Esta juventud nativa digital que practica la sobriedad consciente, se reúne en las casas, forman coros y teatros comunitarios. La ola de sobriedad es uno de esos fenómenos de los que se oye y se lee mucho. Una chica Z dice que nadie quiere ser la persona que ha tomado un poco demás en la fiesta. Que nadie simpatiza con una persona ebria.
Es la primera generación que creció con teléfonos inteligentes y redes sociales desde la infancia. Valora el bienestar emocional tanto como el físico, tienen mucha conciencia social y muestra un marcado compromiso con el activismo, el cambio climático y la diversidad. Se manejan con pragmatismo financiero porque buscan la estabilidad económica, después de ver las crisis financieras que atravesaron sus padres.
Priorizan la salud mental y estar en control, lo que obliga a la industria a reinventarse con una fuerte apuesta por el mercado de bebidas sin alcohol y opciones funcionales. Durante los últimos cuatro años, el sector del alcohol ha perdido más de 830 mil millones de dólares.
Las grandes marcas de cerveza, vino y licores amplían su catálogo sin alcohol con ingredientes botánicos o adaptógenos.
Los bares y boliches también se amoldan ofreciendo experiencias inclusivas para quienes eligen la sobriedad temporal o total.
El movimiento de la sobriedad consciente es una tendencia cultural y de bienestar que invita a cuestionar y reevaluar la relación personal con el alcohol. Propone cuestionarse el consumo automático por inercia o presión social, recapacitar sobre cuándo, cómo y por qué se bebe, priorizando la salud de la mente y el cuerpo. La corriente de la sobriedad consciente está en pleno apogeo, impulsado principalmente por las generaciones más jóvenes, que prestan más atención a los efectos nocivos del consumo de alcohol.
Reducir el consumo de alcohol tiene muchas ventajas, como mejorar el rendimiento deportivo o ayudar a perder peso, y las generaciones más jóvenes parecen estar marcando la pauta a la hora de tomar decisiones más saludables.
La Generación Z está transformando hábitos de consumo que durante décadas parecían inalterables. Diversos análisis también indican que para evitar el consumo de alcohol, y bajo la idea de lugar seguro, los jóvenes organizan encuentros caseros y no en boliches, para poder disfrutar de una fraterna sana amistad. Gran diferencia con el lado oscuro de las fraternidades colegiales basadas en una cultura de excesos, novatadas violentas, abuso masivo de alcohol y una lealtad ciega al grupo silenciador de delitos, abusos físicos y psicológicos bajo una fachada de hermandad y prestigio. Hoy se cambia fraternidad por comunidad con razón suficiente, porque fraternidad, fratres, es patriarcal y defensiva.
Desde la resistencia de la sobriedad no se recurre ni a la defensa ni a la ofensa, sino al compartir y disfrutar sin el sufrimiento de la resaca.
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