Viaje nocturno

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Publicada originalmente en Nueva York en 1877 bajo el seudónimo de El Paraguayo J. C. Roenicunt y Zenitram (Juan Crisóstomo Centurión Martínez), la novela Viaje nocturno de Gualberto o Recuerdos y reflecciones de un ausente presenta un fabuloso viaje aéreo al Paraguay –cuando los aviones todavía no surcaban los cielos globales–. Ambientados en un período de posguerra (después de la Guerra contra la Triple Alianza, 1864-1870), los fantásticos acontecimientos narrados aparecen enmarcados en reflexiones sobre una guerra en particular –la que afectó emotivamente al protagonista, y, coincidentemente, al autor– y sobre la guerra en general, con un tono antibelicista que, en no pocos momentos, deriva hacia el nacionalismo. Y, sin embargo, a pesar de dicho nacionalismo, y más allá incluso del imaginario viaje aéreo, que no deja de tener encanto, hay en el libro un juego que lo recorre y sostiene por completo y al que este debe en buena cuenta su interés, un juego con distintos niveles de focalización que afectan a las funciones de autor y escritor, narrador y personaje.

El presente dossier aprovecha una reciente reedición de esta obra para reflexionar sobre tales funciones, sobre sus variaciones y diferimientos, sobre las distintas personas que intervienen en el acto narrativo, unas dentro de otras –a veces, indiferenciadas o indiscernibles; otras, proyectadas hacia una distancia que permite comprender la invención de una voz, la invención de un nombre, como actos creativos inseparables de la escritura de ficción– y sobre la historia y las relaciones editoriales que forman parte de la «cocina» de la circulación de textos.

En la portada de la edición original de esta novela, que es la primera publicada por un autor paraguayo, consta que el libro salió de la «Imprenta de E. Pérez, 40 y 42 Broadway». Pero ¿quién fue E. Pérez? ¿Qué relación tenía Juan Crisóstomo Centurión con él? En un fino trabajo de detective, la investigadora María Barrera-Agarwall nos guía a través de estas incógnitas históricas en su artículo Eusebio Pérez, editor del ‘Viaje nocturno’.

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¿Por qué filtros pasa la autorreferencialidad de Juan Crisóstomo Centurión para manifestarse en esta novela organizada en distintos planos y perspectivas? ¿Cuáles son las operaciones a las que recurre el escritor para ceder una voz y postergar una identidad? De estas oscilaciones nos habla el escritor Damián Cabrera en su artículo Nombre de ascensión.

Las ilustraciones del presente dossier que no proceden de archivos históricos pertenecen a la serie Reflexiones nocturnas, fotografías de Alfredo Quiroz galardonadas con el Primer Premio Hippolyte Bayard 2018, en las que el autor trabaja a partir de cartas de visita de Juan Crisóstomo Centurión –y de otras personalidades y personajes anónimos del pasado y del presente, reflejados todos en un espejo– y de fragmentos de la novela Viaje nocturno de Gualberto.

El dossier se completa con un desagravio de Julián Sorel, quien en su artículo La invención del autor contesta los impertinentes denuestos de quienes lo confunden, ya con el ilustrador pequinés Mon Tzé, ya con la escritora Montserrat Álvarez, quienes, afirma, no tienen con él parentesco de oficio ni de estilo.

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Juan Crisóstomo Centurión 

Juan Crisóstomo Centurión nació en 1840 en Itauguá, a unos treinta kilómetros de Asunción. Alumno del presidente Carlos Antonio López, que daba clases de filosofía, en 1858 fue enviado a Londres, con otros doce becarios del gobierno, para estudiar Literatura francesa, inglesa y alemana y Derecho Internacional Público y Privado. Poco antes del comienzo de la Guerra contra la Triple Alianza, fue llamado por Francisco Solano López para regresar a Paraguay. Aquí trabajó como traductor y secretario de Relaciones Exteriores, fundó una escuela y, durante la guerra, fue redactor y director del periódico Cabichu’i. Sometido a Consejo de Guerra, estuvo a punto de morir fusilado, pero su defensa logró convencer a López de su lealtad. El 1 de marzo de 1870, día de la derrota definitiva y de la muerte de Francisco Solano López, era también el día fijado para la boda de Juan Crisóstomo con una de las hijas no reconocidas de este, Rosita Carreras. Ese día, Juan Crisóstomo recibió un tiro en la cara. Enviado a Río de Janeiro como prisionero de guerra, consiguió después de algún tiempo permiso para viajar a París. Conoció en esa ciudad a la pianista cubana Concepción de Zayas y Echevarría, con quien se casó. Pasó unos años de exilio en Estados Unidos –en cuya capital, durante esos años de exilio, publicó esta novela recientemente reeditada–, Cuba y Jamaica antes de regresar a Paraguay.

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