de desear que en esta fecha, dedicada a ellos, los jóvenes, a la par de participar de actos recreativos para festejar su día, aprovechen también el tiempo para reflexionar sobre su futuro, y no dejarlo todo en manos de quienes solo piensan en elecciones y reelecciones.

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