Hace diez años, Caio Scavone (1950-2019) publicó en su espacio “Desde el Ybytyruzú”, en ABC Color, reveladores datos sobre la presencia de la frutilla en estos lares bajo el título “Están en Estanzuela”. “La Fragaria sp., nombre científico de la frutilla, debe ser una de las plantas que tienen una pulpa tan rica como su misma historia. Es originaria de la costa occidental de América del Norte y se estima que las aves migratorias la hicieron viajar hace miles de años hacia las costas del centro y sur de Chile, y en donde los mapuches la cultivaron”, comienza el escrito de Caio.
Agrega que “al primer historiador chileno, el sacerdote jesuita Alonso de Ovalle (Santiago 1601 - Lima 1651), le llamó la atención la tan buena fragancia y el dulzor de esos frutos que comenzó a cultivarla. La planta fue clasificada por Ovalle como Fragaria chiloensis. Los frutos eran de color blanco y no del tinte rojo que tiene hoy día la frutilla”.
“Unos 100 años después, en el año 1712, un ingeniero militar y naval francés, François Frézier, llevó desde Chile una centena de plantas a Francia, y solo pudieron llegar unas cinco con vida. El resto sucumbió durante el largo viaje marítimo. Los primeros híbridos fueron obtenidos en Francia en el siglo XVIII. La rica y dulce historia finaliza en Brest, Francia, en el año 1766, después del cruzamiento de la Fragaria virginiana, procedente de los EE. UU., y la Fragaria chiloensis, proveniente de Chile. Este primer híbrido fue el motor propulsor de la producción comercial de todas las frutillas que hoy conocemos. Los franceses unieron las fresas americanas y chilenas, y hoy la biotecnología se encarga de mejorarlas cada vez más”, explica Caio Scavone como resultado de sus investigaciones.
Un ruso que vino de París
Se puede decir que la presencia o las primeras producciones de la frutilla en Paraguay está muy ligada a los rusos blancos. A la arquitecta Lucía Gióvine, quien más sabe de los rusos en nuestro país, siempre le llamó la atención el nombre de Emilyan Litvinenko, nacido en Kiev, entonces Rusia, en 1900 y que había emigrado a nuestro país en 1935, tras finalizar ya la Guerra del Chaco.
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Las referencias obtenidas por la investigadora siempre daban cuenta de que este ciudadano ruso, rubio, de ojos verdes, soltero, de profesión mecánico, vivía en Areguá y fue quien introdujo en su huerta las primeras frutillas que crecieron en el Paraguay, pese a que era lisiado. “Suponemos que habría perdido el brazo durante la Primera Guerra Mundial o quizás durante la Revolución rusa de 1917”, comenta. Sin embargo, hallar documentación y datos precisos era lo difícil. Según los datos obtenidos por la Arq. Lucía Gióvine en el departamento de Identificaciones de la Policía, llegó al país el 4 de septiembre de 1935, figuraba como su lugar de residencia Presidente Franco y Yegros, en Asunción. También certifica en observaciones que “presentó certificado de conducta francés, expedido en París el 31 de julio de 1935. Carece de ojo izquierdo y antebrazo derecho”.
El dato lo confirma Caio Scavone en su comentario: “Las primeras fresas fueron introducidas en el Paraguay en Areguá en el año 1930 por unos productores rusos, encabezados por Emilio Litvinenco (tenía un solo brazo pero trabajaba como si tuviera cinco) y Alejandro Yacouclew, secundados por algunos agricultores italianos, como el señor Pedro Comelli, quien ya en esa época cultivaba y enseñaba la técnica de producir la frutilla y unos ‘dulces caseros’ de gran excelencia y preferencia. Una mención especial a los primeros cultivadores paraguayos, como Atanacio Duarte, Juan Ferreira, Manuel Quintana, Antonio Robles y otros precursores aregüeños e itaugüeños”.
Alejandro Iakowlew, el segundo protagonista de la historia de la frutilla en nuestro país, según datos obtenidos por Lucía Gióvine, nació en Kaminski, Rusia, en 1899, tenía ojos azules y cabello castaño y llegó al Paraguay el 6 de noviembre de 1935. Estaba casado con Nadin Karmansky y fijó residencia en Garibaldi Nº 11 y Eligio Ayala de Asunción. En las observaciones dice que presentó pasaporte francés expedido en Órleans en 1926. Era normal que los rusos blancos se refugiaran en Francia antes de partir hacia Sudamérica.
