Para una historia del ajedrez y la literatura en Paraguay

Revista Juventud Nº 36, 1 de octubre de 1924.
Revista Juventud Nº 36, 1 de octubre de 1924.Archivo, ABC Color

Posiblemente ya se jugaba ajedrez en Paraguay antes de la Independencia. Este artículo habla de partidas entre el mariscal López y el obispo Palacios, de cenáculos ajedrecísticos en la posguerra de la Triple Alianza, de un comentario en la revista Crónica de 1914 sobre la creación del Club Nacional de Ajedrez, de textos de Rafael Barrett sobre este deporte, de una sección de la revista Juventud dedicada al ajedrez desde Sapucai en 1924, de Juan Silvano Díaz-Pérez, que en 1938 –mucho antes de prologar a Herib Campos Cervera y de ayudar a Julio Correa a compilar sus poemas– se coronó campeón de ajedrez… En suma, de los vínculos entre las letras y el «deporte ciencia» en nuestro país.

Era 1913. En alguna casa de Asunción, aún no sé dónde, un grupo de jóvenes, que en su mayoría no llegaban a los veinte años, fundaron una revista. Luego fueron a un bar, del que tampoco sé el nombre, para celebrar. Este no es un detalle menor, pues eran conocidos como escritores y como bohemios. La revista se volvió leyenda, y también el grupo de jóvenes, pues hicieron, de alguna manera, historia. La revista se llamaba Crónica, salía quincenalmente y se ocupaba de literatura, artes y ciencias. Entre sus integrantes estaban Roque Capece Faraone, Leopoldo Centurión (Leo Cen), Pablo Max Insfrán y el poeta Guillermo Molinas Rolón; poco después de la fundación, se les sumó el caricaturista Miguel Acevedo, al que conocieron cuando irrumpió con caricaturas de personajes célebres en el Petit Boulevard de Palma. Figuras como Serafina Dávalos o Manuel Domínguez auspiciaban la revista. Los jóvenes escribían semblanzas de intelectuales de la época, como Viriato Díaz Pérez, Fermín Domínguez o Juan Silvano Godoy, publicaban artículos de Rafael Barrett –muerto hacía poco–, defendían el estilo de escritura de Enrique Gómez Carrillo y difundían la poesía, la dramaturgia y la narrativa del Paraguay.

La revista duró poco: de 1913 a 1915. Varios de sus protagonistas fallecieron jóvenes. Miguel Acevedo, a los 26 años; Leopoldo Centurión, a los 29; Capece Faraone, a los 34. Hasta ahí, la historia es conocida y debatida por los investigadores de la literatura. Lo que no se había contado es que, en esa misma revista, entre cuentos y poemas, también se hablaba de ajedrez.

Fue el azar, o un enroque del destino el que me llevó a hojear ejemplares centenarios de Crónica en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional por si encontraba más indicios sobre sus integrantes. Buscando los textos de Capece, los cuentos de Leo Cen, los poemas de Molinas Rolón, repasé ejemplares ya curioseados en el pasado, de quincena a quincena, de mes a mes, hasta que me topé con un jaque. En el número 37, fechado el 30 de septiembre de 1914, encontré esto: «acaba de constituirse el Club Nacional de Ajedrez, bajo la presidencia del señor Evaristo Arzamendia». Anunciaban que desde ese momento dedicarían una sección al ajedrez. Lastimosamente, Crónica estaba a punto de cerrar su ciclo, pues en 1915 dejaron de publicarla. No he podido averiguar quién fue el señor Evaristo Arzamendia; acaso este artículo sirva para encontrar más datos sobre este difusor del ajedrez en 1914. Quizá debamos buscarlos en los medios impresos entre octubre y diciembre que se conservan en la Hemeroteca. La constitución del Club Nacional de Ajedrez demuestra que, ese año, alfiles, peones, caballos y torres ya tenían una presencia mayor en el Paraguay.

Me llamó la atención que el artículo hubiera sido escrito en 1914: el mismo año en que Evaristo Arzamendia presidía el Club Nacional de Ajedrez, y en la misma ciudad, nacía Juan Silvano Díaz-Pérez, el primer campeón de ajedrez. Su padre, Viriato Díaz-Pérez, era colaborador de Crónica; también podremos encontrar el nombre de su abuelo materno, Juan Silvano Godoy, en los artículos de Crónica. Ante estos datos nuevos, y buscando conectores entre la mención del Club Nacional de Ajedrez y el natalicio del primer campeón de ajedrez, la curiosidad me obligó a pedir prestado a un entrañable amigo el libro de Juan Silvano Díaz-Pérez Ensayos, poemas y ajedrez (1). Lo pedí prestado porque es difícil de conseguir, tanto en librerías de nuevos como de usados: fue un homenaje póstumo de su familia, editado en Estados Unidos en 1996, y tuvo poca circulación en Paraguay. Sirva, de paso, este artículo también para aclarar públicamente que le devolveré el libro a su gentil propietario.

