Elegimos un libro de cuentos en el que los personajes cuentan qué les gusta comer.
Me gusta y no me gusta
Mientras la maestra lee, los chicos miramos las imágenes y decimos:
—«¡A mí también me gusta eso!».
—«A mí no me gusta».
Así, la lectura se vuelve una puerta para hablar de uno mismo.
Después del cuento, llega el turno de observar imágenes de comidas. En ellas aparecen frutas, fideos, sopas, panes, leches.
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La maestra pregunta: «¿Qué les gusta comer?». Los chicos respondemos con frases cortas como:
—«Me gusta la manzana roja».
—«No me gusta la sopa».
—«Me gusta la pizza».
Así nombramos los sabores, los colores y los momentos: el desayuno, la merienda, la comida del domingo.
Juguetes que cuentan historias

Luego, cada niño trae o elige un juguete: algunos son muñecos, otros son autos, pelotas o peluches. Los presentamos:
—«Se llama Lolo».
—«Duermo con él».
—«Juego con mi hermana».
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El juguete se vuelve un personaje y nos ayuda a contar pequeñas historias. Me gusta, no me gusta: decirlo con palabras. Para cerrar, la maestra nos propone frases muy simples:
—«Me gusta…»
—«No me gusta…»
Los chicos las completamos con comidas, juguetes y juegos. También escuchamos lo que dicen los demás. Así trabajamos una idea importante: cada uno puede elegir cosas distintas.
La maestra lo recuerda en voz alta:
«Lo que te gusta está bien».
«Lo que le gusta a tu amigo, también está bien».
