¿Qué es exactamente una dirty soda?
La base es siempre una gaseosa —a menudo de lima-limón o cola— a la que se añade algún tipo de lácteo (crema, leche, incluso leche condensada) y saborizantes: siropes de vainilla, coco o caramelo, purés de fruta, zumos, trozos de fruta fresca e incluso hielo picado con sabor.

El resultado se sirve en vasos transparentes, rebosantes de hielo y capas, pensados para ser fotografiados.
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Aunque ahora parezca una invención de las redes, la dirty soda tiene su origen en el oeste de Estados Unidos, especialmente en Utah, donde desde hace años cadenas locales ofrecen “soda shops” con menús extensos de refrescos personalizados.

La bebida saltó a la cultura pop cuando celebridades y influencers empezaron a mostrar sus combinaciones favoritas y el algoritmo hizo el resto.
El encanto de mezclarlo todo
Parte del éxito está en el componente lúdico: cada persona puede crear su propia fórmula. Una cola con crema y cereza, una gaseosa de lima con coco y nata, o una versión “tropical” con mango y mburucuyá.

Los vídeos suelen mostrar el proceso completo: hielo hasta el borde, chorros de sirope o almíbar, la gaseosa burbujeando y, por último, la crema deslizándose como una nube.

Para muchos jóvenes, la dirty soda se presenta como alternativa “festiva” a los cócteles con alcohol o a los cafés caros de cadena. Es barata de reproducir en casa, requiere pocos ingredientes y encaja con la estética colorida y exagerada que domina las plataformas de vídeo corto.
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¿Una bomba de azúcar?
Detrás del fenómeno, surgen dudas. Nutricionistas recuerdan que estas mezclas pueden concentrar grandes cantidades de azúcar y calorías: gaseosa azucarada, siropes, lácteos enteros y toppings dulces en un solo vaso.

No hay evidencia de que mezclar gaseosa y lácteos sea peligroso por sí mismo, pero sí puede resultar pesado para la digestión de personas sensibles.
Por ello, recomiendan reservar la dirty soda para ocasiones puntuales y apostar, si se quiere probar, por versiones con gaseosas sin azúcar, lácteos bajos en grasa o bebidas vegetales, y limitar la cantidad de almíbar.
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De Estados Unidos al mundo hispano
La tendencia empieza a asomarse a cafeterías y heladerías en ciudades de América Latina y España, donde ya se ofrecen “sodas cremosas” inspiradas en el fenómeno viral.

En paralelo, creadores de contenido adaptan la receta con ingredientes locales: mburucuyá, guayaba, dulce de leche o leche evaporada.
Como tantas modas de bebida, la dirty soda condensa el espíritu de la era TikTok: visual, personalizable, fácil de replicar y pensada para durar, quizás, solo unos cuantos millones de reproducciones. Entretanto, todos parecen querer darle —al menos— un trago.