Leopoldo Centurión (Leo Cen) visto por Miguel Acevedo en 1914
Leopoldo Centurión (Leo Cen) visto por Miguel Acevedo en 1914

Cuenta en ese libro Juan Silvano Díaz-Pérez que Francisco Solano López verificaba partidas con el obispo Palacios. Escribe que en 1898 los circuitos de ajedrez se reducían a cálidas reuniones hogareñas en torno a D. Juan Ascencio Aponte y en casa de su abuelo materno, don Juan Silvano Godoy, y que luego los adictos, digo adeptos al «torbellino de los jaques y mates» se nuclearon en pequeños cenáculos. Cenáculos ajedrecísticos que fueron muriendo sucesivamente. Hasta que, luego de la Guerra del Chaco, se creó oficialmente el Círculo Paraguayo de Ajedrez, que en junio de 1936 comenzó la promoción de torneos.

Revisando otros libros, y según lo que he podido reconstruir, Juan Silvano posiblemente jugaba al ajedrez en estos cenáculos, posiblemente con su primo Herib Campos Cervera, nacido en 1905. Resalto que Herib tenía 9 años cuando apareció en Crónica el artículo sobre ajedrez. En 1923, cuando cumplió 18 años, Herib inició su participación en la revista Juventud. Entonces, busquemos alguna pista en Juventud, me dije. Revisé la revista, vi las colaboraciones de Herib, las ilustraciones de Juan Ignacio Sorazábal, otras colaboraciones, como las de Julio Correa y Josefina Pla, ensayos de Rafael Barrett… hasta que llegué al 1 de octubre de 1924, fecha del inicio de sus publicaciones sobre ajedrez, remitidas por Pedro Montórfano desde Sapucai. Dice la presentación de la sección:

«El noble juego de ajedrez que va teniendo tantos cultores en nuestro país, constituyéndose con tales fines varios centros que funcionan en la capital y campaña, obliga de nuestra parte una palabra de apoyo y estimulo. Y con el convencimiento de poder ofrecer algún interés a los aficionados dedicamos, desde el presente número, una página a este deporte a cuya solución presentamos un problema remitídonos por nuestro agente en Sapucai señor Pedro Montórfano».

En 1927, el último año de la revista Juventud, cuando Herib tenía 22 años y Juan Silvano 13, llegaban a los medios paraguayos noticias de las partidas del campeonato mundial en Buenos Aires: Alekhine contra Capablanca. Imagino a los ajedrecistas paraguayos siguiendo las noticias que citaban las jugadas hasta que el cubano perdió, para sorpresa mundial, su corona.

Herib sabía jugar ajedrez, pero lo de Juan Silvano era pasión. Según lo que investigué, Herib incursionó en la física cuántica, y finalmente se refugió en la poesía. Juan Silvano estudió Derecho, investigó sobre poesía y siguió su pasión por el ajedrez como pudo. El lazo entre los primos era fuerte; tenían las mismas concepciones políticas y literarias.

Un problema de ajedrez en la revista Juventud.
Un problema de ajedrez en la revista Juventud.

Juan Silvano, al igual que su primo, amaba la literatura, y al igual que su primo participó en los movimientos estudiantiles de su época. Pero siempre fue innegable su pasión por el ajedrez. En el libro póstumo de Juan Silvano encontré un ensayo sobre la generación literaria del 98 español y un hermoso escrito en homenaje al francés Philidor, titulado «El alma del juego», que trata de la importancia de los peones. También breves anotaciones en torno al ajedrez paraguayo. Sé que sus primeros textos sobre ajedrez los escribió en la guerra del Chaco. Fue uno de los primeros paraguayos en competir internacionalmente, en el torneo sudamericano de ajedrez en San Paulo, en 1937. En 1938 ganó el primer campeonato oficial de ajedrez del Paraguay; repitió la hazaña en 1939 y en 1942.

Cuenta su hermano, el reconocido poeta Rodrigo Díaz-Pérez, que la mayoría de los escritos de Juan Silvano fueron requisados por la policía, pues sabemos que vivió persecuciones políticas y exilio. Sin embargo, dos de sus poemas, «Envío» y «Canto de proscripción», fechados en 1943, fueron incluidos en Índice de la Poesía Paraguaya, de Sinforiano Buzó Gómez. Es más que claro que el lazo entre los primos Herib y Juan Silvano en 1950 continuaba fuerte, pues cuenta Rodrigo Díaz-Pérez que Herib le pidió a Juan Silvano que escribiera el prólogo de su único libro publicado en vida, Ceniza redimida, que presentó en el exilio, en Buenos Aires. Y también cuenta que Juan Silvano ayudó a Julio Correa a ordenar sus poemas compilados en Cuerpo y alma. Tanto Herib Campos Cervera como Julio Correa son destacados exponentes de la poesía social de su generación, y grande fue mi sorpresa al descubrir lo importante que la colaboración del ajedrecista Juan Silvano Díaz-Pérez fue para ambos.

