Por qué cada vez más personas sienten que nunca terminan su jornada laboral

Mujer cansada.
Mujer cansada.Shutterstock

A medida que las fronteras entre trabajo y vida personal se desdibujan, la presión por responder a mensajes se convierte en un coste psicológico que afecta el descanso.

A las 19:03 apagás la notebook. A las 19:07 llega un mensaje de “es un segundo”. A las 22:14, un mail con asunto “urgente”. Te vas a dormir con la cabeza repasando pendientes: la jornada terminó en el reloj, pero no en el cuerpo. Y la sensación de jornada laboral interminable no se explica solo por “más horas”.

Mujer cansada.
Mujer cansada.

En muchos casos, el cambio es cualitativo: el trabajo se volvió intermitente y se metió en los huecos del día.

El teletrabajo y la mensajería instantánea borraron señales claras de cierre (salir de la oficina, el viaje de vuelta), y con eso se debilitó un límite psicológico clave: saber cuándo “ya está”.

El trabajo “sin fronteras”

Desde la psicología del trabajo se habla de boundaryless work (trabajo sin fronteras): no es que todo el mundo trabaje más, sino que la disponibilidad se vuelve una expectativa tácita.

Mujer cansada.
Mujer cansada.

En entornos competitivos o con equipos distribuidos, responder rápido funciona como prueba de compromiso. Esa presión rara vez se enuncia, pero se siente.

Hombre cansado.
Hombre cansado.

En términos de neurociencia, las interrupciones tienen un efecto concreto. Cada notificación activa un circuito de recompensa: la promesa de resolver algo “ya” da una descarga breve de alivio.

El problema es el costo del regreso. Estudios sobre el cambio de tarea y la “resaca atencional” describen que el cerebro no vuelve instantáneamente a su estado anterior: queda una parte de la mente pegada al asunto abierto. Por eso, aunque sean “dos minutos”, el día se vive como una secuencia de reinicios.

Qué es el efecto Zeigarnik

En todo esto también juega el llamado efecto Zeigarnik: las tareas incompletas se recuerdan más y generan rumiación.

Cuando el trabajo entra por WhatsApp a cualquier hora, aumenta la probabilidad de acostarse con “cabos sueltos” mentales, lo que erosiona el descanso incluso sin estar produciendo.

Muchas personas no están trabajando todo el tiempo, pero sí están en guardia todo el tiempo: un estado de alerta leve y constante que se parece más al estrés que a la productividad.