En medio de una profunda crisis, reiterados escándalos y fundadas sospechas en torno al manejo financiero de la entidad, el presidente Santiago Peña nombró como titular del Consejo de Administración del Instituto de Previsión Social al Dr. Isaías Fretes, médico militar de intachable reputación, y enseguida comenzaron a salir los trapos sucios al sol. El Dr. Fretes alentó a la gente a contar y a denunciar, y a los medios de comunicación a divulgar, y prometió amplia transparencia, “para que los verdaderos dueños del IPS, que son los trabajadores y empresarios que aportan, tengan un total conocimiento de lo que está ocurriendo”.
Si como muestra vale un botón, y ya que se habla de trapos sucios, alertado por una mujer que no identificó, el nuevo presidente se sorprendió al acudir personalmente a la lavandería del Hospital Central y encontrarse con un panorama desolador, con equipos que hace años están sin funcionar por falta de mantenimiento y reparación, siendo esta un área crítica para un centro hospitalario. “Me muestran una planchadora que hace cuatro años está descompuesta, nunca nadie dio bola. De las cinco máquinas lavadoras, dos no funcionan. Nunca a nadie le importó. ¿Qué pasó? ¿por qué piko tanta desidia?”, exclamó en conversación con ABC Cardinal.
Desde luego, el Dr. Fretes no es ningún ingenuo ni cree que lo sea la ciudadanía, por lo que queda muy claro lo que está insinuando. Hace muy poco se adjudicaron contratos de lavado y provisión de sábanas por nada menos que 23 millones de dólares a dos consorcios vinculados entre sí, uno de ellos representado por Juan Carlos Pettengill, hijo del senador Luis Pettengill (ANR-Fuerza Republicana), en un proceso plagado de indicios de irregularidades y sobrefacturaciones, ante la vista gorda de la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas, a cargo de Agustín Encina, y a pesar de una impugnación.
El caso se manejó sigilosamente y solo se supo porque el diputado Mauricio Espínola (ANR-Añetete) mostró la resolución de adjudicación del Consejo, con fecha del 18 de noviembre de 2025. El colegiado estaba entonces presidido por Jorge Brítez e integrado por Gustavo González Maffiodo, Carlos Pereira, José Jara Rojas, Víctor Insfrán Dietrich y José Emilio Argaña Contreras (Argaña y Jara continúan en sus cargos).
Los precios de adjudicación son hasta diez veces mayores de los que se pueden tomar como referencia en el sector privado, pero, además, son hasta 90% superiores a los de una licitación similar del Ministerio de Salud del mismo año, adjudicada a las mismas empresas, algo que fue atribuido a “gasto logístico”, sin más explicaciones, por Derlis León, quien hasta ahora es gerente de Salud del IPS.
Y no solo eso. Con el monto mínimo de la licitación se pueden adquirir 265.000 sábanas de alta calidad a precio de mercado, cuando todo el IPS tiene alrededor de 2.000 camas de internación, 1.300 de ellas en el Hospital Central.
Obviamente, este es solo un ítem, apenas la pequeña punta de un enorme iceberg. El Dr. Fretes debería confrontar a los responsables de cada área para que le rindan cuentas de qué hicieron para controlar y para precautelar los recursos de los aportantes, y actuar en consecuencia.
Por ejemplo, en lo que va de su corta gestión ya identificó obras y servicios abandonados sin ninguna justificación por parte de contratistas ni exigencia por parte de los encargados. Comprobó que había cerca de mil fármacos en la lista de medicamentos que no se usaban y se seguían comprando, por lo que caducaban en los depósitos.
No es de extrañar que, con semejante “desidia” y descalabro administrativo de este antro de corrupción e ineficiencia, solo el fondo de salud tenga un insostenible saldo rojo de entre 20 y 26 millones de dólares por mes, mientras que el fondo de jubilaciones arroja un crónico déficit desde 2020, sin intervención conocida de la flamante Superintendencia de Pensiones.
El Dr. Isaías Fretes, por sus buenos antecedentes avalados por sus pares, merece un voto de confianza, y ojalá pueda sanear la caótica y corrupta administración del IPS. Tiene una ciclópea tarea por delante. Si cumple su promesa de actuar con honestidad, transparencia y firmeza, seguramente se ganará más de un enemigo, dentro y fuera del instituto, pero sin duda tendrá el respaldo y el reconocimiento de la enorme mayoría de los aportantes y de la ciudadanía del país.