Los chicos de Crónica no llegaron a ser testigos de la presencia paraguaya a nivel internacional, pues para 1930 Capece Faraone, Acevedo y Centurión ya habían fallecido; de eso hablaremos en otro momento. Sin embargo, queda claro que en 1914 los integrantes de Crónica creían que el ajedrez era de suma importancia. El día que anunciaron la creación del Club Nacional de Ajedrez, Crónica prometía «los mejores problemas y los rounds célebres que hayan llamado la atención de los amateurs». Y, como para dar peso a la empresa, transcribían párrafos de un artículo de Rafael Barrett. Allí, el escritor español se preguntaba: «¿Cómo explicaríamos que España, estéril en matemática, haya producido a Ruy López, y que un cubano, Raúl Capablanca, acabe de vencer al famoso Marshall, campeón de Norte América?». El mismo Capablanca que sería vencido por el ruso Alekhine en Buenos Aires, la misma Buenos Aires donde años después el ajedrecista Díaz-Pérez presentaría el libro de su primo Herib y entregaría los poemas de Julio Correa para la impresión de Cuerpo y alma.

Esperemos que esta nota sea de interés para las personas que investigan sobre el ajedrez y la literatura. Quizá podamos encontrar más detalles sobre su relación en nuestro país, sobre don Arzamendia, presidente del Club Nacional de Ajedrez de 1914, o sobre los otros poemas de Juan Silvano Díaz-Pérez, además de los dos rescatados por Sinforiano Buzó Gómez.

Notas

(1) Díaz-Pérez, Juan Silvano (1996). Ensayos, poemas y ajedrez. Slusa.

Participantes paraguayos en el Torneo de Ajedrez de Buenos Aires de 1939: Ernesto Espínola, Luis Oscar Boettner, Juan Silvano Díaz Pérez, Luis Laterza y Augusto Aponte. Diario La Nación, 3 de septiembre de 1939.
Participantes paraguayos en el Torneo de Ajedrez de Buenos Aires de 1939: Ernesto Espínola, Luis Oscar Boettner, Juan Silvano Díaz Pérez, Luis Laterza y Augusto Aponte. Diario La Nación, 3 de septiembre de 1939.

En la sección de ajedrez de Crónica Nº 40, del 15 de noviembre de 1914, una nota explica los nombres de las piezas, su marcha y los términos del juego. Más de cien años después, llama nuestra atención:

CAMBIO: Dícese así cuando se gana una pieza al adversario por una inferior.

CUBRIR: Significa quitar la dirección de una pieza del adversario hacia el Rey, con otra pieza.

DEJAR PASAR: Es cuando un peón se halla en su primera casilla, y que dando solo un paso podrá ser tomada por otro del adversario llegado a la cuarta casilla de su enemigo, adelanta dos casillas, pudiendo el adversario a su arbitrio dejarle pasar o tomarle, para lo que colocará su peón en la casilla donde se hubiese adelantado con un paso.

DESEMBARAZAR: Quiere decir la maniobra por medio de la cual se facilita una dirección a una de las piezas.

EMPATE: Se dice cuándo puede el Rey moverse de la casilla donde está sin verse en jaque, y que no se tiene ninguna otra pieza ni peón que jugar. En esta posición se hace el juego tabla o nulo.

ENROCAR: Llámase así la maniobra pro la que se saca al Rey de dos casillas, bien sea del lado del mismo Rey o de la Reina, poniendo la torre en la casilla del alfil del Rey o en la casilla de la Reina por el lado de esta.

Carlos Bazzano (Foto: Mariluz Martín)
Carlos Bazzano (Foto: Mariluz Martín)

*Carlos Bazzano es poeta y narrador. Ha participado en proyectos contraculturales como la revista El Yakaré o el Centro Cultural Alternativo e Itinerante El Otro Espacio desde los 90. Es colaborador de El Suplemento Cultural desde hace diez años. Ganó el primer premio del concurso de cuentos de El Cabildo (2008), el primer premio del concurso de cuentos Jorge Ritter (2015) y el primer premio del concurso de cuentos del Banco Central del Paraguay (2022). El cortometraje El ropero (2012), de Emilio Sanabria, está basado en su cuento homónimo, incluido en la antología Anales urbanos (2007). Ha publicado, entre otros, los poemarios Q.E.B.D. (2015), Nocaut (2017) y Mainumby (2019). Su novela Librería San Macario (2025) ganó el Premio Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone.

carlosbazzano@gmail.com