El IPS no debe estar dirigido por alguien que se siente incapaz de enderezarlo

El último martes, el presidente del Instituto de Previsión Social (IPS), Jorge Brítez, compareció ante la Comisión Permanente del Congreso Nacional para dar explicaciones sobre una licitación para la compra de sábanas y un servicio de lavandería cuyo monto asciende a la friolera de 160.000 millones de guaraníes, lo cual resulta sospechosamente llamativo. Pero además de la crudeza con la que retumba la multimillonaria licitación en medio de las precariedades de la previsional, la frase que perforó los tímpanos de sus interlocutores y con la que el doctor Brítez resume la gravedad de su gestión y la profundidad de la crisis fue: “Ni aunque venga un genio de Harvard podrá solucionar la situación”. ¿Qué se puede inferir de esta respuesta? ¿Que el IPS ya está condenado a su suerte, mientras allí se siguen llevando a cabo negocios sospechosos? ¿Que allí va a seguir muriendo gente, que va a seguir faltando indefinidamente medicamentos y equipos, que van a seguir faltando turnos para atención?

El último martes, el presidente del Instituto de Previsión Social (IPS), Jorge Brítez, compareció ante la Comisión Permanente del Congreso Nacional para dar explicaciones sobre una licitación para la compra de sábanas y un servicio de lavandería cuyo monto asciende a la friolera de 160.000 millones de guaraníes, lo cual resulta sospechosamente llamativo.

Pero además de la crudeza con la que retumba la multimillonaria licitación en medio de las precariedades de la previsional, la frase que perforó los tímpanos de sus interlocutores y con la que el doctor Brítez resume la gravedad de su gestión y la profundidad de la crisis fue: “Ni aunque venga un genio de Harvard podrá solucionar la situación”. ¿Qué se puede inferir de esta respuesta? ¿Que el IPS ya está condenado a su suerte, mientras allí se siguen llevando a cabo negocios sospechosos? ¿Que allí va a seguir muriendo gente, que va a seguir faltando indefinidamente medicamentos y equipos, que van a seguir faltando turnos para atención?

Ante legisladores, aportantes y la opinión pública, el máximo responsable de la salud y previsión de cientos de miles de paraguayos admitió que ni el más brillante experto del mundo podría enderezar el rumbo sin una reforma radical de la Carta Orgánica. Es decir: el problema es tan estructural que su propia administración es inútil para resolverlo.

Esta declaración no es un diagnóstico alentador sino más bien una capitulación pública. Si Brítez reconoce que ni el más brillante “genio de Harvard” bastaría, cabe preguntarle: ¿qué hace él ocupando el cargo? ¿Administrar el colapso? ¿Firmar licitaciones cuestionadas? ¿Gestionar deudas millonarias mientras pacientes mueren en listas de espera?

La respuesta duele: mientras se espera la “reforma mágica”, la gente sigue sufriendo desabastecimiento crónico de medicamentos, equipos obsoletos sin mantenimiento, cirugías postergadas indefinidamente y casos de mala praxis que terminan en tragedias evitables, como el de Braulio Vázquez, fallecido aguardando un cateterismo urgente, o aquel a quien amputaron una pierna por error.

En la misma audiencia, la senadora Celeste Amarilla (PLRA) fue brutalmente clara y directa: calificó a Brítez y su equipo de “inútiles” y exigió su renuncia inmediata. Puso énfasis en un ejemplo escandaloso de inoperancia: una licitación para stents coronarios medicados, insumos vitales para salvar vidas en procedimientos cardíacos, que ¡¡¡se encuentra paralizada desde hace casi dos años!!!

El primer acto de corrupción, o al menos de deshonestidad absoluta, ocurre al aceptar un cargo para el cual se admite de antemano no poder cumplir. Si la Carta Orgánica es una “sábana corta” (como dijo Brítez), entonces el deber era pelear por cambiarla desde el día uno, no usarla como escudo para perpetuarse. Mientras tanto, licitaciones se eternizan, deudas con proveedores superan cifras multimillonarias y la atención diaria colapsa en hospitales saturados.

Paraguay no necesita genios importados ni magos de cómic. Necesita funcionarios con coraje para asumir responsabilidades, no para diagnosticar imposibilidades. Necesita renuncia inmediata de quienes admiten su inutilidad, investigación exhaustiva de las demoras criminales en compras vitales y una reforma real que no sirva de excusa para más años de sufrimiento.

De igual modo, debería buscarse la fórmula para que los aportantes no deban ser obligados a seguir financiando un sistema que los traiciona. Los políticos, o cuando menos, aquellos que sienten un poco de patriotismo, deben dejar de cursar “invitaciones” para recibir excusas y realizar una interpelación real que arroje resultados. La salud no espera milagros; exige acción, compromiso y decisión.