Analizando los datos presentados hace poco tiempo por el ministro del Interior, Federico González, se observa que el 85% de la delincuencia urbana en Asunción y Central es perpetrado por adolescentes y jóvenes de entre 14 y 25 años. A su vez, el 82% de los mismos consume drogas y el 80% es reincidente, es decir, ya cuenta con antecedentes por otros delitos.
En el ámbito laboral el panorama no es muy distinto, de acuerdo al Observatorio Laboral del Ministerio del Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS), el total de la población joven de 15 a 29 años de edad en el país es de 1.948.731, de los cuales se encuentran ocupados 1.090.195, aunque de este total el 5% de la fuerza de trabajo se encuentra subocupada y el 71% se desempeña de manera informal.
Estos datos no hacen más que promover la idea lógica de que, ante la escasa política de formalización de empleos para los jóvenes, estos deben optar entre mantenerse en labores informales, sin siquiera alcanzar el salario mínimo, sin cobertura de salud y “dedicarse” a delinquir, haciendo expresa advertencia de que absolutamente nada justifica un acto ilícito. A su vez, quienes forman parte de estos números son los más propensos a inclinarse por el consumo de drogas. Incluso, podemos invertir la escalera y señalar que desde el consumo de drogas, se “promueve” la comisión de actos ilícitos y a su vez quienes están dentro de este grupo son más proclives a dedicarse a labores informales.
Actualmente, los jóvenes se encuentran inmersos en numerosas situaciones que cada vez más los aleja de poder llevar una mejor condición de vida que la de sus padres y familiares, la falta de empleo formal (primer empleo), de una educación de calidad, la exposición a las drogas y otros vicios, así como el fomento de una vida sin esfuerzo trasmitida incluso a nivel regional y mundial, son solo algunos de los grandes obstáculos con los cuales deben lidiar a diario. En contraste debe destacarse que siempre los jóvenes han sobresalido mayormente por su propios medios; quienes hoy son referentes en sus principales áreas, alguna vez se iniciaron desde lo más básico y elemental, por su propia cuenta, sin el mayor apoyo que el de su familia, lo cual nos da la pauta y certeza de que aquí en nuestro país sigue existiendo una deuda con los jóvenes.
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El Estado debe ser consciente de las utilidades que pueden resultar a través de una inversión efectiva a los jóvenes, quienes a su vez podrán pasar la posta a una nueva generación en un ciclo de apoyo constante. Se trata simplemente de crear una rueda que sea constante para un futuro con proyecciones muy favorables para nuestro país y alcanzar los mismos niveles de calidad que se observan en la región y a nivel mundial con respecto a la inversión en la población juvenil. Ante esto es más que urgente dar continuidad a las políticas de promoción a los jóvenes del país, en todas las áreas de su desarrollo humano, reforzando o modificando las que sean necesarias, así como aquellas que no están dando ningún beneficio actualmente.
Necesitamos que las estadísticas reflejen datos positivos de nuestros jóvenes, por su capacidad en el ámbito educativo, laboral, deportivo, artístico, etc., promocionando las políticas que se precisen y así pasar la posta a una generación que pueda hacer más de lo que ya se ha hecho por este país, sobre las bases de políticas efectivas que propicien un cambio cultural promovido desde el Gobierno. Nuestros jóvenes tienen la fuerza, pero necesitan de un buen camino para empezar a correr hacia un mejor país.
85%
85% de la delincuencia urbana en Asunción y Central es perpetrado por adolescentes y jóvenes de entre 14 y 25 años. El 82% de ellos consume droga.
Positivo
Necesitamos que las estadísticas reflejen datos positivos de nuestros jóvenes, por su capacidad en el ámbito educativo, laboral, deportivo, artístico, etc.
(*) Abogada laboralista.
