El viernes 8 de mayo a las 19:30 se llevará a cabo la muestra colectiva “siembra y cosecha, nde pukavy” en el Ateneo Paraguayo, ubicado en la calle Nuestra Señora de la Asunción, número 820, Asunción.
La misma es un homenaje a la Diosa Madre, que con su sonrisa dulce, dadora de vida, es símbolo de fertilidad, siembra y cosecha.
Agregan que la muestra es un espacio de empoderamiento para las mujeres de nuestra tierra y de celebración de la alegría de recolectar los frutos que nutren a nuestras familias y comunidad.
La misma es organizada por la artista visual y gestora cultural Mariela Mendoza, mientras el relato curatorial profundo sobre el destino, la justicia poética y el simbolismo del “pukavy” como triunfo de la luz estará a cargo de Alejandra Garay.
La misma contará con obras de artistas plásticas, esculturas, fotografas, artistas de grabado y de técnicas mixtas.
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Muestra colectiva “siembre y cosecha, nde pykavy”
Explican que el concepto de la tierra como memoria se forma a partir de la idea de que es la guardiana milenaria de secretos antiguos, dueña de memoria absoluta, ya que es registro silente de cada gesto, receptáculo de la palabra torcida y mapa donde decanta cada afecto dado a medias.
“La tierra no olvida el silencio sostenido allí donde la verdad debía erigirse. Guarda, procesa y, bajo el rigor de sus propios tiempos, revela. Porque la tierra tiene su propio pulso, su movimiento primigenio de expansión y memoria antigua que excede la voluntad caprichosa del ser humano”, relatan.
Además, consideran que es el tiempo de Tauro, el signo fijo que transforma la idea en cuerpo y el deseo en materia. Es el estadio donde lo sagrado no es una abstracción, sino algo que se puede tocar, oler y habitar”, expresan desde la organización.
Respecto al concepto de Venus y el deseo como anclaje femenino, indican que la deidad no se manifiesta como belleza ornamental de museo, sino como una inteligencia sensorial y visceral, la capacidad de reconocer en la piel y en la vibración íntima aquello que es verdadero, es recordatorio de que el cuerpo es campo político y espiritual.
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Pos su parte, indican que el placer no es una distracción sino brújula, un sistema de orientación para dar entidad a lo que no puede pronunciarse en el camino de la iniciación, en la búsqueda del tesoro y de la luz, que es a su vez, símbolo de encuentro, reencuentro y libertad.
“Nde pukavy” como símbolo del triunfo de la luz
Las organizadoras explican que en el corazón de este recorrido habita la Madre presentada como matriz viva, La Virgen emerge desde una cavidad simbólica que es, simultáneamente, origen y herida.
“Ella es quien enseña el límite, quien actúa como intercesora entre nuestra limitada percepción humana y la inmensidad de lo divino”, describen.
Consideran que el corazón encendido no ofrece consuelo ingenuo ni paz barata, sino que arde en el fuego de la verdad revelada y señala lo sostenido en la ambigüedad, ya que ante su mirada, lo oculto se desvanece, no hay juicio, pero sí una claridad absoluta que conduce.
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“Estas palabras se inscriben en esa energía femenina que, además de gestar, porta la fuerza para cortar aquello que ya no tiene vida o dejó de resonar en el interior; una fuerza capaz de transformar el dolor en aprendizaje y convertir la pérdida (el dolo) en evolución”. señalan.
Cuando el ciclo se completa y la tierra ha entregado sus secretos, se llega al umbral del pukavy, sonrisa que ya no es gesto ingenuo de quien ignora, sino conquista de quien lo ha visto todo, por lo que constituye un acto de soberanía y empoderamiento intransferible en el campo de territorio femenino, según afirman.
“Al final del ciclo, no nos define lo que acumulamos sino la sonrisa o pukavy que logramos rescatar en el proceso. Es la vida misma insistiendo. Es la luz que, tras haber sido fragmentada, vuelve a fluir en el Árbol de la Vida, transformando el dolor en conciencia y el destino en obra auténtica”, concluyen.
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