Ayer abrió sus puertas al público la sexagésimo primera edición de la Bienal de Venecia. Fue, en cierto sentido, una inauguración póstuma, ya que la curadora falleció inesperadamente y no pudo verla. Los miembros del jurado se propusieron llevar adelante su visión tal como ella, a su juicio, la había concebido, pero dimitieron en bloque. Para decirlo truculentamente, este año la bienal llega precedida y rodeada de protestas, escándalos y tragedias.
Tragedias
Trágica fue, por sorpresiva y prematura, la muerte de su comisaria, la suizo-camerunesa Koyo Kouoh, fallecida diez días antes de la conferencia en la que iba a presentar al mundo el leitmotiv de este año, bajo el lema In Minor Keys (En tonos menores). Entre el anuncio de su designación como curadora —la primera mujer africana en serlo— de la bienal veneciana, difundido por la prensa mundial el 3 de diciembre de 2024, y su inesperado deceso, ocurrido el 10 de mayo de 2025, a los 57 años de edad, apenas pasaron cinco meses.
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Koyo Kouoh no pudo, por lo tanto, ver su exposición, inaugurada póstumamente ayer, pero en el breve lapso de vida que aún le restaba entre su nombramiento y su dernier soupir tuvo tiempo de elegir a los cinco miembros del jurado internacional de la Bienal de Venecia de este año, que se propusieron llevar adelante su visión tal como ella, a su juicio, la había concebido.
Aunque no les dejaron hacerlo.
Escándalos
Este jurado internacional renunció en bloque hace una semana, el jueves 30 de abril. Es decir, nueve días antes de la apertura del festival. Repito: todos los miembros del jurado internacional de la exposición de arte más antigua y prestigiosa del mundo dimitieron, sin excepción, pocos días antes de su inauguración oficial. Así lo comunicó la propia Bienal en una breve nota. Es un hecho inédito en la historia de la institución.

¿Qué demonios ha ocurrido aquí? Solo esa dimisión unánime debería haber bastado para saturar algoritmos y llenar primeras planas en toda esta aldea global. Y, por supuesto, para merecer las iluminadoras reflexiones de nuestros principales críticos y teóricos del arte en cuantas páginas y suplementos culturales existen «aquí y en ebrigüer» (para decirlo al modo de Charly).
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Pero, por si esto fuera poco (que no lo es), ante tan desconcertante ausencia de jurado la Bienal ha apelado a una solución (llamémosla así) igualmente extraña, quizá (solo quizá) un milímetro menos dadaísta que el sorteo o la rifa: que sea el público el que, votación mediante, elija a los ganadores. Para quien diga que el dinero no puede comprarlo todo, he aquí una buena réplica: por el relativamente módico precio de una entrada, todo visitante de la Bienal de Venecia, en ausencia de jurado, tendrá derecho a votar. Sí, han leído bien. Lo que sea antes que renunciar a los premios. Porque, como sabe cualquier bípedo implume, el punto culminante de la Bienal de Venecia es la entrega de los premios.
Protestas
Después de una semana –toda la semana pasada, concluida ayer– de manifestaciones contra la presencia de Rusia y de Israel en el festival, la víspera de la apertura de sus puertas al público, anteayer, el viernes 8 de mayo, la Bienal de Venecia amaneció eficazmente boicoteada por una huelga de artistas que obligó a cerrar los pabellones, abiertos hasta entonces, como de costumbre, para las actividades previas a la inauguración.

La huelga, de 24 horas, fue convocada por sindicatos italianos e internacionales, grupos culturales y activistas en protesta contra la participación de Israel, y estuvo precedida por, entre otras acciones, una manifestación en solidaridad con Palestina frente al pabellón israelí organizada el miércoles por el grupo Art Not Genocide Alliance (Anga), con cientos de personas agitando pancartas con lemas como «No al pabellón del genocidio».
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Antes de esto, el 17 de marzo, Art Not Genocide Alliance había enviado una carta a la dirección de la Bienal pidiendo la exclusión del pabellón israelí. No hubo respuesta. Firmada por más de doscientos artistas y trabajadores, la carta dice: «Ningún artista ni trabajador de la cultura debería verse obligado a compartir una plataforma con este Estado genocida».
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Una semana antes de la dimisión, el jueves 23 de abril, el jurado internacional de la sexagésimo primera Bienal de Arte de Venecia anunció que había tomado la decisión de no considerar para los premios los pabellones de Israel y de Rusia, debido a que se trata de países cuyos gobiernos la Corte Penal Internacional ha imputado por crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza y por la invasión de Ucrania. La decisión fue sostenida por el jurado, según sus declaraciones, en defensa de los derechos humanos y en línea con la visión curatorial de Koyo Kouoh para In Minor Keys.
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La organización de la Bienal respondió inventándose una especie de jurado popular, los «Leones de los Visitantes», llamados así porque los visitantes de la muestra los otorgarán: uno al mejor artista de la exposición In Minor Keys, de la fallecida comisaria Koyo Kouoh (Camerún, 1967 - Basilea, 2025), y otro a la mejor participación nacional. Con esto, Rusia e Israel quedan de facto reintegrados al concurso. Desde ahora, todos los que compren entradas para la exposición de arte más antigua y prestigiosa del mundo serán registrados a través del sistema de ticketing y podrán votar por sus artistas favoritos. No deja de tener cierto encanto: es casi un reality show.

