Una mala noche le pasa a cualquiera. Se habla de insomnio cuando cuesta conciliar o mantener el sueño al menos 3 noches por semana durante 3 meses y eso afecta el día con cansancio, irritabilidad o niebla mental.

La diferencia entre ambos casos importa porque cambia la estrategia.
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Si pasaron 20 minutos y seguís despierto, hacé esto
La recomendación más repetida en clínicas de sueño (y parte de la terapia cognitivo-conductual para insomnio, TCC‑I) es simple: salí de la cama.
Quedarte “intentando dormir” entrena al cerebro a asociar la cama con estar alerta. En cambio, es mejor que te levantes y vayas a un lugar con luz tenue, hagas algo “aburrido” y tranquilo (leer en papel, ordenar un cajón, tejer, escuchar algo suave), y luego volvé a la cama cuando te dé sueño.
Evitá mirar el reloj, ya que eso es como gasolina para la ansiedad.
Calmar la mente sin pelearte con ella
Cuando el insomnio viene con una lista de pendientes y una escena de vergüenza de años atrás, funciona especialmente el llamado “volcado mental”, que consiste en anotar en 3 minutos todo lo que te da vueltas.

Si hay tareas, cerralo con una mini lista “mañana a las 10: llamo / pago / envío”.
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Otra herramienta usada por psicólogos del sueño es programar un “tiempo de preocupación” temprano (10–15 minutos por la tarde). Suena raro, pero reduce la probabilidad de que el cerebro elija las 3 a. m. para procesar la vida entera y sus problemas.
Microhábitos que esa misma noche ayudan
Las pantallas no son “el demonio”, pero si estás desvelado, bajá la apuesta con brillo bajo, sin noticias ni redes.
Por otro lado, el alcohol puede dar sueño al principio, pero fragmenta el descanso. Y si dormiste una siesta larga, tu cuerpo quizá ya cobró parte de la deuda.
Probá también respiración lenta (por ejemplo, inhalar 4 segundos, exhalar 6) durante unos minutos. Esto suele bajar la activación.
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Cuándo conviene consultar
Pedí ayuda profesional si el problema dura semanas, si roncás fuerte con pausas de respiración, te dormís manejando, o si hay ansiedad o ánimo bajo.
Un médico puede descartar causas como apnea, dolor, medicación, etcétera, y orientar a terapias como TCC‑I (terapia cognitivo conductual para el insomnio), el tratamiento de primera línea para el insomnio crónico.
