La que cambió las reglas

La escritora y premio Nobel de Literatura Toni Morrison, una de las grandes autoras contemporáneas en lengua inglesa y una de las editoras que más hizo por contrarrestar los sesgos discriminatorios y expandir las fronteras del canon literario estadounidense, ha muerto el lunes por la noche en su casa de Nueva York a los 88 años de edad.

Ángela Davis (a la izquierda) y Toni Morrison (a la derecha) caminando por las calles de Nueva York en 1974.
Ángela Davis (a la izquierda) y Toni Morrison (a la derecha) caminando por las calles de Nueva York en 1974.

Toni Morrison tenía casi cuarenta años cuando publicó su primera novela, Ojos azules, en 1970, con juego de palabras incluido en el título –blue, azul, pero también triste–, la historia de Pecola, aquella niña negra que quería tener ojos tan azules como los de las lindas muñecas con las que jugaban las niñas blancas; Pecola, aquella niña negra a la que su padre violó y que terminó volviéndose loca.

La crítica no prestó demasiada atención a esa primera novela. Tampoco se la prestó a la segunda, Sula, publicada en 1973. Pero Morrison insistió –publicó once novelas– una y otra vez, y, como todos sabemos ya a estas alturas, su obra literaria recibió finalmente honores que en otro tiempo hubieran sido impensables en una sociedad como la nuestra, fundada sobre mecanismos de exclusión. Sus siguientes títulos fueron conquistando poco a poco tanto al público como a la crítica, y cuando Beloved, publicada en 1987 –y que sería llevada al cine en 1998–, novela inspirada en una historia real del siglo XIX, la de la esclava Margaret Garner, y considerada por muchos su obra maestra, quedó fuera de la lista de los libros finalistas para el National Book Award, cuarenta y ocho escritores enviaron una carta de protesta. Cinco meses después, le dieron el premio Pulitzer. Y en 1993 Morrison se convirtió en la primera mujer negra que recibió el premio Nobel de Literatura.

Toni Morrison escribió historias de odio, ese odio que no desestabiliza sino que vertebra sociedades. Y al escribir historias de odio, de odio racista, de odio misógino, Morrison rastreó los patrones de pensamiento y comportamiento con los cuales se define quién es aceptado y quién queda fuera. Siguió la pista de las ubicuas, solapadas reglas del juego de la exclusión. Fue el suyo un largo trabajo intelectual y literario, un trabajo de creación y también de intervención crítica sostenida, insistente, en la escena contemporánea. Un trabajo de escritura y también de presencia consciente en los debates sobre los problemas de la sociedad en la que desarrollaba esa escritura. Un trabajo que realizó a lo largo de toda su vida y que la integra a las filas de esa combativa tradición moderna en la que se cuentan autores como James Baldwin. Un trabajo cuyos logros son por eso, al tiempo que literarios, también sociales y políticos.

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Un trabajo que realizó como escritora y también como editora. Durante los casi veinte años que pasó en ese puesto en Random House, apoyó generosamente a otros autores editándolos. Editó, entre otras obras decisivas, las memorias de Angela Davis y las de Mohamed Alí y The Black Book, de Middleton Harris, compilación de imágenes que forman un imponente relato sobre la experiencia de ser negro en Estados Unidos: fotografías de soldados negros en brillantes uniformes y de felices familias negras, de patentes de máquinas de inventores negros y de las primeras estrellas negras de cine, y fotografías de hombres blancos sonriendo a la cámara durante el linchamiento de algún negro; The Black Book fue el libro que puso a millones de ojos frente a la realidad de un crimen, el de haber destruido y seguir destruyendo vidas negras a sabiendas o sin querer saberlo.

Toni Morrison murió el lunes por la noche en su casa de Nueva York a los 88 años de edad. Tras una infancia económicamente precaria, cuando era adolescente repasó pisos, lavó ropa y ollas y barrió salas y patios como empleada doméstica de familias más acomodadas. «En otros tiempos», dijo una vez, «solía quejarme amargamente porque las feministas blancas, para ir a sus importantes reuniones, dejaban en sus mansiones a sus empleadas domésticas». Hija de un obrero y un ama de casa, nació en 1931 en Lorain, Ohio, y la bautizaron con el nombre de Chloe Ardelia Wofford. El trabajo de su vida fue escribir y poner en cuestión con su escritura los términos del juego de escribir establecidos en el mundo al que llegó, y que nos deja distinto y mejorado. Gracias, Toni; te vamos a extrañar.

montserrat.alvarez@abc.com.py

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