Así se empieza

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El 25 de marzo de 1977 se introducía una enmienda a la Constitución Nacional de 1967, para establecer la posibilidad de reelección indefinida de Alfredo Stroessner.

Stroessner llevaba ya en ese entonces como presidente 23 años, producto de la interpretación de que su asunción en 1954 fue para completar el periodo presidencial de 1958, y de que fue electo para los periodos 1958-1963 y 1963-1968, considerando que la Constitución de 1940 establecía que el presidente solo podría ser reelecto por un periodo más.

Pero como ocurre con las dictaduras, antes de concluir ese último periodo se elaboró una nueva Constitución, la de 1967, que establecía nuevamente la posibilidad de reelección por un periodo más, consecutivo o alternativo, estableciendo a los efectos de la elegibilidad y reelegibilidad del Presidente de la República que solo tomarían en cuenta los periodos que se hayan cumplido desde ese entonces.

En síntesis, una arquitectura legal, establecida para que el dictador se perpetúe en el poder, que se presentó primero como una nueva Constitución, y luego como una enmienda que permitió que Stroessner siguiera en el poder hasta ser derrocado por su consuegro Andrés Rodríguez casi 12 años más tarde, para completar casi 35 años como presidente.

Una larga dictadura que hizo que los constituyentes de 1992 blindaran toda posibilidad de simplificar atajos, estableciendo que el Presidente NO PODRÁ SER REELECTO EN NINGÚN CASO y que si se deseare modificar esta disposición incluida en el artículo 229 de la duración del mandato, deberá serlo exclusivamente a través de una reforma.

Conviene recordar estas maniobras con ropaje legal de la dictadura stronista, en días en los que oportunistas del cálculo electoral pretenden bastardear una discusión tan importante sobre una figura constitucional, para reducirla a una simple “cuestión política” como declaró esta semana el senador liberal Fernando Silva Facetti para justificar su actitud pendular y dubitativa, tras haber rechazado hace cuatro meses la figura de la reelección.

Y hablando de la reelección en sí. ¿Reelección continua? ¿Reelección alterna? ¿Reelección indefinida? ¿Seguir prohibiendo la reelección? Son varias las posibilidades y la discusión no es tan simple como plantean los oportunistas. ¿O con qué criterios van a intentar decidir cuál de estas modalidades es la que se somete a consulta?

#QueLaGenteDecida, sí, pero que lo haga no con un libreto de reelección cocinado por una mayoría coyuntural, sino a través del camino constitucional y más legítimo, una nueva Asamblea Nacional Constituyente que analice una reforma de la Constitución.

Algo tan serio como la posibilidad de reelección de un presidente, en una sociedad con una historia tan castigada por dictadores e inestabilidades políticas, que reforzaron una cultura autoritaria hacia el más débil y de servilismo y sumisión hacia el más fuerte, merece un tratamiento serio y respaldado por una decisión ampliamente legítima.

Y seguirán corriendo ríos de tinta. Eso es seguro. Porque así es la defensa de los principios frente al mbarete, las ambigüedades y los especuladores.

guille@abc.com.py