Expansión frutillera
El artículo más arriba citado de Scavone, que tomamos como punto de partida, data de diez años atrás. Lo escribió en 2015 y en esa época mencionaba que “unas 65 hectáreas y 400 productores de esta maravillosa fruta se tienen hoy en la zona de Areguá y Estanzuela, y la producción de unos 2 millones de kg/año”.
Entonces hablaba también de la Expo Frutilla que empezó en el año 2000 presentando licores, tartas y tortas, mermeladas, dulces, pulpa en almíbar, jugos. Se completaba la feria con canastitas fabricadas en Itá, envases, etiquetas y todo el resto de las actividades que complementaban y fortalecían esa “cadena productiva” de la frutilla.
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Caio destacó el trabajo de varias instituciones entre la Gobernación de Central, municipios de la zona, Compacop, la Red del Sur, Ministerio de Agricultura, Ministerio de Industria y Comercio y productores entonces encabezados por su presidente, Carlos Quintana, con 115 socios frutilleros para echar a rodar la Expo Frutilla. “El comité es un ejemplo, y cuenta con un centro de acopio, en donde también comenzaron a acopiar, procesar y darle vida al valor agregado con la pulpa de mango, mburukuja, piña, melón y guayaba. Todos aportaron y están en Estanzuela”, sostiene en el artículo.
Festival Nacional de la Frutilla
Si bien este año se celebra la 26ª edición de la Expo Frutilla, los antecedentes se remontan a medio siglo atrás. De acuerdo a datos recabados del Archivo de ABC Color, la exposición de las frutillas aregüeñas y su difusión empezó a cobrar fuerza en 1971 con la “Semana del Turista”, que iba del 10 al 17 de julio con sede en Asunción y ciudades cercanas. Cada poblado participante tenía un día para ofrecer su mejor atractivo y esa vez comenzó con Areguá, que presentó el Festival de la Frutilla, el cual incluía exposición y venta de productos tradicionales: cerámica, alfarería, dulces. El programa se cerraba por la noche con un baile y elección de reina.
Dado el éxito logrado en aquella ocasión por la “Villa Veraniega de Areguá”, al año siguiente se organizó el II Festival Nacional de la Frutilla en Estanzuela durante una semana en septiembre y se hizo tradición durante toda la década.
“Durante esa semana, la comunidad aregüeña piensa ofrecer a los ojos de sus visitantes una imagen renovada a través de la puesta en ejecución de numerosas iniciativas que se traducirán en exposiciones de sus productos del agro, su artesanía y una muestra de antigüedades, montada con piezas proporcionadas por las mismas familias aregüeñas”, decía la crónica.

También mencionaba entre los productores a Manuel Quintana, quien producía las variedades Monte Alegre, Florida y Margarita, cuyas semillas fueron traídas desde el Brasil por el Ministerio de Agricultura para proporcionarlas a los frutilleros. Entonces, en Estanzuela, casi todos los pobladores se dedicaban al cultivo de frutillas y don Manuel llevaba la delantera con tres hectáreas con 300.000 plantas, suficientes para cosechar 2.000 kilos por día durante 90 días. Se comercializaba en Asunción en hoteles, restaurantes y confiterías. Durante el Festival Nacional se colocaban en macetas y se vendían las plantas.

Durante el III Festival Nacional de la frutilla, en 1973, la promoción ya llegó hasta la calle Palma, donde el Centro de Desarrollo Comunal de Areguá (Cedeca), que era el organizador actos culturales, obsequiaba plantas durante la clausura.
El evento se convirtió en una tradición durante las décadas del 70, 80 y 90. Incluso, en 1990 se lo denominaba ya Fiesta y Semana Nacional de la Frutilla, y lo inauguró el entonces presidente de la República, general Andrés Rodríguez. Participaban unos 500 artesanos.
Luego, en el año 2000, nació la primera Expo Frutilla, organizada por el comité de socios productores de frutilla de Estanzuela sobre la ruta Areguá-Patiño, km 33,5 de la vía Férrea.
Si bien la frutilla no es de los frutos típicos del Paraguay ni forma parte de la gastronomía guaraní, hoy día la marca la temporada de sabor y color desde Areguá. Graciela Martínez, en su libro Poytáva, incluye la receta de una mermelada a nuestro estilo Paraguay, y Dionisio González Torres en su Catálogo de plantas medicinales (y alimenticias y útiles) usadas en Paraguay, al igual que el mismo Caio Scavone en su obra Propiedades medicinales de las plantas, hablan de sus valores nutritivos y curativos.
Podría decirse que desde los huertos y chacras de Areguá, la frutilla se ha expandido a casi todo el país de la mano de los primeros rusos blancos, que no solo aportaron a la defensa del Chaco, sino también al progreso del país.
