A pocos días de haber asumido el cargo, el presidente del Consejo de Administración del Instituto de Previsión Social (IPS), Isaías Fretes, ha revelado nuevos escándalos que se suman a los numerosos ocurridos en los últimos años a vista y paciencia de los actuales consejeros, salvo Hassel Jiménez, quien ingresó en representación del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social en reemplazo de Gustavo González Maffiodo, luego de que el actual presidente les haya pedido que pongan sus cargos “a disposición”. Los demás consejeros –Bettina Albertini (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social), Víctor Insfrán (representante de los trabajadores aportantes), José Jara (representante de los jubilados y pensionados) y José Emilio Argaña (representante de los empleadores)– siguen en sus respectivos puestos, muy bien remunerados, desoyendo la petición formulada. Conste que el último de ellos ya había presentado su renuncia de hecho el 5 de febrero, sin que hasta hoy haya sido aceptada por el Poder Ejecutivo.
En conferencia de prensa, esta semana, Isaías Fretes denunció la compra en 2024 de decenas de miles de bolsas pediátricas para atender a solo diez pacientes. Según afirmó “se van a pudrir todas, porque no se van a usar nunca”. Su vida útil es de solo tres años. “Esto es grave”, siguió diciendo, para luego anunciar que se investigará “por qué se llegó a esto”. La pesquisa demandaría una semana; no costaría mucho, por cierto, detectar ciertos lazos inconfesables entre el comprador y el vendedor. También ayer, en una sesión del Consejo de Administración, su presidente señaló la necesidad de ser “muy estrictos” en el mantenimiento de los equipos, pues “la institución no está bien económicamente”. También sostuvo que se compran equipos sin los parámetros técnicos adecuados, pues no intervienen traumatólogos ni radiólogos, aunque sí, cabría sospechar, ciertas autoridades ligadas a ciertos proveedores.
Entretanto, los asegurados se quejan incluso de que deben costear el alquiler de equipos médicos privados para operaciones quirúrgicas. Nada de lo dicho por Isaías Fretes, quien ya efectuó cambios en importantes direcciones del IPS, podía ser ignorado por los miembros del Consejo de Administración. Salvo Hassel Jiménez, los otros sostuvieron un calamitoso estado de cosas sin inmutarse, mientras se repetían las “muertes evitables” y los lamentos de los pacientes y sus familiares. Las palabras del nuevo presidente no pudieron haber sorprendido mucho a los corresponsables del colapso. Sabían lo que estaba ocurriendo y nada hicieron para evitarlo, razón por la que no deben continuar aferrados al cargo.
Santiago Peña hará bien en destituirlos de una vez por todas para que en verdad se produzca el cambio que el actual presidente del Consejo de Administración parece querer impulsar. Urge limpiar el IPS, incluyendo en la depuración el cese de quienes contribuyeron al desastre sanitario y administrativo de la entidad previsional, con sus acciones y omisiones imperdonables. ¿Qué espera el jefe del Poder Ejecutivo? Es inadmisible que deficiencias tan notorias, como las señaladas por Isaías Fretes, hayan sido causadas o toleradas por unos consejeros del sector privado, en especial, que traicionaron a sus representados, sin que, por cierto, las organizaciones de empleadores y trabajadores se hayan inquietado lo bastante. Hicieron y dejaron de hacer lo que les venía en gana, sin que Santiago Peña se inquietara mucho.
En su discurso inaugural el jefe de Estado dijo que “en salud, los errores o negligencias se pagan con vidas. Por eso, no habrá una segunda oportunidad para los que fallen”. Y bien, los actuales consejeros del IPS, con una excepción, ya tuvieron demasiadas oportunidades como para que los asegurados y la ciudadanía en general tengan que seguir soportándolos. Su desvergüenza debe tener un límite: ya lo han alcanzado hace mucho, con toda impunidad. Es hora de poner la casa en orden, en homenaje al bien común atacado por la corrupción, la ineptitud y la desidia reinantes en el IPS.
Isaías Fretes da la impresión de querer realizar un buen trabajo; para ello, requiere la colaboración de unos consejeros que tengan un nivel moral e intelectual mucho más elevado que el exhibido por los actuales. Está en manos del Presidente de la República hacer que ello sea posible, por el bien de un país castigado por sinvergüenzas de tomo y lomo, empotrados en todos los niveles de la administración sanitaria.