Las brillantes exiliadas del Sargento Pimienta

Cierre del 2019 y bienvenida al 2020, el evento «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band: The Immersive Experience» (19 de diciembre del 2019-9 de enero del 2020) acaba de concluir este mes en Liverpool. Julián Sorel atrapa ese pretexto para hablarnos hoy del célebre álbum de los Beatles.

Las brillantes exiliadas del Sargento Pimienta
Las brillantes exiliadas del Sargento Pimientagentileza

Como regalo de Navidad, en diciembre se inauguró en Liverpool «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band: The Immersive Experience», evento gratuito que acaba de concluir en estos días. Atrapo al vuelo ese pretexto para recordar el álbum y –como se ha hablado ya de sobra de lo que contiene– comentar, con Geoff Emerick, ingeniero de sonido de los Beatles, lo que excluye.

Packaging mitológico

En la portada del Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band, abigarrado panteón mitológico de la primera mitad del siglo XX con algunos invitados del XIX, los Beatles exponen su consciencia de ser parte de la historia de un nuevo modo, no necesariamente, tal vez en el fondo ni siquiera principalmente, como músicos. Rodeados de figuras semejantes en esto a ellos, es decir, de «celebridades» de toda índole (científicos, boxeadores, músicos –pocos–, humoristas, escritores, actores, artistas, sex symbols, políticos, deportistas… famosos, en una palabra), los cuatro posan en bélicos, coloridos uniformes, solemnes y paródicos a un tiempo, legitimando las nuevas pretensiones intelectuales de la cultura pop.

Déjà vu

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Hito sociocultural, disco inteligente, encantador incluso, y tema potencialmente fecundo desde diversas perspectivas posibles, es, por paradoja, recargado invariablemente con entusiasmos repetidos, fanatismos trillados, consignas obligatorias («el mejor álbum de la historia», etcétera). Como apuntaba el crítico musical Diego A. Manrique en el diario español El País hace un tiempo, «Conviene tomar precauciones con los automatismos. Por ejemplo, mencionar Sgt. Pepper’s Lonely Hears Club Band y añadir la coletilla de “el mejor disco de todos los tiempos”, como se ha reiterado estos días. Y no. Ni siquiera es la obra cumbre de los Beatles».

En rigor, las que hubieran sido sus dos grandes canciones no figuran en ese álbum. Lo cual no quiere decir que no sea un buen álbum. Pero, ya que se ha hablado y se seguirá hablando de sobra de lo que contiene, recordemos hoy un momento lo que excluye. No nosotros: cedamos la palabra a alguien que estuvo allí, lo que será más ameno.

El álbum en el que todo estaba permitido

Geoff Emerick, (Londres, 1946) entró a los quince años, como asistente del ingeniero Norman Smith, en EMI, y en los estudios del sello asistió a la primera grabación de los Beatles en Abbey Road. Era septiembre de 1962 y, con el nuevo baterista, Ringo Starr, tocaron «Love Me Do».

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A comienzos de 1966, el productor del cuarteto, George Martin, le ofreció ser ingeniero de los Beatles. Trabajó en la grabación, que comenzó el 6 de diciembre de 1966 y duró 129 días, del álbum en el que todo –swarmandal, letras lisérgicas, sitar, pedales de wah-wah y distorsión, melotrón, los quince compases de la orquesta tocando sin partitura en el último tema…– estaba permitido: Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band. En Here There and Everywhere: My life recording the music of the Beatles (2006), libro escrito con Howard Massey, cuenta cómo Penny Lane y Strawberry Fields Forever, que iban a ser parte de él, se lanzaron antes en un single.

Strawberry Fields Forever

«Hacía cinco meses que no había visto al grupo, pero podrían haber sido cinco años. De entrada, todos habían cambiado de aspecto. Con atuendos de colores y mostachos a la moda (George Harrison llevaba incluso barba), estaban a la última, el epítome del Swinging London de 1966. Vestido con mi traje y mi corbata “convencionales” de siempre, sentía envidia. “¡Maldito código de vestimenta de EMI!”».

En una reunión sobre el próximo álbum entre los cuatro Beatles, su productor, George Martin, y Geoff, Martin dijo:

–Bueno, vamos a trabajar. ¿Qué me han traído?

