Garantizar credibilidad de la supervisión financiera

El Banco Central del Paraguay publicó un comunicado a través de sus redes sociales en el que afirma que el incremento exponencial de la circulación y uso de tarjetas de crédito se debe a un mayor número de usuarios por efecto de la bancarización y no a un aumento generalizado del endeudamiento individual, que es la misma explicación que dio recientemente a propósito del crecimiento del crédito de consumo. El problema con ello es que se contrapone a las alertas manifestadas por el Fondo Monetario Internacional y por la mayoría de los analistas independientes, lo que acentúa temores de sesgos por conflictos de interés en la supervisión financiera. El BCP minimizó la preocupación expresada por el FMI, lo que a más de un memorioso le puede recordar el período previo a la tremenda crisis financiera que sufrió el país en los años noventa, cuando se ignoraron sistemáticamente las advertencias de los organismos multilaterales, con gravísimas consecuencias.

El Banco Central del Paraguay publicó un comunicado a través de sus redes sociales en el que afirma que el incremento exponencial de la circulación y uso de tarjetas de crédito se debe a un mayor número de usuarios por efecto de la bancarización y no a un aumento generalizado del endeudamiento individual, que es la misma explicación que dio recientemente a propósito del crecimiento del crédito de consumo. El problema con ello es que se contrapone con las alertas manifestadas por el Fondo Monetario Internacional y por la mayoría de los analistas independientes, lo que acentúa temores de sesgos por conflictos de interés en la supervisión financiera.

El BCP minimizó la preocupación expresada por el FMI, lo que a más de un memorioso le puede recordar el período previo a la tremenda crisis financiera que sufrió el país en los años noventa, cuando se ignoraron sistemáticamente las advertencias de los organismos multilaterales, con gravísimas consecuencias.

En su último informe, el Fondo puso foco en el crecimiento acelerado y sostenido del endeudamiento en los hogares y del crédito de consumo e instó al BCP y a la Superintendencia de Bancos a mantener vigilados esos indicadores y tomar medidas regulatorias en caso de que sean necesarias.

El crédito de consumo acapara alrededor del 20% del total de la cartera de los bancos y es el principal rubro financiero del país con más de 5.500 millones de dólares a abril de 2026, un 40,63% más que el año anterior.

En cuanto a las tarjetas de crédito, a mayo de 2026 el saldo de deuda de personas físicas y jurídicas fue de 7 billones de guaraníes, un 30% más que en el mismo mes de 2025, y un 50% más si se consideran las líneas inferiores a 3 millones de guaraníes, que es el segmento que, proporcionalmente, más se está endeudando por esta vía. Si se compara con 2024, el salto es del 63% en general y de 128% en el del rango de hasta 3 millones, cuyo saldo deudor pasó de 720.000 millones a 1,6 billones de guaraníes.

Por otra parte, el número de personas físicas con tarjeta de crédito pasó de 688.000 en 2024 a 1.569.790 en 2026, con la particularidad de que el mayor crecimiento se produjo, justamente, entre las personas de menos ingresos con líneas menores a 3.000.000 de guaraníes, donde el número de usuarios aumentó casi 200% en dos años.

El Banco Central insiste en que es normal y que no hay nada que temer, pero eso discrepa con la opinión técnica de la mayoría de los analistas consultados por ABC Color, que de manera prácticamente unánime expresan sus inquietudes, sea de manera pública o fuera de micrófono.

Para afirmar que el aumento exponencial y atípico de tarjetas de crédito y de préstamos de consumo es un comportamiento natural del mercado impulsado por la mayor bancarización y el crecimiento económico, uno de los aspectos que el BCP y la Superintendencia de Bancos deberían considerar es si se trata de un fenómeno generalizado que se replica de forma más o menos pareja en la mayoría de las entidades del sistema y en los distintos quintiles socioeconómicos, o si, por el contrario, está concentrado solo en unas pocas instituciones y en un determinado sector de la población, como parece ser el caso.

Otro indicador importante que el BCP y la SIB deben monitorear es la verdadera rentabilidad de las operaciones de baja denominación para consumo, que son las que más crecen, con el fin de asegurar que el modelo sea sostenible y no derive en problemas para los propios deudores, para los bancos acreedores y para los dueños de esos depósitos, tanto privados como públicos, especialmente el Instituto de Previsión Social.

Asimismo, es preciso garantizar que se están utilizando correctamente esos recursos, dentro de las normas de prudencia, con criterios de riesgo aceptables, bajo estricta supervisión y para negocios no vinculados con los accionistas de las mismas entidades financieras.

Es de esperar que el BCP esté atendiendo los indicios preocupantes advertidos por organismos internacionales, ya que estos no se pueden minimizar. La crisis financiera de los años noventa le costó a Paraguay el equivalente del 12% del PIB, lo que a números de hoy supone unos 7.200 millones de dólares. El IPS sufrió enormes pérdidas, lo mismo que el BCP, que se subrogó de deudas de los bancos quebrados y no recuperó ni una mínima parte, mientras que la economía experimentó varios años de recesión o estancamiento. La causa principal fue la deficiente supervisión y el no haber intervenido a tiempo para precautelar los ahorros y la salud del sistema. Que no se repita la historia.