Los Torogoces de Morazán, trovadores de la revolución

Los Torogoces de Morazán, músicos y guerrilleros (Foto: cortesía del poeta salvadoreño Carlos Ernesto García).
Los Torogoces de Morazán, músicos y guerrilleros (Foto: cortesía del poeta salvadoreño Carlos Ernesto García).

Combatieron contra una dictadura sangrienta con el fusil en una mano y la guitarra en la otra. Su música, surgida en las montañas del oriente de su país, dio voz a la revolución salvadoreña entre el ruido de la guerra y de las balas. Hoy recordamos esta historia de canciones y rebeldía cuyo aliento sigue vibrando en el corazón de Latinoamérica.

Entre los bosques, selvas y matorrales de Centroamérica, con su pico pequeño de color oscuro y un antifaz delianeado de turquesa, vuela el torogoz, un ave que no puede vivir en cautiverio y que al mismo tiempo es el ave nacional de El Salvador y Nicaragua. Se alimenta de insectos y de frutas. En Nicaragua es conocido con el nombre de guardabarranco, porque suele construir su casa en forma de túnel en paredones de tierra.

Su canto es un graznido nasal. En épocas de sometimiento y violencia, de guerras y genocidios, es necesario recordar aquellas figuras que entregaron su vida a la lucha por la reivindicación de sus derechos. Allá por la década de 1980, en El Salvador, hubo un grupo de personas que, con la guitarra y el fusil en las manos, decidieron tomar el camino de la lucha armada como método de liberación de su pueblo. Porque a veces, en contextos donde la vida de la gente de a pie no vale nada, donde la dictadura de un Estado acaba con la población civil, es necesario responder de la misma manera.

Este fue el pensamiento que cruzaba la mente de los integrantes de la insigne agrupación musical Los Torogoces de Morazán, quienes en su momento decidieron colocarse al lado correcto de la Historia y combatieron contra una dictadura sangrienta, recordando así que «el poder nace con la fuerza del fusil», pero también con el poder de la palabra y de la música.

Un llamado a todo el pueblo en especial

a fabricar el armamento popular,

las batallas decisivas se avecinan,

hay que integrarse a la milicia clandestina

Así cantaban Los Torogoces de Morazán. Otro de los grupos salvadoreños que apoyaban a las milicias guerrilleras fue Cutumay Camones, formado en 1982, cuyo cantante principal, Francisco Antonio Manzanares Monjarás, fue asesinado en octubre de 1996. Por su parte, Los Torogoces de Morazán nació en el noreste del país, la zona en la que se desplegaba con mayor intensidad la violencia militar.

Miembros de Los Torogoces de Morazán (Foto del archivo personal del poeta Carlos Ernesto García).
Miembros de Los Torogoces de Morazán (Foto del archivo personal del poeta Carlos Ernesto García).

Sin embargo, mucha sangre ha corrido bajo los puentes, y hoy tenemos que preguntarnos: ¿qué fue de nuestras revoluciones? ¿En qué quedaron? ¿Hubo relevo generacional, o quienes antes se decidieron a abrazar una causa revolucionaria terminaron adoptando una postura partidista y se convirtieron en aquello que decían combatir?

Ninguno de estos músicos tuvo formación profesional. Practicaban en sus ratos libres y escribían sus canciones en los descansos que podían tomar antes de marchar a enfrentarse al ejército. La rebelión está totalmente justificada cuando la represión aplasta a las poblaciones. La música de Los Torogoces de Morazán está influenciada por la trova latinoamericana, especialmente por Carlos Mejía Godoy, uno de los representantes de la canción testimonial, nacido en Nicaragua. Pero también aparecen entre sus acordes, por ejemplo, las rancheras. Son canciones que envían mensajes, que llevan palabras de aliento para seguir en combate. Así, en la canción Los Fusilitos se cantan las instrucciones para utilizar correctamente el armamento militar: «Es el G3 tres el llamado papagayo, / es oscurito de color verde marrón / con veinte tiros y un poco pesaditos, / a cuatro cuadras se puede apiar un avión. // Ese negrito es el M16, / ese jodido se maneja facilito / son treinta tiros que van en el magazine, / y su calibre es cinco cincuenta y seis». Y culmina con este coro: «Mira la guinda del enemigo, al escuchar su valiente chacharear / van avanzando y van gritando, / al corazón del opresor hay que apuntar».

