14 de mayo de 2026

Desde la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indican que la informalidad sigue siendo uno de los principales retos del país, que se ubica en torno al 60%, en un escenario marcado por la necesidad de fortalecer la formación y la inserción laboral de jóvenes.

El éxodo juvenil vuelve a hacerse visible con fuerza en estas fechas de fin de año. Navidad y Año Nuevo se convierten no solo en un tiempo de celebración, sino también en un espejo que refleja una realidad dolorosa: el viaje de retorno de miles de jóvenes que dejaron sus hogares en el interior para instalarse en Asunción y Central en busca de oportunidades laborales mínimamente dignas.


En un contexto donde los riesgos sociales acechan a los jóvenes, el aprendizaje de oficios se posiciona como una opción saludable y esperanzadora. La historia de Enzo Solís, un joven paraguayo que superó sus adicciones gracias a la fe y al oficio de la barbería que aprendió en un centro de recuperación, ilustra cómo una oportunidad puede convertirse en el punto de partida para una vida renovada.

En una curiosa publicación en su página web, borrada luego de críticas de sus alumnos, la Facultad Politécnica de la UNA, anunció este martes que la construcción de la nueva cantina estará a cargo de la empresa CO IN. La noticia llamó la atención del estudiantado pues, la apertura de sobres de ofertas para esta obra, valorada en más de G. 2,4 mil millones, está marcada recién para el 30 de setiembre. Las autoridades alegan que fue un “error involuntario de redacción”.

Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman que de 1,5 millones de jóvenes paraguayos de entre 15 y 29 años, cerca de 200.000 no trabajan ni estudian, manteniéndose la franja denominada “ninis” en un 13% del total de la población joven. La tasa de desempleo juvenil llega a cerca del 10,9% de la fuerza de trabajo, y la ocupación mayormente es en trabajos informales, donde el promedio de ingreso mensual no llega al salario mínimo