John contestó que tenía algo bueno. Y así fue:

«Desde la primera nota quedó claro que la nueva canción de Lennon era una obra maestra. Había creado un homenaje delicado y casi místico a un lugar misterioso al que llamaba Strawberry Fields. Yo no tenía ni idea de qué trataba la letra, pero las palabras eran cautivadoras, como un poema abstracto, y había algo mágico en el inquietante y lejano timbre de la voz de John. Cuando terminó, hubo un asombrado silencio, roto por Paul, que en tono suave y respetuoso se limitó a decir: “Es absolutamente genial”».

Penny Lane

John solo tenía una vaga idea de cómo quería grabar Strawberry Fields Forever, pero Paul tenía muy claro qué instrumentación quería en Penny Lane. George Martin recibió el encargo de hacer un arreglo para flautas, trompetas, flautín y fiscorno; se le sumaron oboes, trompa y contrabajo. «La campana de bomberos que toca Ringo salió del armario de efectos especiales que había bajo la escalera del estudio 2. Si los Beatles se quedaban encallados con un overdub, iban al armario a buscar algún artefacto (había parafernalia de sobra: máquinas de viento, de truenos, campanas, silbatos). Siempre que veíamos la puerta abierta, sabíamos que iba a ocurrir algo divertido».

Con todo eso, «el bajo estelar y la soberbia voz de Paul (con coros de John y George)», escribe Geoff, «a mis oídos el tema empezaba a sonar pleno, refinado y completo. Pero Paul no pensaba lo mismo. Seguía buscando el toque mágico, y la inspiración le llegó en su casa cuando vio por televisión una interpretación del Concierto de Brandenburgo nº 2 de Bach».

–¿Qué era eso, la trompetilla que tocaba ese tío? –preguntó Paul a la noche siguiente, en el estudio–. ¡El sonido que le sacaba era increíble!

–«Eso» es una trompeta barroca –replicó George Martin–, y el «tío» que la tocaba se llama David Mason y es amigo mío.

–¡Fantástico! –exclamó Paul–. Hagámosle venir y que la añada al tema.

El primer trompeta

«Al cabo de unos días», prosigue Geoff, «me encontré colocando cuidadosamente un micrófono delante de Mason, bastante conocido en el mundo de la música clásica como primer trompeta de la prestigiosa Royal Philharmonic Orchestra. El problema era que no había una partitura preparada para él, y tuvo que permanecer sentado durante horas escuchando a Paul tatarear los arreglos que oía en su mente, mientras George Martin transcribía las notas a mano. Por entonces, tocar en una sesión de los Beatles era un importante encargo, y supongo que Mason consideró prudente guardar la compostura, aunque estoy seguro de que la falta de preparación debió poner a prueba su paciencia. Por fin se consiguió una partitura a satisfacción de Paul, que fue a la sala de control a escuchar mientras hacíamos rodar la cinta. Como el verdadero profesional que era, Mason tocó a la perfección al primer intento, incluyendo el solo extraordinariamente exigente que terminaba en una nota alta casi imposible de alcanzar. Fue, sencillamente, la interpretación de su vida».

El single

El melotrón en Strawberry Fields Forever y la construcción de Penny Lane capa a capa, recuerda Geoff, abrieron nuevos caminos en el mundo de la grabación. «Ese día hicimos la mezcla que fue enviada a Capitol en Estados Unidos para entrar en fabricación, pues George y Brian decidieron que Penny Lane y Strawberry Fields Forever compondrían el esperadísimo single de los Beatles, decisión trascendental que eliminó ambas canciones del álbum Sgt. Pepper.» Penny Lane y Strawberry Fields Forever formaron un sencillo de 45 rpm.

Penny Lane / Strawberry Fields Forever

The Beatles, 1967

Temas:

01. Strawberry Fields Forever

02. PennyLane

Formación:

John Lennon: guitarra rítmica, voz

Paul McCartney: bajo eléctrico, piano, voz

George Harrison: guitarra solista, voz

Ringo Starr: batería, voz

juliansorel20@gmail.com

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