Benito Chica Argueta, último hijo de catorce hermanos, que aprendió a tocar guitarra a los nueve años, uno de los integrantes de la agrupación, más conocido como Sebastián Torogoz, ha dicho: «A las transmisiones de Radio Venceremos hacía falta algo. Un compañero grabó una canción, yo grabé otra y la grabamos en la radio. De ahí surge la idea de formar un grupo musical. Es así que en junio de 1981 formamos Los Torogoces de Morazán».

Reconstrucción de Radio Venceremos, en el Museo de la Palabra y la Imagen (San Salvador)
Reconstrucción de Radio Venceremos, en el Museo de la Palabra y la Imagen (San Salvador)

Los Torogoces de Morazán eran músicos y combatientes al mismo tiempo. Cuando no había en puertas un operativo militar, aprovechaban para ensayar sus canciones, y sacaban sus guitarras y sus violines. Cuando había un enfrentamiento, guardaban los instrumentos y sacaban las armas.

Uno de los sucesos más significativos de aquellos años fue la ejecución del teniente coronel Domingo Monterrosa, líder del Batallón Atlácatl, la unidad de élite de la Fuerza Armada de El Salvador creada en 1981 con entrenamiento de Estados Unidos, que perpetró graves violaciones de los derechos humanos. Sus integrantes fueron los responsables directos de la Masacre de El Mozote, acaecida el 11 de diciembre de 1981, operativo en el que fueron exterminadas más de novecientas personas, civiles sin armas, de las cuales 553 eran menores de edad.

Esta masacre es considerada el mayor acto de violencia contra civiles durante el conflicto armado en El Salvador. Mucho tiempo después, ya bien entrado este siglo, una mañana de septiembre de 2020, un juez se presentó ante el Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada en San Salvador con una orden judicial para revisar los archivos militares de la Masacre de El Mozote. Un grupo de soldados obstruyó el ingreso del juez, desobedeciendo abiertamente la orden judicial. El juez intentó realizar la inspección en otros seis cuarteles militares durante las siguientes semanas, pero los soldados le negaron el acceso. Fue un durísimo revés para los salvadoreños que exigen justicia por uno de los episodios más brutales en doce años de guerra civil. Tres días después de que el juez intentara hacer cumplir la orden judicial, Bukele respaldó públicamente el desacato y afirmó que el presidente era la única autoridad facultada para desclasificar archivos militares.

Caserío El Mozote, Morazán, 1981 (Museo de la Palabra y la Imagen)
Caserío El Mozote, Morazán, 1981 (Museo de la Palabra y la Imagen)

En una entrevista, Sebastián Torogoz manifestó: «Monterrosa quería la Radio Venceremos, le dejamos el transmisor de Radio Venceremos, pero cargado de TNT, cargado de explosivos (…) En el transmisor iba la cazabobo que acabó con Monterrosa. Y como dijo Joaquín Villalobos: no nos alegramos por el muerto, sino que nos alegramos por todos los que van a vivir por la muerte de Monterrosa».

Los campamentos de la guerrilla se convirtieron en las casas de los militantes. Cada vez que se iba a planificar una estrategia militar, como, por ejemplo, la toma de una ciudad, la agrupación musical cerraba el acto y todo acababa en baile y festejo. Era una forma de desconectarse de la lógica de la guerra. Las canciones provenían de las experiencias personales y de los testimonios de aquellos combatientes que, cada vez que regresaban de un enfrentamiento, les contaban a los músicos cómo había terminado el combate, como se ve, por ejemplo, en Batalla de San Felipe.

Para 1992 se habían cumplido doce años de conflicto, con un resultado de 75.000 muertos, entre los cuales se encontraban cuatro integrantes de Los Torogoces de Morazán. Sin embargo, para Sebastián Torogoz, los Acuerdos de Paz de Chapultepec, por los cuales entregaron las armas, no se han cumplido del todo. Tras la firma de estos acuerdos, el jueves 16 de enero de 1992, entre el Gobierno de El Salvador y el FMLN, volvieron a su vida cotidiana, a vivir como vivía todo el resto de la población, y el grupo que quedaba terminó por desintegrarse, porque con la música no se ganaba lo suficiente para comer.

Combatientes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)
Combatientes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)

Las canciones de Los Torogoces de Morazán se cantaban y conocían de boca en boca. Fueron juglares contemporáneos, que hicieron música en medio de las balas y la guerra. Muchas de sus canciones fueron grabadas en el campamento insurgente de la clandestina Radio Venceremos, la que sería la voz oficial del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), es decir, desde las mismas entrañas del pueblo que luchaba por su liberación.

El movimiento tenía una fuerte vinculación con la Iglesia católica. Era un momento en el que ya se abría paso a la Teología de la Liberación. A pesar del negacionismo de Nayib Bukele, quien ha querido borrar la historia de su propio país sin consultar siquiera a las familias de las víctimas de la Masacre de El Mozote, las canciones de los torogoces siguen en la memoria de su pueblo. Sebastián Torogoz ha dicho: «A nosotros no nos gustaba la guerra, pero te la impusieron. Nos llevaron hacia eso. ¿Por qué la gente migra? Porque no tiene oportunidades». Han pasado poco más de cuarenta años desde que Los Torogoces de Morazán empezaron sus actividades de creación y de batalla, y la pregunta que ronda nuestro presente es: ¿qué cambios estructurales ha habido desde entonces? El poder cambió de rostro, pero los oprimidos siguen siendo los mismos. Grupos como Los Torogoces de Morazán nos demuestran lo lejos que se puede llegar en la lucha por la libertad, en la lucha por lograr que pervivan el canto y la poesía, en el afán de arriesgarlo todo por una idea, de apostarlo todo a una esperanza. Lamentablemente, la gente que luchó por esos ideales fue traicionada, y por eso es necesario repensarlo todo nuevamente, sobre todo en un contexto en el que se siguen abriendo cárceles para inmigrantes y en el que los gobiernos llegan a acuerdos para seguir despojándonos de nuestra dignidad. Ante estos acontecimientos, hoy es necesario invocar las canciones de Los Torogoces de Morazán, entonarlas, vivirlas, lanzarlas a los vientos para que, una vez más, nos animen a enfrentarnos al poder.

Foto inédita del grupo Cutumay Camones, en algún lugar de Morazán. Tomada durante los años 80 en la zona de combate. En primer plano, Teresita Guardado, escribiendo (Foto del archivo personal del poeta Carlos Ernesto García).
Foto inédita del grupo Cutumay Camones, en algún lugar de Morazán. Tomada durante los años 80 en la zona de combate. En primer plano, Teresita Guardado, escribiendo (Foto del archivo personal del poeta Carlos Ernesto García).

Nota

Gracias al poeta Carlos Ernesto García (El Salvador, 1960), a quien el autor del presente artículo conoció en Lima, por las fotos que ilustran estas páginas. Son parte de su archivo personal.

Bibliografía

Archivo Mesoamericano. (1 de enero de 1981). Archivo Mesoamericano. Obtenido de Archivo Mesoamericano: https://archivomesoamericano.org/media_objects/44558d32r

Canal Gentevé. (1 de abril de 2017). Torogoces de Morazán entre balas y música. El Salvador: https://www.youtube.com/watch?v=mV7azzI876o

Resonancia. (2 de junio de 2017). Historias de la Música Salvadoreña. Episodio 2: Los Torogoces de Morazán. El Salvador: https://www.youtube.com/watch?v=2FMlkRaHqAc

Torogoz, S. (22 de noviembre de 2022). Sebastián Torogoz: risa y canto frente al poder. (V. Laínez, entrevistador): https://www.alharaca.sv/soluciones-comunitarias/sebastian-torogoz-risa-y-canto-frente-al-poder/

*Gian Pierre Codarlupo Alvarado (Paita, 1997) es licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad Nacional de Piura, escritor, periodista, miembro del equipo editorial de la revista cultural chilena Mal de Ojo y de la Editorial Conunhueno, de Valparaíso, y corresponsal en el extranjero de El Suplemento Cultural. Ha publicado el poemario Caída de un pájaro en el mar (Universidad Nacional de Piura, 2018). Actualmente, vive en Madrid.

Gian P. Codarlupo
Gian P. Codarlupo